Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)
Paco Vivo: el ojo que construye

FLORERO I. 1978. Óleo sobre lienzo. 150x150 Cm
Soy un ojo. Soy un constructor. He construido una habitación que no existía hasta hoy. En esta habitación hay doce paredes, fotografiadas por mí en varios puntos del mundo. Manipulando tomas de paredes y detalles, he conseguido ordenarlas para construir una frase cinematográfica, que es una habitación.
Dziga Vertov
El cine, la arquitectura, las artes en general, siempre han buscado construir espacios y generar situaciones, bi o tridimensionales, en quietud o en movimiento, cuyo fin es seducir y atrapar la mirada del espectador –paso previo a inducir a la reflexión–. El ojo como hacedor y constructor de realidades que, gracias a la mirada, pasan en un instante, en un solo momento, a materializarse. "Soy un ojo. Soy un constructor…" Esta frase, el inicio de esta cita de Vertov pertenece a uno de sus manifiestos, en el que nos propone abordar la visión de las cosas desde ángulos inesperados, y violar, si fuese preciso, las leyes que determinan y presiden la realización –en su caso– de una narración fílmica, o –lo que vendría a ser lo mismo– de una obra de arte. La libertad de acción como único motor que debe mover las conductas del artista, del creador.
En estos tiempos, donde no es fácil atreverse a inaugurar y abrir nuevos espacios para el arte, Francisco Vivo –en una especie de pirueta que lo reconectó con aquellos años ochenta en los que formó parte del grupo Spyral, y aquel principio de los noventa en los que fundó, junto a Paco Cerezo Montilla la Galería Babel– ha colaborado con el recién abierto Espacio y Galería de Arte Contemporáneo: EFÍMERA –esperemos que el nombre responda tan solo a un juego de paradojas y perdure, pues así está escrito en el catálogo inaugural, como Gotas de Eternidad– con una muestra que, haciendo honor a su perfil de artista multidisciplinar, indaga las relaciones entre lo abstracto y lo figurativo, lo icónico y lo perecedero, lo instalativo y tridimensional y lo normativo y bidimensional; y lo hace desde un relato –un proyecto sostenido por la serie de atractivas piezas que fueron presentadas– que propone mantener, y reforzar, los vínculos con la naturaleza y el paisaje.

Paco Vivo. / L.O.
En este cuadro –que ya refería, de forma casi premonitoria, esa relación del pintor con la naturaleza–, Florero I, Francisco Vivo construye un espacio pictórico significándolo con la incorporación de un elemento reconocible, un florero; aunque, si lográsemos abstraer la relación de esa superficie matérica construida como fondo del lienzo, con la realidad –esa aproximación figurativa– de ese elemento, obtendríamos un sugerente juego de formas espaciales, enfatizado por esas curvas envolventes que, a la izquierda de nuestra mirada, sugieren una cortina que estuviese agitada por el viento. Manchas, trazos, subrayados por ese cilindro en tonos marrones y violáceos, por las flores amarillas, que abren la perspectiva y parecen resaltar la expresividad, casi abstracta, de la superficie del cuadro, ordenada en un solo acorde tonal de verdes con diferentes densidades y texturas. La plasmación de una poética emocionada, transferida a un objeto cotidiano. El ojo como constructor de realidades.
En la trayectoria de Paco Vivo han estado presentes, hasta el punto de elaborar sobre ellos sendos trabajos de investigación, dos pintores murcianos: Aurelio –en 1999 presentó, sobre el pintor de Alhama, la publicación Una mirada interior– y Alfonso Albacete, sobre el que realizó la tesis de su doctorado. No es difícil rastrear en su recorrido profesional como artista plástico estas afinidades. Aurelio Y Alfonso Albacete están presente, o al menos a mí así me lo parece, en la serie que Vivo realizó en 1997: El entramado del paisaje; o las realizadas entre 2006 y 2019 tituladas Confluencias y Disyunciones, En la linde del bosque o Factor Fáctico.
Florero I, un óleo sobre lienzo realizado en 1987 con connotaciones que podrían incluirlo en las series El estado de las cosas o El árbol de la ciencia; una serie, esta última, que se expuso en febrero de 1990 en la Sala de Exposiciones de San Esteban, y que tenía en la naturaleza y el paisaje su razón de ser: La declaración, por parte de Paco Vivo, de un compromiso vital como artista y como individuo con el entorno; un compromiso que podemos rastrear y explorar a lo largo de toda la trayectoria del pintor; un compromiso nunca traicionado, y que aflora en sus distintos proyectos. Florero I, una pirueta que se nos muestra aquí no muy alejada de los nuevos intereses plásticos del artista, independientemente del procedimiento –fotografía, pintura, dibujo, escultura, instalación…– al que recurra para acercarnos sus propuestas, sus indagaciones plásticas, sus investigaciones… que son parte consustancial de su manera de ver y acercarse al hecho artístico.
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