24 de marzo de 2019
24.03.2019
Fútbol. Segunda División B
Granada B12Real Murcia

El Real Murcia gana y se da un respiro

Los goles de Chumbi y Manel en el estreno de Algar permiten a los granas a romper una racha de nueve jornadas sin ganar

24.03.2019 | 14:02

Ganar. Victoria. Triunfo. Tres palabras que habían desaparecido del vocabulario de la afición del Real Murcia desde enero. Nueve jornadas sin sumar tres puntos en un partido es demasiado tiempo, tanto que ya nadie recuerda cuando se ganó por última vez. Pues esta mañana, en Granada, el Real Murcia se ha tomado un respiro. En el estreno de Julio Algar, el Real Murcia ha ganado al filial granadino con goles de Chumbi y Manel (1-2). No ha sido un gran partido, apenas se han tenido ocasiones de gol, pero por fin los murcianistas han sabido sufrir y esperar el momento para aprovechar sus oportunidades. Los tres puntos permiten a los murcianistas coger un poco de oxígeno y olvidar durante unas horas el drama en el que se ha convertido la segunda vuelta del campeonato.

No ha necesitado Julio Algar ni una semana para darse cuenta que cada jornada tendrá que hacer malabares para poder alinear un once en condiciones, para encontrar distintas alternativas en cada puesto. Esta mañana, en Granada, el técnico madrileño ya ha tenido que inventar. Se estrenaba Algar en el banquillo, y lo hacía con un once en el que aparecía una pareja de centrales inédita. Inédita porque era la primera vez que jugaban juntos e inédita porque ni Armando ni Maestre son centrales. Las bajas de Hugo Álvarez y Charlie Dean, así como la inexistencia en la plantilla de otro zaguero, obligaron al entrenador a confiar en un Armando que ya ha actuado en esa zona en varios partidos y en Maestre, que daba un paso atrás para cubrir el hueco libre.

Como ya hiciera Javi Motos hace una semana, el Murcia volvía a apostar por una defensa de tres con Josema y Forniés como carrileros. Juanma Bravo era el candado en el centro del campo, mientras que Miñano y Miguel Díaz tendría que sacar el pincel para dibujar ese juego ofensivo que no acompaña a los granas desde hace ya muchos meses. Chumbi y Manel lideraban un ataque hasta el momento sin gol.

No empezó el partido bien para el Real Murcia. No fueron los granas un equipo que, tras nueve jornadas sin ganar, saliese a morder. Durante un cuarto de hora nadie supo adivinar cuál era el plan elaborado por Julio Algar. Los patadones insistentes de Mackay o de los defensas para iniciar el juego no ayudaban para nada. La profundidad era nula, de hecho Chumbi y Manel se peleaban por un balón que siempre encontraba a un jugador andaluz. Más paciencia tuvieron los locales. Prefirieron tener el esférico y buscar por bandas a un cuadro murcianista que necesitaba adaptarse a todo. Sin embargo, el filial granadino tampoco puso en aprietos a Mackay.

Era un partido de 0-0 hasta que Chumbi decidió que ya era el momento de encender la luz en el minuto 20. En una jugada personal, el murciano se fue perfilando, buscando el hueco hasta llegar al borde del área. Allí levantó la vista, miró el primer palo y apuntó. Su disparo se marchó a la red para alegría de los murcianistas desplazados y para alegría del propio futbolista, que conseguí su primer gol como grana y que se estrenaba después de su grave lesión. Era el premio a su esfuerzo personal, era el momento de olvidar los malos momentos, era el momento de indicarle a sus compañeros que cuando las cosas vienen mal dadas solo hay que trabajar para salir a flote.




Primer tiro a puerta del Murcia, primer gol. Algo había cambiado. La mala suerte de las últimas jornadas parecía haber desaparecido. Además, el tanto noqueó al Granada B, que también llegaba a este encuentro con problemas. El nerviosismo se vio en los futbolistas del filial, que ya no movían la pelota con tanta facilidad. Pero el Real Murcia está demasiado herido como para pensar en los problemas de los demás. No supieron los de Algar aprovechar la luz que había encendido Chumbi. Tuvieron más presencia, intentaron buscar a los delanteros, aunque las ocasiones de gol no llegaron.

Tampoco el Granada B encontraba el camino al área defendida por Mackay. Sin encontrar su identidad tras el gol, el tiempo corría sin más. Poco se veía sobre el césped. Lo mejor era el marcador. Pero si el Real Murcia había encontrado premio sin prácticamente buscarlo, el Granada B obtuvo recompensa cuando nadie pensaba que iba a ocurrir nada. Quince minutos después del 0-1 establecido por Chumbi, Fran Serrano se aprovechó de la falta de tensión en el centro del campo murcianista. Avanzó sin marca y desde muy lejos, desde donde nadie lo esperaba, se sacó un disparo que se convirtió en mortal al colarse en la portería de Mackay sin que la estirada del meta murcianista sirviese para nada.

Se fueron ambos equipos al descanso pensando que el gol se vendía barato en la Ciudad Deportiva. Y lo confirmaron en la segunda parte. Partido muy trabado, encuentro que se disputaba todo el tiempo en el centro del campo. La profundidad no existía. Los delanteros no aparecían. Pero el tanto volvió a llegar para los granas a las primeras de cambio. Lo había intentado previamente Chumbi, aunque en esta ocasión el delantero se equivocó. Con distintas alternativas, miró a puerta y disparó fuera. No ocurrió eso en el minuto 58.

Josema, superado al tener que atacar y defender, no era capaz de poner sobre la mesa sus virtudes. Sus intentos de mirar al área siempre eran frenados por la defensa local. Pero el muleño insistió y ganó. En una de las pocas ocasiones que encontró el hueco, se marchó hasta la línea de cal y desde allí ponía un centro buscando a Manel. El delantero se impuso a sus marcas y batió a Lejarraga para poner el 1-2.




Quedaba media hora por delante. Mucho tiempo. Tanto, que Mackay demostró que no hay día tranquilo. El meta grana se convirtió, como en otros muchos partidos, en el salvador, en el ángel de la guarda de sus compañeros. Tras un centro lateral Juancho remató ante la mirada de la defensa y el gallego, a bocajarro, sacó una mano mágica para enviar a córner (70'). Solo cinco minutos después sacaría un balón a Andrés García.

No pasó mucho más en el último cuarto de hora del encuentro. Supo el Real Murcia manejar los tiempos. Perdieron todos los segundos que pudieron y tiraron de banquillo, hasta el punto de prácticamente desconectar a los locales. El pitido final fue como un soplo de viento para el Murcia, que ahora deberá demostrar que este triunfo no es flor de un día.
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