Entre letras
Jesús Boluda del Toro: un criminal anda suelto
El autor convierte Murcia en el escenario de un thriller de crímenes y suspense en el que el cine, los guiños a Hitchcock y la novela negra se entrelazan

Jesús Boluda del Toro / L. O.
Francisco Javier Díez de Revenga
Jesús Boluda del Toro (Cavaillon, Francia, 1979), gestor cultural, director de la Feria del Libro de Murcia y habitante de Mula desde su infancia, ha publicado en Barcelona, a través de Roca Editorial, perteneciente al grupo Penguin Random House, su última novela: Fuera de plano. Con el subtítulo Luces, cámara, crimen, este thriller del género negro relata la persecución y descubrimiento, finalmente, de un asesino en serie que ejerce sus originales puestas en escena, hasta el punto de cinematográficas, en distintos lugares perfectamente reconocibles de la ciudad de Murcia que, una vez más, en la novela policíaca reciente se convierte en escenario de una intrigante historia de misterio y de crímenes.
Continúa así Boluda del Toro su trayectoria como novelista, que ya puso de manifiesto en sus anteriores creaciones: Minuto 116, De trazos y destrozos y La mano del muerto.
Con una complicada historia, en la que utiliza como personajes principales a héroes de alguna de sus novelas anteriores, lo que interesa ahora es demostrar si convence al lector con su nuevo invento novelesco. Un invento en el que, como muy bien evidencia el subtítulo, todos los materiales narrativos giran y se desarrollan en torno al mundo de la cinematografía, de manera que la condición de evidente cinéfilo de su autor pone a disposición del lector los títulos y argumentos de una serie de películas muy conocidas y pertenecientes a distintas décadas de la historia del cine, especialmente del de Hollywood. Todo convertido, además, en un implícito y constante homenaje al gran maestro e inolvidable creador de suspenses Alfred Hitchcock y sus célebres cameos.
Interesa saber si ha funcionado el ensamblaje del mundo del cine con la novela negra clásica, de la que Boluda del Toro es un heredero indiscutible. Para ello, el novelista recurre a los procedimientos estructurales habituales en el género policiaco, que desarrolla con cuidado y atención precisa, sobre todo, cuando se sirve a lo largo de diferentes capítulos de la alternancia de perspectivas ofrecidas por diferentes narradores, que van completando, en ocasiones, la trama principal que, naturalmente y como no podía ser de otra manera, está en manos del narrador omnisciente.
Organizar así la narración acentúa los cánones indiscutibles de la novela de misterio, algo que también hay que decir del thriller cinematográfico: suspense a raudales, de manera que el argumento provoca dudas y la intriga se complica con giros inesperados, sorpresas e imprevistos que se multiplican cuando la propia vida del protagonista y algunos personajes principales se envuelve en misterios que irán fundiéndose con otros tantos enigmas más que, a su vez, se relacionan con los crímenes investigados.

Portada de Fuera de plano. / L. O.
Surge entonces el peligro real incrementado en los momentos finales, una vez resuelto el misterio. Un epílogo recopilador demostrará que, como es imprescindible en este género, todo encaja al final. Pero el esquema no deja por ello de ser el clásico: buscar a un culpable, investigar un delito y atrapar a un criminal.
Lo que el viento se llevó, El gabinete del doctor Caligari, Crimen perfecto, Psicosis, Dirty Danzing, Pulp Fiction y otras muchas películas de distintas épocas, perfectamente identificadas con su ficha correspondiente, serán también, y a su manera, protagonistas de la novela.
Tan implicado está el autor en este proceso de fusión del thriller cinematográfico y la novela negra que, entre los materiales narrativos aportados, figuran diferentes capítulos que no son sino el guion cinematográfico de una determinada secuencia insertada en el argumento principal, decisoria y definitiva para el desarrollo de la historia realista y descarnada del género dentro de los cánones más prestigiados de la novela policiaca tradicional.
No sería posible crear una ficción tan compacta si no fuera Boluda del Toro, además un excelente, original y variado creador de personajes, sobre todo creador de unas criaturas convincentes, aunque se provean de algunos rasgos pertenecientes a la tradición del género.
La figura del protagonista inspector a cargo de la investigación se completa con rasgos de humanismo sentimental que lo alivian de la dureza de su puesto y lo dotan de unas capacidades de comprensión que lo convierten en un ser verosímil. Y, cuando el novelista no es tan verosímil ni tan habitual, apuesta por lo inesperado al utilizar a un preso cinéfilo enloquecido como colaborador muy activo del aparato policial establecido.
Boluda sabe superar los límites de la verosimilitud para convencer a su lector de que lo imposible también puede ser real y producirse, aunque sea en los espacios de una muy buena novela de misterio. Apuestas arriesgadas que consiguen frutos evidentes, no solo en los personajes ya señalados, sino también en el conjunto de los actuantes. Es esta una historia que mantiene, como está mandado, la intriga hasta el final. Un final, sin duda, muy cinematográfico, como no podía ser de otro modo. Lo importante es que la novela entretiene y convence. Y más no se puede pedir.
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