17 de junio de 2019
17.06.2019
La Opinión de Murcia
Segunda División B

El plan seduce pero no culmina

Por tercera temporada consecutiva, la directiva del Cartagena conforma una plantilla de altísimo nivel que ilusiona durante la temporada pero que llega en mal momento al play off y echa por tierra el sueño de ascender en los momentos decisivos

16.06.2019 | 19:40
El albinegro Moisés se tapa el rostro tras ser expulsado en El Toralín.

La fórmula para dejar atrás una categoría tan complicada como la Segunda División B se le atraganta al FC Cartagena. Tras tres temporadas de enormes ilusiones, el proyecto de Paco Belmonte y Manuel Sánchez Breis al frente del conjunto albinegro no termina de cumplir el objetivo que se marca verano tras verano. Con la entidad saneada, con una plantilla cada año mejor que el anterior y con un fútbol bastante vistoso para lo habitual en el grupo IV, ni Alberto Monteagudo, en dos tentativas, ni Gustavo Munúa, han sido capaz de alzar al club hacia la Segunda División.

Decía Manuel Sánchez Breis a la conclusión del partido que tanto Paco Belmonte como él duermen con la conciencia muy traquila porque han hecho todo lo posible para llevar al equipo al ascenso, y que no saben qué más hay que hacer para superar el play off y pisar la división de plata. La temporada siguiente lo volverán a intentar, pero las esperanzas se van diluyendo a medida que el club, frecuentemente imperial durante gran parte de las campañas, siempre ve como el pase se le escurre entre los dedos cuando llegan los meses de mayo y junio.

Dejando a un lado la primera intentona de la mano de Víctor Fernández, una prueba que resultó fallida por la inexperiencia tanto de los dirigentes como del entrenador, la actual directiva ha protagonizado una era de extraña regularidad en la historia de la entidad. Nunca antes se había alcanzado durante tres temporadas seguidas la fase de ascenso a Segunda (quedando 4º, 1º y 2º), nunca antes se había peleado con tal asiduidad por el primer puesto, y nunca antes se había tropezado tantas veces en el mismo escollo.

El primer año de Monteagudo fue una auténtica montaña rusa. De equipo a imitar durante la primera vuelta se pasó a una imagen de conjunto vulnerable, carente de alternativas en ataque. La plantilla era buena, pero las costuras saltaron a la vista en el tramo final de la temporada.

Breis y Belmonte redoblaron la apuesta con el técnico manchego de la mano, y conformando una plantilla difícilmente mejorable: Chavero, Cordero, Josua Mejías, Pau Torres, Hugo, Rubén Cruz, Aketxe... Y ni por esas. El fracaso se atribuyó entonces al azar, a un infortunio que se cebó con un proyecto sin fisuras que arrastrará durante toda su vida aquel gol del minuto 97.

Era difícil reenganchar a un afición que, cierto es, durante las últimas tres campañas ha confiado a ciegas en el equipo, y ha batido los récords de fidelidad con el club en Segunda B.

Pero con Munúa y con caras nuevas como Julio Gracia, Moyita, Fito Miranda, y sobre todo Elady Zorrilla, el Cartagena volvió a ser el favorito número uno al ascenso. Se hablaba de que el cuadro albinegro disponía de una plantilla de Segunda División, con más alternativas que nunca en su pasado reciente. Hasta que se volvieron a caer. En las últimas tres temporadas siempre hubo un denominador común: el equipo alcanzó su cénit de rendimiento demasiado pronto.

Hay argumentos de todos los colores para explicar el continuo fracaso del Cartagena en play-off: veteranía de algunos jugadores, falta de competitividad en momentos cruciales, mala gestión de las eliminatorias, planteamientos erróneos... Pero lo cierto es que, de nuevo a finales de junio, el club abre un período de reflexión para ver cómo seducen a una afición a la que ya solo le vale el ascenso de categoría y cómo aciertan con la clave del éxito que se les escapa una y otra vez.

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