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Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)

Dictinio de Castillo-Elejabeytia Gómez: los últimos paseos por Cehegín

'De nuestros últimos paseos'. 2024. Pastel y lápiz de color sobre papel de algodón. 21 x 29´7 Cm.

'De nuestros últimos paseos'. 2024. Pastel y lápiz de color sobre papel de algodón. 21 x 29´7 Cm. / L.O.

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Pedro Manzano

Pedro Manzano

Desde las ventanas de un tren en marcha, el exterior quedaba difuminado en manchas de color que imitaban las pinceladas de una obra pictórica. Esta abstracción del paisaje, durante el viaje en ferrocarril, sumergía al pasajero en un estado hipnótico que le desconectaba de la realidad exterior.

Daniel Canogar. En referencia al ensayo de Wolfgang Schivelbusch, Panoramic Travel

El paisaje, el territorio, el espacio vivido, recorrido y sentido, actuando sobre el individuo como una experiencia emocional. El paisaje, convertido en un lienzo en el que representar nuestros estados de ánimo, nuestras inquietudes… Un lienzo, figurado, susceptible de transformarse en un acotado espacio en blanco, una superficie –física, no intuida ni imaginada– en la que proyectarnos; en la que líneas y manchas, estructuras y planos de color, conforman un mosaico de sensaciones que nos evoquen itinerarios personales, o alguno De nuestros últimos paseos.

El espacio físico que habitamos, el paisaje –a veces intervenido por la mano del hombre–, los elementos de la naturaleza, del espacio urbano, como referentes básicos en los que apoyarnos para transmitir una experiencia vital… Artística. En Londres, en 1851, la celebración de la Primera Gran Exposición Internacional contó con una innovadora pieza arquitectónica: el Palacio de Cristal instalado en Hyde Park; un gigantesco armazón, un esqueleto, que fue concebido por Joseph Paxton, inspirado en las fibrosas costillas que cubren y recorren la superficie del Victoria Regia –el más grande de los nenúfares que existen–; un espacio diseñado y construido a modo de un exótico paisaje, pensado para que fuese paseado y recorrido por el público asistente, y para que acabara formando parte de los recuerdos de cada uno de los visitantes, a modo de inolvidable e irrepetible experiencia.

Principios constructivos desarrollados a imitación de elementos vegetales… Paisaje –en este caso inventado–, naturaleza a la que se ha recurrido para resolver problemas estructurales y para formar parte –ya para siempre– del recuerdo de un momento histórico, único, fijado en la memoria. Gastón Bachelard, en su libro La poética del espacio, explica como los lugares adquieren significado, para cada una de las personas, por asociaciones poéticas; es decir, por las asociaciones emocionales acerca del espacio recordado que, con el paso del tiempo, logra adquirir más importancia que el propio espacio real en el que se ha vivido.

Si lográsemos expandir los itinerarios desarrollados en algunas propuestas plásticas de Dictinio, dictados por los azares –en algunas ocasiones– o a consecuencia de evocar un momento íntimo, como ocurre en esta obra, y convenir que son parte de una red, el resultado de un viaje –igual da que el detonante inicial haya sido la observación de las nervaduras de una hoja o el laberíntico y estimulante recorrido de la red urbana de cualquier ciudad, conocida o no–, no sería difícil afirmar que, al fin, estos pasteles y acrílicos no son sino representaciones de esas infinitas conexiones que subyacen en algún rincón de la memoria.

Dictinio de Castillo-Elejabeytia.

Dictinio de Castillo-Elejabeytia. / L.O.

Y sí, puede que esta pequeña pieza artística haya actuado como el disparadero de una serie de sensaciones que se encuentran sepultadas en el recuerdo, contribuyendo a sacarlas a la luz. Rigor, austeridad y, también, espacio para la improvisación. El urbanista y arquitecto Víctor López Cotelo manifestaba, en referencia a su colega Alejandro de la Sota que, en sus croquis, casi siempre, estaba ya contenida la esencia de sus proyectos; nada extraño, si nos atenemos a aquellas palabras del arquitecto pontevedrés que señalaba, en el punto quinto de su Decálogo, por otra parte, inédito, uno de sus principios irrenunciables: "Conseguir una humilde y sincera estética basada en la veracidad de la expresión". Humildad, veracidad y expresión; tres aspectos inseparables de lo que habitualmente solemos considerar una verdadera obra de arte.

Y es que la verdad está siempre ligada a la emoción personal, a las experiencias vividas en primera persona, a la sensación de pertenencia a un lugar o un territorio que, de alguna forma, ha marcado los afectos y determinado los comportamientos y las expresiones –a modo de epigramas plásticos o literarios–. Entendiendo aquí ‘expresión’ como aquello referido a la necesidad de comunicar emociones, poniendo en juego habilidades y procedimientos capaces de producir una obra creada como propia, pero siempre con intención de ser compartida por el otro, pues eso, a fin de cuentas, es lo que determina la naturaleza del arte.

Y algo de eso hay en esta pequeña obra. Y, a través de ella, Dictinio de Castillo-Elejabeytia reconstruye, y nos hace partícipes, de uno de esos últimos paseos por Cehegín que compartió con su padre. Sí, quizá no sea necesario dejarse arrastrar por la velocidad de un tren en marcha para componer, o intuir, un sugerido itinerario plástico, un recorrido emocional. Sí, quizá sea suficiente dejar que, desde el silencio y la quietud, la mano trace aquello que la evocación sugiere, pues nace de lo más profundo de la memoria, del recuerdo de aquellos últimos paseos.

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