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Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)

Antonio Tapia: Las formas secretas de la memoria

ANTONIO TAPIA. EVAPOTRANSPIRACIÓN I. 2026.

ANTONIO TAPIA. EVAPOTRANSPIRACIÓN I. 2026. / L. O.

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Pedro Manzano

Pedro Manzano

« …Lamenté que las obras de arte no suelan valorarse en virtud del apoyo moral que han prestado a sus propietarios»

Edith Wharton

El 30 de mayo de este año –más de un siglo después que la escritora neoyorkina Edith Wharton publicara La Edad de la Inocencia– la novelista, ensayista y profesora de psiquiatría, Siri Hustvedt contaba, al presentar en un programa radiofónico su último libro: Historias de Fantasmas, que lo había escrito como si se nos brindara la posibilidad de cruzar una puerta y penetrar, desde lo cotidiano, la memoria, el universo y los recuerdos de dos personas –en este caso una pareja de escritores– a la vez ¿muy conocidas? y desconocidas. Hustvedt explica que, mientras escribe esas historias, huele el olor a puro de los cigarros de su marido, ya fallecido, el escritor neoyorkino Paul Auster, y siente cercana y próxima su presencia. Una alucinación olfativa, de tal intensidad y notoriedad física, que se percibe como real. Sí, quizá tenemos en escasa valoración el apoyo vital –moral incluso– que el arte procura a quienes lo producen y a quienes lo contemplan y disfrutan.

Antonio Tapia entiende el arte como un compromiso; un compromiso solidario que le ha llevado a involucrarse, sin ningún reparo, en proyectos que se han servido del arte como una forma de dinamización cultural y de apoyo social para favorecer situaciones que rompieran la discriminación y la exclusión –sobre todo de la mujer y otros colectivos discriminados o desfavorecidos–. Aunque Tapia también ha hecho del arte un reflejo, de alguna forma, autobiográfico en su trayectoria; tres series –podríamos citar algunas otras– dejan constancia evidente de lo señalado: Incomunicación, Heridas del Tiempo y la más reciente, Pareidolia.

ANTONIO TAPIA

ANTONIO TAPIA / L. O.

El motivo, el símbolo, posee un valor casi absoluto en la obra de Antonio Tapia y se erige como protagonista del relato o, mejor, del proyecto. Esta obra, Evapotranspiración I, forma parte de la serie Pareidolia; una serie donde las composiciones parecen desbordar el espacio que encierra los límites del cuadro. Imágenes que, como en la caverna de Platón semejan proyecciones capaces de despertar sensaciones y estados de ánimo en el observador, haciendo justicia a esa idea de pareidolia o capacidad de reconocer y encontrar figuras, rasgos y patrones, que nos resultan familiares, en objetos y formas cuyo significado desconocemos. Tapia incluyo en la serie, y en la muestra –celebrada como parte del Plan de Espacios Expositivos que depende del ICA– una referencia escultórica a los sólidos platónicos citados en el Timeo, poliedros convexos y simétricos de caras regulares, que el ateniense asociaba a la naturaleza y aquí referían etapas de la vida: Infancia-Tetraedro, Adolescencia-Hexaedro, Madurez-Dodecaedro y Senectud-Icosaedro. Símbolos.

Pareidolia, proyecto que, a mí, me sugiere continuación de aquellas Emociones Cautivas expuestas en el MURAM, en 2020. En Pareidolia adquiere todo su sentido y significado esa idea que hace del arte un vehículo capaz de servir de ayuda para transitar y superar –haciendo de lo personal e individual un acto compartido– el dolor, la propia enfermedad y el desamparo. Pareidolia un homenaje a su madre, a la lucha sostenida por su madre contra el bloqueo emocional, contra el olvido y la imposibilidad de detener un proceso –el alzheimer– que lleva, irremediablemente, a la soledad y la incomunicación.

Evapotranspiración l es una forma –quizá neuronal– donde el efecto global acentúa la contención dentro de los límites que la representa. El buen oficio en el tratamiento de las pinceladas, las veladuras, los clarooscuros y las ráfagas lumínicas, hacen vibrar los valores tonales que, cual acordes cromáticos, se propagan diluyéndose en el espacio de la superficie del cuadro; pues no en vano en esta pintura resuenan los ecos lejanos de un cierto vértigo onírico salpicado de cierta melancolía y ternura. Se desbarata la representación de la realidad aparente, en aras de una segunda realidad, recóndita y escurridiza, bajo la corteza de las cosas. Sensaciones. Excusas para filtrar una atmósfera tan evanescente como impregnada de lirismo.

Sí, creemos que podríamos identificar esas formas que emergen de los fondos del pliego; pero esas ilusiones que invaden el espacio del cuadro lo ocupan, convirtiéndose en centro de la composición, instaurando su propia espacialidad; una discontinuidad que semeja los eslabones rotos, interrumpidos, de una cadena, antaño engarzada por las situaciones vividas, por el tiempo… tal que fuesen afluentes convergentes en la misma corriente. Formas, objetos, situaciones, rostros, que se nos parecen reconocibles y nos devuelven la identidad.

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