11 de marzo de 2019
11.03.2019
La Opinión de Murcia
Pasando la cadena

La desolación blanca

10.03.2019 | 21:26
José Mourinho.

Que no cunda el pánico en el madridismo. Sería un triple error de Florentino Pérez con imprevisibles consecuencias tras sus dos primeros, cuyo final era fácil de prever.

El primero fue pensar que el Madrid está siempre por encima de cualquier individualidad, que es cierto; pero sin reparar en el sinsentido que supuso despreciar al futbol mismo, que por definición está por encima de cualquier club. Prescindir de quien superó los cuarenta goles en su peor temporada, sin tener recambios adecuados, fue un disparate. No hizo caso a sus profesionales ni a los que saben de esto, porque quizás le obnubilaron las encuestas que maneja; el madridismo forofo estaba harto de Cristiano Ronaldo.

Y el segundo fue una cuestión personal con el portugués, como colofón de su desencuentro desde el primer día por ser herencia de Calderón. Dejó quemarse al luso incumpliendo la promesa en caliente tras la decimosegunda Champions de equipararle el sueldo con Messi y Neymar, que eran quienes más cobraban en España entonces.

No debe cundir el pánico porque ya no tiene remedio y sería peor que lo urgente cegara una vez más lo importante. Esta temporada puede no estar perdida del todo si Pérez aprende de los errores. Y junto a despreciar al fútbol y anteponer el ego presidencial al interés del equipo, el tercer error sería volver al viejo vicio de los galácticos, que ya le costaron dimitir una vez, sin definir antes el modelo que se desea y perseverando en la estulticia de seguir dirigiendo la política deportiva desde la presidencia.

Los dirigentes deben marcar presupuestos, fines y objetivos, más nunca el trabajo de campo para alcanzarlos. Quienes nos siguen conocen que somos críticos con Florentino Pérez, pero también que nos parece bien su apuesta por los jóvenes valores. Así como que advertimos este verano de la ruina deportiva que se le venía encima al Madrid, por puro sentido común, con la marcha de Cristiano. Porque, volviendo al fútbol mismo, sin goles no hay nada, y sin renunciar a los jóvenes debían haber incorporado un par de goleadores contrastados para intentar suplir al menos la mitad de los goles que garantizaba el luso; otras cifras no hay ahora nadie que las alcance.

Y al margen de Mbappé o Neymar, viejos sueños florentinianos, sí había en el mercado, frente a lo que se ha asegurado, futbolistas que daban esa talla y la del Madrid. Y no solo Kane, Salah o Lewandowski, que también, sino otros con menos nombre y costo y menos venta de camisetas, pero con la eficacia goleadora por bandera: Piatek, Icardi o el propio Aspas, por ejemplo, le hubieran venido a los blancos como agua de mayo. Tampoco es difícil aventurar que con dos de ellos el Real Madrid no estaría en el fango en el que ahora pena.

Pero antes de fichar ni echar a nadie, hay que elegir al artista que los baraje. Zidane es improbable que vuelva ahora. Lo de Mourinho sería echar leña al fuego. Pochettino podría ser si se cuenta con su complicidad. Kloop y Allegri, lo mismo. Lo de Löw sería más sencillo porque anda en guerras con sus internacionales y templa gaitas con su propia Federación. Y también es una vieja aspiración de Pérez, aunque el alemán está mosca por el desdén del mandatario blanco el año pasado cuando fue alargando la permanencia de Zidane conforme avanzaba eliminatorias de Champions, teniendo un preacuerdo con él.

Y previo a todo, habría que saber dónde se está y dónde se quiere ir para escoger el camino. Y eso requiere calma porque una cosa es dificultad y otra desvarío. Tribulación es diferente a desolación, y debería dejarse Pérez de iras, urgencias y soberbias, y alejar su supuesta sabiduría futbolística del club para retirarse un tiempo a releer a San Ignacio de Loyola y alcanzar el verdadero sentido de su «en tiempo de desolación no hacer mudanza». O lo que es lo mismo, distinguir entre tener un problema o vivir en él. Y la verdadera crisis del Madrid es vivir con mal gobierno.

La desolación murciana

Y en el Murcia ocurre lo mismo, pero por lo contrario. Hay presidente, máximo accionista, aspirante exterior, consejo de administración, una sorprendente sociedad limitada, la Plataforma y docenas de asesores y figurantes varios, pero nadie sabe a estas alturas quién toma las decisiones, por denominar de alguna manera ciertos desvaríos que asolan al equipo.

Tristemente, tal vez lo deportivo ponga las cosas en su sitio.

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