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Literatura

Entre nosotros y el mundo: cómo el cine moldea la ética

Lo que quiso saber de Hume y le tuvo que preguntar a Truffaut en un recorrido por el séptimo arte para entender la naturaleza humana

Recorte de la portada de 'Cinematografía del espíritu'

Recorte de la portada de 'Cinematografía del espíritu' / L.O.

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Pedro Pujante

Pedro Pujante

Reconozco mi debilidad por la filosofía y el cine, así que este título tan cinéfilo-hegeliano me atrapó desde el primer momento. Un lúcido ensayo en el que el profesor Jesús García Cívico despliega un enorme caudal de títulos de filmes de todos los géneros y épocas (aunque reconoce su debilidad por la década de los setenta) para ilustrar con profusión cómo el cine se convierte en una herramienta que nos ayuda a formarnos como individuos.

Entre la filosofía del derecho y la crítica cultural, García Cívico despliega varias tesis interesantes y propone, en términos generales, que ver películas no solo es un disfrute estético sino también ético. Es decir, no es una mera herramienta para educar o entretener, es al mismo tiempo, en especial el cine de calidad que no se reduce a tópicos, un moldeador de individuos, un termómetro y al mismo tiempo un termostato de la sociedad en la que vivimos. Un mediador entre nosotros y el mundo. El ensayo está dividido en tres partes, dedicadas a la moral individual, la ética como marco compartido y, finalmente, las leyes.

Es evidente que la moral es cambiante (y, por tanto, en cierto grado, las leyes y la ética también), pero el buen cine articula en cada época sus distintas manifestaciones. Y a través de entrañables y complejos personajes podemos aprehender modelos de conducta, someternos a situaciones extremas y conocer casos particulares que, de un modo ficcional, nos enfrentan a grandes dilemas.

El mérito de García Cívico es haber construido un ameno y nutrido catálogo de preceptos en el que los westerns sirven como excusa para comprender los imperativos categóricos de Kant. Buster Keaton funciona como una actualización en clave irónica del estoicismo; y una película dirigida por Lumet ilustra, gracias a un empático Paul Newman, lo que Hume trató de exponer respecto a la emoción como base del conocimiento y la moral. En efecto, la emoción es para García Cívico el motor que ampara no solo el gran cine sino también todo el aparato ético y moral que subyace en nuestra sociedad.

El buen cine, con sus zonas grises, sus tramas controvertidas y sus personajes complejos, nos acerca a grandes temas: el suicidio, la naturaleza humana, la lucha entre el bien y el mal o la ética periodística. Y si el objetivo de este libro, como el propio autor reconoce en sus páginas, consiste en mostrar el camino hacia una sensibilidad, abrirnos los ojos a grandes temas con la asistencia de grandes películas, este queda más que conseguido. Además, hay que reconocer que su prosa es exquisita, el bagaje cultural que atesora infinito y la facilidad con la que trata asuntos de enorme profundidad, increíble. Todo un hallazgo.

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