22 de diciembre de 2018
22.12.2018
El deporte, en primera persona. Entrevista con Begoña Díaz Carrasco
Es bióloga, trabaja en la empresa Ecoespuña y juega al rugby con chicas 30 años más jovenes que ella en el XV Rugby Murcia

"Jugar al rugby con chicas que tienen 30 años menos que yo me sirve de terapia"

Begoña Díaz Carrasco (Madrid, 1 de junio de 1968) juega en el equipo que ha sido campeón de la primera Liga Autonómica de la Región. Fue internacional y una grave lesión le privó de participar en el primer Campeonato de Europa que ganó España.

22.12.2018 | 12:18
Begoña Díaz

¿Cuándo comenzó a hacer deporte?
Desde pequeñita porque mi padre era muy montañero, pero al rugby llegué por casualidad en la Universidad porque mi deporte era el atletismo.

¿Y se le daba bien el atletismo?
Hacía 400 metros y de vez en cuando hacía mínima para los Campeonatos de España. Cuando tenía 21 años me invitaron a probar el rugby porque era rápida y dije que sí, pero que no se podía enterar mi entrenador. Probé, me enganchó desde el primer momento y lo compaginé con el atletismo durante un año.

¿Qué sabía del rugby cuando lo probó?
Nada. El primer año fue de rodaje. Y en el segundo dio la casualidad de que montaron un equipo en Majadahonda y allí nos juntamos gente de la liga universitaria.

¿Y cuánto tiempo pasó desde que empezó a jugar hasta que la llamaron para la selección española?
Tres años, porque en 1994 fue cuando me convocaron por primera vez, pero vamos, entonces era muy diferente, no había medios ni se cuidaba tanto el deporte femenino. Ahora hay mucho dinero invertido y hay una selección española de seven y otra de quince, además de una liga.

¿Cómo era el deporte femenino entonces?
En Madrid teníamos una liga universitaria con once equipos y recuerdo que mi primer partido con la selección fue un amistoso contra Italia en Madrid y un equipo compuesto por madrileñas, catalanas y alguna chica del País Vasco. España había sido sexta en el Mundial, la mejor posición de su historia, pero no hubo ninguna concentración ni partido hasta 1994, que fue cuando me llamaron a mí, pero no pudimos ir al Mundial porque no había dinero. Yo estaba tan feliz porque me habían llamado y las compañeras hablaban de injusticia.

¿Cuántas veces le han dicho que no está bien de la cabeza por jugar al rugby?
En mi casa me apoyaron desde el primer día, pero me decían siempre que tuviera cuidado. Y en el ambiente que me movía en la facultad, como la mayoría de la gente estaba en el equipo, tampoco me lo dijeron.

¿Cuántos huesos se ha roto?
Huesos pocos, pero sí me rompí el ligamento cruzado anterior de la rodilla en 1995, un mes antes del Campeonato de Europa, donde iba a ser convocada y España quedó campeona. No he llorado más en mi vida, qué tristeza me dio no poder jugar. Me tuvieron que operar y estuve casi un año parada, pero me recuperé y volví a jugar.

¿Y ahora, con 50 años, madre y trabajadora, qué le mueve a seguir?
La fuerza para volver a empezar me la dio mi hijo, de llevarlo a entrenar y a los partidos. Entonces me di cuenta de que llevaba aún metido el gusanillo. Cuando me vine a Murcia en 1999 tuve que dejarlo porque no había equipo, no porque decidiera que ya no podía seguir, pero mentalmente no había cerrado mi ciclo. ¿Te puedes creer que he soñado muchas noches durante estos años que jugaba al rugby? Regresé cuando vi a una chica del Rugby XV y me dijo que estaban montando un equipo. Empecé a entrenar y me di cuenta de que podía hacerlo.

Pero mantendría la condición física, ¿no?
Nunca he dejado de hacer deporte. Me di cuenta que a lo mejor no tenía las condiciones de las chicas jóvenes, pero sí la experiencia.

¿Y no le daba miedo?
Un poco. De hecho, cuando empecé el año pasado, me compré casco porque me daba miedo. Ahora me lo he vuelto a quitar, pero una vez que estás jugando, no piensas en el miedo; placas, haces tus jugadas y estás a todo.

Lo bueno es que el rugby es un deporte limpio.
Muy noble y que crea muchos lazos entre los jugadores. Creas unos vínculos muy grandes porque dentro del campo es muy cooperativo y se fomenta mucho el respeto al contrario y al árbitro. Y cuando acaba el partido hay que celebrarlo con las contrarias en el tercer tiempo, que es una parte obligada.

¿Cuántas veces le dijeron marimacho por jugar a este deporte?
Directamente a mí no me lo han dicho, pero sí me decían que el rugby era muy duro para una chica y qué valor tenía. A veces lo he escuchado más de mujeres que de hombres, pero ahora la gente lo ve de otra manera, está más normalizado. Hace poco rescaté artículos de prensa que tenía guardados y los comentarios eran que éramos guapas y esbeltas, pero no que jugábamos bien. Hace casi 30 años, que las chicas jugaran al rugby, era novedad.

¿Siente que por haber nacido antes se ha perdido una época bonita del rugby?
No porque también pienso que quizás no habría sido mi momento. Viví una época muy bonita, de arranque o despegue, y me siento orgullosa de que mis comienzos sirvieran de ejemplo para otras chicas.

¿Se ha puesto fecha de caducidad?
No, este año juego y ya veremos el que viene.

¿Y cómo está físicamente?
Me encuentro muy bien. Hemos hecho una pretemporada y fuerte y estoy jugando todos los partidos los 80 minutos.

¿Cuántos años se lleva con la más joven de su equipo?
La más joven tiene 16 años, pero la media es de 20. Ha entrando una nueva, Isabel, que tiene 35, que es la que más se me acerca. Pese a la diferencia de edad, soy una más y jugar con chicas que tienen 30 años menos que yo, con las que hablo de cosas que no son habituales con gente de mi edad, me sirve de terapia, para desconectar de la vida diaria. Mi marido me pregunta muchas veces si tengo ganas de irme a entrenar a las nueve de la noche con el frío que hace.

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