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Horizonte de sucesos

La sala: Novelita en clave coreana

Imaginación, ironía y autoficción se mezclan en ‘La sala’, la nueva ‘novelita’ de César Aira

La sala

La sala / L. O.

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Pedro Pujante

Pedro Pujante

El gusto de César Aira por lo exótico no se exhibe en sus novelas de un modo exuberante. Más bien al contrario: como un mecanismo invertido en el que lo extraño y estrambótico tiende a comprimirse. Es decir: lo raro ocurre en esferas íntimas, a personajes anodinos y en situaciones banales que no exceden el ámbito doméstico, tendiendo a la levedad del artefacto minimalista.

Su literatura tiene algo de chiste, pero bien contado, con un caudal de ironía que desborda los límites de su propio discurso. Un discurso que emana de un narrador que en nada se parece a Aira, pero que en el fondo parece tener un deseo compartido: el de escribir contra la realidad. Y en La sala se reúnen todos estos ingredientes de un modo singular: imaginación desatada, exotismo de lo mínimo, rareza, ironía y rasgos autoficcionales fantásticos. El protagonista y narrador descubre por casualidad una sala de cine frecuentada exclusivamente por coreanos en la que se exhiben grabaciones de cementerios de su país natal. Al parecer, un remedo de las visitas a sus difuntos. A partir de la incursión del narrador en este mundo de cine underground, los acontecimientos inverosímiles comienzan a sucederse: encuentros con personas que se parecen a Margarite Duras, escarceos amorosos y el contacto con un grupo de coreanos que le proponen un extraño trabajo, que consistirá en guardar en su apartamento extraños objetos relacionados con el cine y llevar un inventario sobre ellos.

Aira, jugando como hace siempre al trampantojo, esconde la tarea de escritor de fantasías en la figura de un electricista que compone un extraño catálogo de objetos, cuyas salidas y entradas quedan registradas en extrañas frases. Escritura en clave, como se puede leer esta y varias de las novelas de Aira. ¿Un electricista que redacta un raro inventario sobre algo ‘real’, pero que toma la forma de personajes inventados? Básicamente asistimos a una metáfora de la poética del escritor argentino, que trata de someter en vano la realidad en cada una de sus obras.

Como el protagonista, quien llega a afirmar que «el fondo último era llegar a la realidad, a ese lugar hacia el cual había tendido toda la vida con todas mis fuerzas sin llegar jamás». En La sala hay un argumento, quizá disparatado y escrito con la imparable fórmula, marca de la casa, de movimiento hacia adelante sin mirar atrás: Aira es una máquina de frases que crean espacios nuevos. Pero, sobre todo, deslumbra el ingenio de un artista que compone su obra pensando en la creación misma. Reflexiones sobre el arte, el cine y la ficción salpican esta breve, pero en ocasiones densa, ‘novelita’, en la que hay que detenerse para pensar con el autor que, a vece,s estamos en este mundo como en una sala de cine, sin saber si somos público o personajes de una ficción mayor.

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