Sigue el Real Murcia sin levantar cabeza. Ya no es un equipo que pierda, pese a competir; ahora es un conjunto que pone demasiado fáciles las cosas a sus rivales. Poco ha tenido que hacer el San Fernando para quedarse con los tres puntos y dejar a los murcianistas en una situación que pocas veces se ha visto con los granas en Segunda B. A falta de tres meses para la conclusión de la liga regular, el Murcia tendrá que luchar por no seguir cayendo posiciones en la clasificación, porque la cabeza, aunque sea matemáticamente posible, mentalmente es un imposible.

Posiblemente sea Manolo Herrero el que menos culpa tenga de la situación. Posiblemente sea el técnico el que menos se merece un despido, pero después de ser ratificado la pasada semana, lo normal es que mañana la cuerda se rompa y el andaluz sea destituido. Apenas cuenta con recursos, después de la nefasta planificación del consejo de administración en el mercado invernal está haciendo incluso más daño que los meses de impagos de Víctor Gálvez. Con un vestuario hundido moralmente y cansado de ser vapuleados desde las oficinas por unos y otros, la falta de efectivos, especialmente en la delantera, tampoco ayuda. Y, si hubiera pocos problemas, en las últimas semanas las facilidades defensivas hacen que los rivales encarrilen el marcador de forma muy sencilla.

Lo ha tenido muy fácil el San Fernando. A los seis minutos ya estaba por delante en el marcador. Un disparo lejano de Nano Cavilla que no iba a ningún sitio, rozó en un jugador murcianista y se coló en la meta de Mackay sin que pudiera hacer nada el meta. No se lo podían creer los murcianistas. En el minuto 1, Miguel Díaz se estrellaba con el palo al rematar un córner; y cinco minutos después ya estaban por detrás en el marcador. Este es el actual Real Murcia.

Fue tal el golpe, que el Real Murcia ya no se levantó de la lona. Intentó reaccionar, pero sin control de balón y sin prácticamente ocasiones. Miñano, que había ganado la titularidad a Josema, casi no apareció, mientras que el trabajo de Manel Martínez, peleándose con el mundo, no encontraba recompensa. Jeisson, uno de los fichajes, tampoco es que deje detalles.

Se quitó la presión el Murcia más porque el San Fernando renunció a seguir presionando que por las propias virtudes de los visitantes. No creen los granas y eso queda patente en el terreno de juego. No hay ideas ni criterio, es un querer y no poder. Por no haber no hay ni fuerzas para apostar más por el corazón que por la cabeza.

No tenía ningún interés el partido. Alguna falta lanzada por Armando y algún que otro córner, pero sin peligro excesivo para Milovic. Parecía que el 1-0 aguantaría hasta el descanso, pero, como sucedió en Ibiza, el Murcia acabó de condenarse en el último segundo. La jugada representa a la perfección al Real Murcia actual. Fue un auténtico desastre. Un mal despeje de Mackay deja al San Fernando con tanta ventaja que ante el disparo, Charlie Dean para el balón con las manos antes de que entre a la red. El árbitro no duda. Penalti a favor de los locales y expulsión del central grana. El exmurcianista Bruno Herrero no falla la pena máxima.

Quedaban 45 minutos por delante pero no había nada que hacer. El Real Murcia estaba condenado a la derrota, el Real Murcia está demasiado mal, tanto que anda arrastrándose por una categoría como la Segunda B. Mirar al banquillo tampoco era la solución. Ahí Herrero solo tiene canteranos, un plan que ya se ha visto que es insuficiente. Pudo cambiar las cosas el Real Murcia nada más iniciarse la segunda parte. Armando, en una falta, se estrellaba con el larguero. No había nada que hacer, pensaban los murcianistas. Fue de lo poco que se vio en el segundo tiempo.

Ni los cambios ayudaron ni el Real Murcia reaccionó, de hecho fue el San Fernando el que siguió haciendo daño. Pudieron hacer los andaluces el tercero en varias ocasiones. Solo en el último instante, ya en el tiempo de descuento, Juanma Bravo aprovechó un fallo de Milovic para acortar distancias, pero ya era demasiado tarde. Sexta jornada sin ganar para un Real Murcia que está pagando contar en los despachos con unos jefes que no tienen ninguna experiencia en el mundo del fútbol y que han desarmado a un equipo sin poner soluciones.