18 de marzo de 2019
18.03.2019
La Opinión de Murcia
Real Murcia
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Asesinato con ensañamiento

El Real Murcia se empeña en meterse en el lío del descenso después de perder ante un Linense que, con dos manotazos, es capaz de derribar a un equipo sin recursos

18.03.2019 | 00:12

Tras nueve jornadas sin ganar, la inacción del consejo de administración agrava una crisis sin fin

Si ven llamas a su alrededor, cogerían el teléfono y llamarían a los bomberos en vez de lanzar gasolina al fuego. Si van andando por la calle y ven a un hombre agredir a su mujer, marcarían el número de la policía en vez de animar al matón. Si alguien de su familia está en un problema legal, le ayudarían a encontrar un buen abogado en vez de protegerle y agravar el delito. Y si alguien a su lado empieza a sentir fuertes pinchazos en el pecho, pedirían ayuda a un médico en vez de sentarse a esperar su muerte. ¿Pero qué harían si ven que su equipo de fútbol, ese que tanto aman, acumula nueve jornadas sin ganar y el descenso a Tercera División está cada vez más cerca? ¿Qué harían si ven al presidente de ese club más preocupado por el Twitter que por la debacle deportiva? ¿A quién llamarían si sienten que el máximo accionista bastante tiene con intentar enterarse de algo? ¿A quién recurrirían si el KBusiness anda liado buscando capital -con C o con K, como especificaría Paco Cobacho-? ¿A quién buscarían si no hay director deportivo ni se le espera? ¿Qué teléfono marcarían si el responsable del área de fútbol salió corriendo para escapar del psiquiátrico instalado en Nueva Condomina? ¿Con quién se desahogarían si les dicen que el sustituto del director deportivo solo se le conoce por hacerse selfies con Almela y por venir de familia murcianista? ¿A quién pedirían ayuda si tres jornadas después de despedir a Manolo Herrero, en los despachos no aclaran cuál es el nivel de confianza en Javi Motos?

Lo siento, no tengo respuesta. Y si la tuviera, tampoco la escucharían. O posiblemente la rechazarían. Lo siento, lo único que sé es que al único sitio que no miraría es al terreno de juego. A ver, piensen un poco. ¿Qué están haciendo mal los futbolistas? «Acumular nueve partidos sin ganar. Perder ante el Linense, el San Fernando, el Talavera, el Ibiza, el Recreativo... Sumar cuatro puntos de 27. Marcar cinco goles en nueve jornadas. Alejarse a diecisiete puntos del play off. Que el Cartagena te saque 23 puntos», me recitarían prácticamente de memoria.

Protesto, señoría. ¿Y qué quieren que hagan? Acaso sus jefes, esos que calientan las mullidas sillas del palco, no les incitaron a bajar los brazos, acaso los murcianistas que ahora controlan el club no les insinuaron que «daba igual ser décimos que duodécimos», acaso los que han olvidado que gestionan un club de fútbol no hicieron un ERE hasta dejar en los huesos a la plantilla, acaso los que pelean un día sí y otro también en los despachos de Nueva Condomina no antepusieron lo económico a lo deportivo, acaso los que mandan en los despachos y en el vestuario no les recuerdan cada domingo que no pasa nada, que algún día acabará la mala suerte, que solo es marcar un gol, que cuando se gane un partido se acabarán todos los males....

¿Qué harían ustedes si en sus trabajos les invitan a tomarse unas vacaciones extras, a rebajar el esfuerzo, a hacer un informe en vez de diez al día? ¿Qué harían? ¿Huelga a la japonesa para fastidiar a sus jefes o sonreír y empezar a disfrutar de la vida? Pues eso, lo mismo que harían la mayoría de ustedes si les rebajan las exigencias es lo que han hecho los jugadores del Real Murcia, tumbarse a tomar el sol hasta el extremo de que ya son incapaces de incorporarse a la vida laboral. No consiguió cambiar la dinámica un Manolo Herrero sobrepasado por la locura instalada en la planta noble y no lo va a lograr un Javi Motos que en ningún caso, por mucho que le apetezca, por mucho que se sienta capaz, por mucho que quiera al club, debería haberse prestado a un ridículo que va camino de convertirse en histórico.

