01 de abril de 2019
01.04.2019
La Opinión de Murcia
La crónica
Real Murcia01Don Benito

No saben nada

El Real Murcia no es capaz de confirmar la recuperación prometida tras la victoria en Granada y cae ante el Don Benito en otro desastroso partido en Nueva Condomina

31.03.2019 | 22:14

La falta de efectivos en la plantilla sigue siendo una losa imposible de superar.

Nos dijeron que era cosa de una victoria, y nos mintieron. Nos aseguraron que Julio Algar tenía la receta mágica, y nos mintieron. Nos comentaron que los problemas eran más psicológicos que deportivos, y nos mintieron. Nos persuadieron de que un coach era más necesario que cualquier entrenador o refuerzo, y nos mintieron. Nos vendieron que la desbandada del mercado invernal no iba a afectar a la trayectoria liguera, y nos mintieron. Nos detallaron que la polivalencia de algunos jugadores supliría todas las carencias, y nos mintieron. Nos prometieron que llegarían fichajes del paro, y nos mintieron. Nos convencieron de que tras la victoria en Granada todo sería distinto, y nos mintieron. Y mientras nos mienten, nos mienten y nos mienten, el Don Benito -sí, señores, el Don Benito- llega a Nueva Condomina y sin necesidad de sacar los tambores, las flechas y las pinturas de guerra se lleva tres puntos que no veía juntos desde el 17 de febrero.

Porque el Don Benito -sí, señores, el Don Benito- ha sido el último en 'mancillar' Nueva Condomina, el último en sumarse a una larga lista de equipos que, da igual su presupuesto o su historial en la categoría, da igual que jueguen andando, da igual que no ganen ni en los amistosos, vapulean a un equipo murcianista que deportivamente vive uno de los momentos más tristes de su historia, un equipo que siempre ha sido cabeza de ratón en Segunda B, y que este año anda rezando para que pierdan equipos como el Almería B, hundido en la tabla; el Malagueño, con un pie y medio en Tercera; el CD El Ejido, el Villanovense, el Sanluqueño, o el Don Benito -sí, señores, el Don Benito-.

A nadie sorprendió ayer cuando Abraham Pozo ponía por delante a los visitantes en el minuto 17. A nadie impresionó que cuando el colegiado señaló el final del partido, el marcador siguiese reflejando un triste 0-1. Nadie se echó las manos a la cabeza con la imagen de unas gradas vacías. La lluvia, dirán. Allá ustedes si creen ya en algo. Y es que lo único claro es que el Real Murcia de ayer, es el Real Murcia real, es el Real Murcia que nos ha regalado un equipo de gobierno que cogió el capote y se lanzó a la plaza a torear, olvidando esa frase que nos dice algo así como 'ay, Manolete, si no sabes torear pa' qué te metes'. Pues se metieron, vaya si se metieron, y de aquellas nefastas decisiones, estos lodos. Porque, quitando la victoria por casualidad ante el Granada B, lo que hay, es lo que ven. No hay más. Da igual que venga un entrenador cada semana, da igual que se utilice un sistema u otro, da igual que se dé minutos a unos o a otros; da igual que se mire al banquillo en un minuto o en otro; da igual lo que nos cuenten los amigos de los que mandan, da igual todo, porque de donde no hay no se puede sacar.

Ni un loco, salvo que te llames KBussines y no hayas visto un balón en tu vida, apostaría por una plantilla con dos centrales; ni un loco, salvo que sepas más de capital que de planificación deportiva, se desharía de casi todos los extremos de tu equipo; ni un loco, salvo que pienses más en salvarte tú que al equipo, permitiría despedir a nueve jugadores y fichar solo a tres. Y, aunque me lluevan las críticas y me insistan en que soy demasiado repetitiva, ese es el único problema del Real Murcia actual, ese es el único problema de un Real Murcia en el que los que se sientan en el palco no saben nada.

Olvídense de malas rachas, de mala suerte, de casualidades, de problemas psicológicos o de la llegada de un coach, olvídense de todo y no se dejen engañar más, porque el único problema del Real Murcia es que no tiene recursos, es que no cuenta con jugadores de garantía para cada uno de los puestos, como se volvió a ver ayer. Puede que el KBussines no sepa diferenciar entre un defensa y un centrocampista, entre un extremo y un delantero centro, entre un portero y un pivote; todo es posible, pero no saber nada no significa quedar exento de la pena.

Los granas son un equipo tan desequilibrado, que un once titular es similar a un puzzle montado sin ayuda por un niño de dos años. Se imaginan como quedarían las piezas, visualizan en sus cabezas el desastre, pues igual es el caos que hay en un vestuario donde, por si no hay suficientes problemas, la directiva se ha empeñado en maltratar un día sí y otro también a sus jugadores. O cómo se explica que solo 24 horas después de que Chumbi marque su primer gol de la liga, de que los murcianistas sumen un triunfo después de nueve jornadas sin ganar, la única preocupación de los que mandan sea filtrar que el delantero murciano tiene una prima de 1.500 euros por cada gol que marque.

¿Qué murcianista estaría preocupado por pagar 1.500, 3.000 o 6.000 euros cuando el descenso está en juego, cuando la necesidad de ganar es apremiante, cuando ni Dios marca un gol en un equipo desfigurado desde los despachos?

Pues para tranquilidad de los que mandan ayer ningún jugador grana inauguró el marcador. Ayer, en Nueva Condomina, Chumbi, para respiro de José María Almela y cía, falló las pocas que tuvo, por lo que no podrá reclamar otros 1.500 euros.

Ayer, el Real Murcia perdió ante el Don Benito -sí, señores, el Don Benito-, y lo hizo en un partido en el que no lo pudo hacer peor. Ni el juego directo, ese que en Granada se vendió como la fórmula mágica del fútbol mundial, funcionó; ni los continuos centros al área asustaron a nadie.

Los únicos miedos llegaban cada vez que Abraham Pozo entraba en contacto con el balón, cada vez que el Don Benito se lanzaba al ataque, cada vez que la línea de tres -Maestre, Armando y Hugo Álvarez- instalada por Julio Algar se convertía en el hazmerreír del grupo. Era tanto el miedo que daba el Real Murcia en defensa, que hasta Mackay quedó conmocionado. Se vio en el gol cuando Maestre no se enteró de la carrera de Pozo y el meta grana se hizo un lio en la salida.

Solo era el minuto 17, pero nadie esperó algo más. Nadie confió en una reacción en la segunda parte. Nadie miró al banquillo. Bueno, Algar sí lo hizo, y solo encontró a Parras, un lateral al que están volviendo loco reinventándolo; y a Nahuel, otro lateral; y a Jeisson, un delantero-extremo-centrocampista que cualquier día le pueden poner de defensa.

No empató el Real Murcia ni lo mereció. Es más, pudo el Don Benito llevarse mucho más de Nueva Condomina, y si no lo hizo fue por culpa de Mackay, salvador una vez más, y de la propia decisión de los extremeños de dar un paso atrás, guardar el marcador y no dejar espacios.

Una derrota que solo confirma lo que ya sabíamos, una derrota que nos demuestra que no era cosa de ganar un partido, una derrota que deja claro que nos mienten un día sí y otro también, una derrota que coloca al Real Murcia en el puesto duodécimo. Sí, duodécimos.

Recuerdan que nos contaron, allá por el mes de enero, que daba igual ser décimos que duodécimos, pues sí, fue en lo único en lo que no nos mintieron, o eso parece, porque quedan siete jornadas y todo puede ir a peor.

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