09 de junio de 2019
09.06.2019
Fútbol sala
Barça Lassa72ElPozo Murcia

ElPozo no encuentra piedad

El Barcelona destroza al equipo murciano en el primer partido con un contundente 7-2 que deja muy tocados a los de Diego Giustozzi

08.06.2019 | 21:58
ElPozo no encuentra piedad

Se dice que el que golpea primero, golpea dos veces. Si esto es cierto, ElPozo Murcia va a tener muy complicado levantarse tras la paliza recibida en el primer partido del final de liga. Y es que el Barça destrozó al cuadro murciano en un duelo que finalizó con un marcador de 7-2 en lo que supone la mayor goleada encajada esta temporada por los de la capital del Segura que, nuevamente, cuenta otro partido sin ganar ante los de Andreu Plaza. Dos empates en liga, uno en la Copa del Rey que acabó en derrota tras la tanda de penaltis, y perder en la final de la Copa de España ante la escuadra blaugrana es la estadística de ElPozo en este curso frente al Barça, su nueva bestia negra. El próximo duelo, que será el martes, se antoja un evento a vida o muerte para la entidad de Tomás Fuertes, la cual deberá recuperar su identidad, cobrarse su venganza y limpiar su imagen tras un primer partido que ha hecho mucho daño. De no hacerlo, se quedará sin red de seguridad.

5-1 fue el resultado al finalizar el primer tiempo. El golpe recibido en Barcelona fue de tal calibre que hasta en Murcia retumbaron las ventanas. Se había roto, y a lo grande, la barrea del sonido.

Y eso que ElPozo comenzó bien. Muy bien. Saltó a la pista del Palau mostrándose como un equipo muy ordenado, sabedor de que aquel que estaba enfrente se volcaría sobre él para hacerle el máximo daño en los primeros instantes y logró contenerlo a pesar de que el conjunto catalán tuvo tres ocasiones en el primer minuto. Es más, como si lo esperase, no respondió de forma arrebatada, sino que fue posicionándose sobre la pista sin hacer demasiado ruido para atacar la debilidad del contrario una vez la localizó: tan encima de ellos estaban que dejaban mucho espacio a sus espaldas. Con tanto aire en el campo rival, el conjunto murciano movió el esférico con rapidez y de forma vertical para plantarse en superioridad frente a Dídac -el ciezano Juanjo quedó en el banquillo- y asediarlo. Fue un tiempo maravilloso, que parece un sueño habida cuenta del resultado final, donde los de Giustozzi disfrutaron de cuatro clarísimas ocasiones que, en condiciones normales, lo hubieran puesto en clara ventaja. Estamos hablando de haber conseguido, mínimo, tres o cuatro goles. Tal fue la embestida que Andreu Plaza tuvo que pedir tiempo muerto a los cuatro minutos de haberse iniciado el choque.

A pesar de tener que luchar contra su ausencia de efectividad y cargarse con tres faltas rápidamente, aspecto claramente a mejorar en el futuro, se respiraba cierta calma. Parecía seguro que ElPozo, siguiendo ese sendero, encontraría el premio del gol al final del camino. Craso error.

No hubo epifanía o revelación alguna que avisase de lo que iba a suceder. Primero llegaron dos goles en 28 segundos, obra de Ferrao y Leo Santana. Luego, otros dos goles casi consecutivos por medio de Adolfo y Sergio Lozano. 4-0 en tres minutos y el partido finiquitado en el minuto 13. Así, sin más.

Estaba siendo un día de playa soleado cuando, de repente, se les hizo de noche. Nadie lo vio venir. Los dos primeros tantos habían dejado noqueado a un conjunto que, hasta entonces, mantenía la compostura y ganaba el combate. Giustozzi pidió tiempo muerto para tratar de recuperar a un equipo desubicado pero no hubo efecto en sus palabras para unos jugadores que formaron parte de una desconexión general y que no se había visto hasta la fecha. El Barça supo leer a la perfección la situación y volver a dar otros dos zarpazos que dejaron a ElPozo en el suelo mientras sonaba la campana que anunciaba el final. El segundo partido sería mejor, parecía pensar todo aquel que trataba de digerir lo que había sucedido.

Los cuatro goles dejaron a la escuadra murciana en estado de muerte cerebral. El cuerpo estaba sano, pero la cabeza ya se había marchado. Aun así, los jugadores tiraron de estómago y, desde las entrañas, sacaron fuerzas para anotar un gol. Parecía haber esperanza y Álex saltó al campo de portero jugador para buscar otro tanto estando en superioridad pero, para su contrariedad, ElPozo se vio con otro gol encajado, obra del portero, que puso un 5-1 en el luminoso de un partido que se marchó al descanso con todo más que decidido.

En el segundo acto de una obra que comenzó siendo un historia de héroes para convertirse en una terror en un giro de guión inesperado, ElPozo saltó a la pista con la idea de ir poco a poco adelantando su posición, probarse hasta volver a encontrar la comodidad, y no hacer otra cosa que buscar el objetivo de la remontada sin levantar la vista. No era para menos, alzarla suponía encontrarse el marcador y volver a ser consciente de una realidad fría y dura.

Nadar para morir en la orilla

El cuadro murciano volvió al juego, a sentir el tacto de un esférico que primero había sido amigo para luego traicionarle y se reconcilió nuevamente con él hasta lograr depositarlo en la meta contraria. Pito hizo magia y se deshizo de dos jugadores para ceder a un Fernando muy atento que empujó a la red dando aire a un equipo que estaba ahogándose. Restaban catorce minutos para el final y se encontraban a tres goles del empate. Cosas mucho más raras se han visto en este deporte.

Con el optimismo por bandera -no quedaba otra-, ElPozo trato de acelerar el tempo del duelo. El Barça, sabiéndose en clara ventaja, intentó frenarlo. Esta batalla la volvió a ganar el conjunto catalán, que ralentizó el ritmo vertiginoso que se estaba imponiendo hasta pausarlo a uno que le convenía. Así, pasaron los minutos y, con ellos, fue esfumándose la sensación de que todavía podía haber lugar para la heroicidad.

En la recta final, y casi sin quererlo, el conjunto de Andreu Plaza hizo más sangre. Esquerdinha, ex de ElPozo y que hasta entonces no había estado demasiado participativo, hizo un gol que dejó todo finiquitado y posteriormente otro que no fue más que dar una puñalada a un cuerpo ya inerte. Porque ElPozo ya no estaba allí, se encontraba en el hotel estudiando la forma de recomponerse para afrontar el partido del próximo martes. Había quedado patente cuando Giustozzi comenzó a dar descanso a sus pupilos para otorgar minutos a aquellos que menos habían participado: es una guerra larga y habían perdido la primera batalla. El pitido final, que pudo haberse producido pasado el ecuador del primer tiempo, fue una bendición general para ambas escuadras. Para el Barça por haber dado un golpe sobre la mesa con tal fuerza que había temblado hasta los cimientos de la fábrica de Alhama, para ElPozo porque por fin había acabado la pesadilla. Habrá que esperar al segundo capítulo para saber si estamos hablando de una historia de superación estilo Disney o de una novela de H. P. Lovecraft.

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