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Murcianos de dinamita

Marta Pérez Escolar: pensar el periodismo en tiempos de ruido

Marta Pérez Escolar.

Marta Pérez Escolar. / Ana Martín

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Pascual Vera

Pascual Vera

Marta Pérez Escolar es profesora en la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia, donde desarrolla su labor docente e investigadora en el ámbito del periodismo. Su trabajo se sitúa en un cruce especialmente complejo y necesario, sobre todo en los tiempos convulsos que nos ha tocado vivir: el análisis crítico de los desórdenes informativos, la polarización social y el impacto de la tecnología —especialmente la inteligencia artificial y los algoritmos— en la práctica periodística contemporánea.

En el aula, Marta Pérez Escolar no concibe la enseñanza como una mera transmisión de contenidos, sino como un espacio para formar profesionales conscientes de su papel social, ético y político. Para ella, el periodismo no puede desligarse de la responsabilidad, porque informar implica siempre una toma de posición ante la realidad.

Su investigación se articula en dos grandes líneas que, aunque diferenciadas, dialogan constantemente. Por un lado, el estudio de los desórdenes informativos: la desinformación, los discursos de odio y las dinámicas que contaminan el ecosistema mediático. Frente al uso banalizado del término ‘fake news’, defiende el concepto de desinformación, no solo por una cuestión terminológica, sino porque entiende que hablar de ‘noticias falsas’ erosiona los propios fundamentos del periodismo. Una noticia, recuerda, se presupone verdadera; lo problemático no es la falsedad absoluta, sino la inexactitud, la manipulación parcial y la distorsión interesada de la realidad.

Desde esta perspectiva, analiza cómo estos desórdenes alimentan la polarización política, social y emocional, generando un círculo vicioso en el que la confrontación produce más desinformación y esta, a su vez, intensifica la fractura social. Marta Pérez Escolar subraya que el odio no es un fenómeno nuevo, sino una emoción inherente al ser humano que ha ido mutando históricamente. Lo que cambia hoy es su amplificación: el anonimato de las redes sociales, la sensación de impunidad y la lógica de la hipervisibilidad convierten el odio en un espectáculo mediático, simple, emocional y extremadamente viral.

La segunda gran línea de su trabajo se centra en la tecnología aplicada al periodismo: algoritmos, inteligencia artificial, ética digital y ‘deepfakes’. Desde una mirada crítica y responsable, investiga cómo estas herramientas transforman los procesos informativos, abriendo tanto oportunidades creativas como riesgos profundos para la democracia, la verdad y los derechos individuales. En este ámbito, destaca su interés por la alfabetización mediática y por el desarrollo de criterios éticos que permitan a los periodistas utilizar la tecnología sin renunciar a los principios fundamentales de la profesión.

Especial atención merecen sus reflexiones sobre las cámaras de eco y el funcionamiento de los algoritmos, que tienden a reforzar creencias previas de cada uno de nosotros y a generar una falsa sensación de coincidencia entre nuestro pensamiento y el del resto de la sociedad. En este contexto, alerta del consumo acrítico de información, especialmente entre los jóvenes, y defiende la necesidad de educar en pensamiento crítico, empatía y tolerancia. Para ella, comprender al otro —aunque no se comparta su visión— es una condición indispensable para una convivencia democrática saludable.

Marta Pérez Escolar es, además, una firme defensora del diálogo y de la diversidad ideológica como herramientas de aprendizaje. Cree en la conversación como acto político y pedagógico, y en la importancia de exponerse a discursos incómodos para comprender la complejidad del mundo. Desde esa convicción, anima a leer, escuchar y pensar más allá de las propias certezas.

En un tiempo marcado por el ruido, la simplificación y la sobreexposición, su trabajo representa una apuesta clara por un periodismo reflexivo, ético y humanista. Un periodismo que no renuncia a la tecnología, pero que tampoco abdica de su responsabilidad social. Porque, como demuestra su trayectoria, informar sigue siendo una forma de cuidar la democracia.

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