Esa fue la primera puñalada directa al corazón. Ese fue el primer paso hacia la debacle. Ese fue el primer error mayúsculo del consejo de administración. Pero, no conforme con ello, los actuales gestores decidieron ensañarse con la plantilla, decidieron seguir golpeando a un equipo que ya venía siendo maltratado desde agosto. De ahí que en enero decidieran debilitar hasta desangrar al equipo con la salida de ocho jugadores y la llegada de solo tres; de ahí que descartaran buscar recursos en el paro para aumentar el número de efectivos de una plantilla que no tiene ni para completar la convocatoria, de ahí que tardaran seis partidos en decidir el despido de Manolo Herrero, de ahí que tres semanas después no tengan ni una alternativa al banquillo preparada ni un director deportivo que busque sustitutos, de ahí que después de encadenar nueve jornadas sin ganar y el play out de descenso esté a seis puntos solo se haya escuchado al máximo accionista para decir que hace falta un psicólogo en el vestuario, de ahí que no hay ni plan A, ni plan B, ni plan C... ni plan Z, de ahí que lo único que sepan hacer los que mandan es llamar a los periodistas para cuestionar al entrenador, para poner a caer de un burro a los futbolistas y para criticar a diestro y siniestro con tal de salvar sus ombligos. Y así, como diría mi querido Jona Lorenzo, ¿qué podría salir mal?

Pues si el Real Murcia ya era un cadáver hace siete días cuando el Talavera le bailó todos los géneros que quiso; en el día de ayer la cosa fue a mayores, como esas crisis que no tienen fin, como ese sufrimiento que no está dispuesto a dejarnos en paz, como ese dolor extremo que nos obliga a suplicar que nos inyecten en vena un poco de morfina.

Pese al sabor dulce en la boca de un Javi Motos que debería escuchar su propia rueda de prensa porque de los errores se aprende, y más cuando solo tienes 30 años, nada de lo que se vio en Nueva Condomina fue diferente al ridículo que ya se alarga nueve jornadas.

Intentó el técnico murciano dar otra vuelta de tuerca al esquema. Defensa de tres, con Forniés y Parras de carrileros. Manel Martínez y Chumbi elevaban las posibilidades en ataque. Pero una vez más se descubrió que el Real Murcia, da igual quién juegue, solo tiene una vía de escape. Los centros de Forniés son la única posibilidad de llegar al área. Poco más se vio en el repertorio de los locales, que ocho meses después de comenzar la liga siguen sin ser capaces de sacar un córner en condiciones. Y lo de dar un pase vertical, ya ni te digo, y lo de encontrar el hueco entre la defensa rival, para qué recordarlo.

Como si Jordi Roger hubiese preparado el partido en el vestuario grana, el Linense se presentó en el estadio murciano como un alumno aventajado. Llegaban más que preparados para frenar a Forniés -Gato fue su sombra- y para elevar sus defensas ante la presencia de Manel y Chumbi; llegaban dispuestos a esperar su momento y hacer sangre cuando tocara. Aguantaron los tímidos puñetazos del Real Murcia. Montoya resolvió con comodidad los blanditos disparos de los locales a la vez que sus compañeros, nada más volver del descanso, empezaron a relamerse como esos gatos que ven cerca una presa apetecible.

Mientras que los de Motos arriesgaban por la necesidad de ganar, mientras que los murcianos se ahogaban con su incapacidad para dispara a puerta, el Linense aprovechaba cualquier contra para intentar sacar beneficio del desajuste defensivo. Y, poco a poco, fueron mereciendo más, fueron asomándose más al balcón del área defendida por Mackay. El meta grana evitaba el gol de Juampe, y un minuto después la Balona se cruzaba con el larguero.

La tarde empezaba a ponerse nublada, y muchos hasta se conformaban con el empate a cero para no seguir castigando a sus corazones. Pero no hay paz para la afición murcianista. Quedó demostrado en el minuto 75. Cabalgada de Pirulo, que dentro del área es derribado por Hugo Álvarez. Penalti y gol. Muchos ya se levantaban de sus asientos. No querían ver más. Los que se quedaron, esperanzados con la reacción, se dieron de bruces con la realidad a dos minutos del final. Gato servía a Cellerino en otra contra y el Linense dejaba el cadáver del Murcia en la cuneta. Al cierre de esta edición, mientras que los que mandan andan desaparecidos, los que animan buscan culpables. Pero nadie sabe a quién llamar. Nadie sabe a quién pedir ayuda. A mí, el único teléfono que se me ocurre es el del juzgado mercantil. Si tan preocupados están por el Murcia, ¿no podrían actuar de oficio?

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