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Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)

Rosa Artero: el misterio del mediodía

Mediodía.

Mediodía. / L.O.

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Pedro Manzano

Pedro Manzano

La estética metafísica siempre expresa, por un lado, lo misterioso e impenetrable que es nuestro mundo interno en la vida real, donde siempre algo de nosotros está construido de apariencia y disimulo… Y, por otro lado, esas mismas obras de arte son representaciones plásticas donde lo visible es sólo símbolo de otra realidad distinta, que es la que en verdad intuimos y nos interesa... que hace que la escena nos atraiga y nos subyugue…

Luis Artes. El hilo dorado

Rosa Martínez-Artero pertenece, en palabras de Juan Manuel Bonet, a esa estirpe de artistas y pintores parcos, escuetos, despojados y ascéticos que, apartados del sistema del arte, en tanto en cuanto que mercado ruidoso y contaminado, ha podido realizar una obra pausada, sutil y silenciosa, cuya característica principal bien podría ser su marcado carácter poético.

Una obra dotada de infinitas capas y significados, no solo cuando la artista –nacida en Murcia, pero formada en Valencia, en cuya Facultad de Bellas Artes de San Carlos imparte clases desde finales de los años ochenta– recoge en el lienzo individuos y estancias, también cuando plasma objetos que podrían parecernos amables e intrascendentes, pero que ella logra dotar de una atmósfera de misterio haciendo que parezcan, más que objetos, emblemas para la reflexión, el silencio y el recogimiento; imágenes que se desplazan de lo anecdótico hacia lo enigmático.

Carlos Marzal en Tablillas, la cuarta parte de su ensayo El Cuaderno del Polizón, Apuntes sobre Arte –que fue editado por Pretextos en 2007– señala, en la parte en la que se refiere a una serie de artistas, entre ellos Rosa, que han hecho de su forma de entender y sentir el arte una forma de vivir, una forma de explicarse a sí mismos y de hablar (nos) a través de su trabajo. ¡Ah! El arte, qué sería, por tanto, no otra cosa sino una manera de estar en el mundo.

Hay en la obra de Rosa Martínez-Artero una confluencia de espiritualidad y misterio y, simultáneamente, de sensualidad y seducción. Cuadros, obras, que apuestan por planteamientos y fórmulas sobrias no muy alejadas de una estética dotada de un carácter un tanto metafísico. Estancias donde, a veces, los personajes se cruzan sin mediar palabra ni dirigirse la mirada. Estancias donde tienen lugar conversaciones mudas y silenciosas.

Estancias vacías, iluminadas por luces tenues, que marcan recorridos o sugieren las funciones que alguna vez tuvieron, o esperan tener, esas salas representadas en el cuadro; da igual que sea una escalera o un pasillo destinado a lugar de paso, o un espacio asignado a la ejecución de habituales labores hogareñas.

Ámbitos que no parece que nadie recorra, a modo de representación de un instante suspendido y detenido en el tiempo. O, puede que, como en este caso, nos encontremos en un espacio iluminado por la luz de Mediodía, destinado a sala de pintura y ¿estudio de la artista? –muebles y lienzos en blanco apoyados en las paredes marcan su propósito–.

Rosa Martínez-Artero.

Rosa Martínez-Artero. / L.O.

Mediodía, un juego luz y silencios modulando la escena. Una obra que nos interpela sobre la soledad; donde se hace innecesario identificar al personaje femenino –el rostro tamizado por esa claridad solar que incide sobre él de manera directa– que se nos muestra como sujeto principal y protagonista del relato. Mediodía, una situación, que podría parecernos inquietante, sembrada de dudas e interrogantes, incómoda, pero que, al mismo tiempo, resulta asombrosamente sugerente y reveladora, tal que nos hiciese replantearnos conductas y relaciones tenidas por seguras e inmutables.

Una obra que rompe los estereotipos de los géneros pictóricos y propone que se desborden los diques de una hipotética lógica instrumental y plástica. Un lienzo a mitad de camino entre la confesión y la ocultación; una reflexión sobre las virtudes posibles que ofrece la pintura como refugio y asidero.

El cuadro formó parte de la exposición Contralecciones que la artista presentó como parte de la muestra CONTRAPARADA 28 celebrada en Murcia en 2007. Un proyecto expositivo que giró en torno al aislamiento, a la incomunicación, de estos personajes que habitan la obra de Rosa Martínez-Artero; a esos interiores que, a veces, parecen proponer un discurso próximo a la desolación. Personajes, lugares, impregnados de un cierto sentimiento trágico.

Rosa logra representar el espacio con un mínimo de elementos pictóricos sujetos a un potente dominio técnico y un asombroso control del relato. Mediodía, un óleo dotado de una potente agudeza argumental y de una narrativa irreprochable, dejando a un lado esos monólogos marchitos y narcisistas a los que la pintora logra dar la vuelta. Ante estas estancias en penumbra, o iluminadas por una extraña luz, que nos propone Rosa Martínez-Artero, podríamos plantearnos si somos, como individuos, los objetos que acumulamos a lo largo de una vida, o basta con la voluntad de afirmar nuestra presencia para sabernos vivos.

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