Baloncesto
Aquellos locos de la canasta
LA OPINIÓN reúne a cinco jugadores que disputaron en octubre de 1985 el primer encuentro oficial de la historia del Júver Murcia, una entidad que cumple su vigésimo quinta temporada en la élite nacional
Dioni García
Antonio Serrano, Pepe Torralba, Antonio Fuster, Pedro Muñoz Boj y Javier Arnal. Ellos fueron cinco de los protagonistas del primer encuentro de la historia del Júver Basket Murcia, hoy en día Club Baloncesto Murcia, una entidad que cumple en la actualidad veinticinco temporadas en la élite. LA OPINIÓN los reunió frente a la misma puerta del pabellón Príncipe de Asturias por la que accedieron para disputar el primer encuentro de la historia, con el Salesianos Cartagena de rival, en octubre de 1985 en Tercera. El resultado (113-46) habla bien a las claras de la superioridad de aquella plantilla que a los mandos de Manrique Cos y con la posterior llegada de Randy Owens, fue en un fenómeno social.
Ellos, en definitiva, fueron unos locos que abrieron el camino y que han permitido a la ciudad de Murcia disfrutar de baloncesto de alto nivel.
Antonio Serrano, al igual que la mayoría de sus compañeros, llegó desde el colegio Maristas, que en esos momentos contaba con la mejor cantera de la ciudad. Entonces, este profesor de Secundaria de Molina de Segura era un base jovencito, aún en edad júnior. Junto a él, Pepe Torralba, de profesión abogado, otro base que ya tenía más recorrido y que disfrutó como nadie de aquella inolvidable campaña, donde quedan para el recuerdo los apasionantes duelos ante el Cebé Cartagena, el equipo que terminó ascendiendo a Segunda División tras un partido épico que incluso fue transmitido por televisión.
Antonio Fuster, alero, fue junto a Serrano el único superviviente en la plantilla que una temporada después debutó en Primera. Él, ingeniero de profesión, tuvo una dilatada trayectoria posterior en equipos de Madrid, donde se afincó y se casó con Marisa Seoane, exjugadora internacional española. Ahora residen en Murcia y uno de sus hijos milita en las bases del club del que defendió su primera camiseta. Fuster era el único que hablaba inglés. Fue la persona en la que más se apoyó Randy Owens y se convirtió en su traductor oficial: «Era increíble. Recuerdo que un herrero se tiró la noche entera soldando las canastas para que aguantara los mates de Owens», rememora.
Pedro Muñoz Boj era una ala pívot que por entonces, pese a contar con sólo 23 años de edad, era de los más veteranos de la histórica primera plantilla. Después de «aquella maravillosa temporada», este biólogo, que en la actualidad es el director de calidad de la empresa Mivisa, continuó jugando en Molina, equipo con el que logro el ascenso a Segunda División, y cerró su trayectoria en Santomera con 30 años recién cumplidos.
Y para completar el quinteto, un pívot dominador: Javier Arnal, en la actualidad técnico de Protección de Riesgos Laborables. Él, como casi todos sus compañeros, procedía de Maristas, la gran cantera, como también lo fue el Basket Cantalar.
Ellos cinco, junto a Chaga, Marcial, Sierra, Hernández y Arturo, fueron los privilegiados que vistieron la primera camiseta de la historia del Júver Murcia.
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