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Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)

Ángela Mula: El valor de caminar sobre el dolor

Imagen Cuadro. ÁNGELA MULA. 2007.

Imagen Cuadro. ÁNGELA MULA. 2007. / L. O.

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Pedro Manzano

Pedro Manzano

«Percibir una configuración significa discernir el principio a partir del cual se ordenan sus elementos. Ver únicamente los elementos no basta, puesto que la configuración no estriba únicamente en sus elementos […] sino en la regla que gobierna sus relaciones recíprocas…»

J. Taylor. Design and Expression. Texto publicado en The Visual Arts, Nueva York, 1964

Esta obra gráfica de Ángela Mula, una serigrafía sobre papel de 240 gramos fabricado en pura celulosa, se editó con motivo de la publicación del libro de bibliofilia Carmen Conde. Veinte artistas, ochenta poemas. Ángela era una de las veinte artistas que participaron en aquel sentido homenaje a la escritora cartagenera, Carmen Conde, que la Editorial Ahora acometió en 2007 y que, de alguna forma, supuso una reivindicación, y puesta en valor, del papel de la mujer –de las mujeres, en este caso murcianas o vinculadas a Murcia– en el arte.

Es difícil determinar cuál pudo ser el poema de Carmen Conde que inspiró esta pieza gráfica, pero siempre he querido suponer que sería aquel poema incluido en Brocal –el primer libro, publicado en 1929, de la poeta cartagenera y primera Académica de la RAE– que nos proponía recorrer un camino –nuestro propio camino– por muy angosto y saturado de las múltiples dificultades y amarguras que pudiesen encontrarse en el recorrido: «Yo no te pregunto a dónde me llevas. / Ni por qué / Ni para qué / ¿Tú quieres caminar? Pues yo te sigo». Un hermoso poema que nos anima a andar juntos, a caminar juntos, para vencer cualquier escollo y contrariedad con la que podamos tropezar. Sí, un camino con toda probabilidad no exento de dificultades y amarguras, pero, a la vez, a la espera de ser andado y recorrido con determinación, valentía y atrevimiento.

NGELA MULA

NGELA MULA / L. O.

Hay algo de narrativo en esta serigrafía… púas, pies desnudos, camino… elementos que por sí mismos nada significan, pero que aquí, juntos, adquieren significado pleno. El rojo de ese camino lleno de sangre y los pies recios y ligeros, casi etéreos… Sí, hay un fuerte contraste que nos atrapa en esta escena. Una escena que es, simultáneamente, un reflejo de la libertad, con esos pies que avanzan sin miedo, ni cortapisas; y el dolor, el agudo dolor al enfrentarnos a las dificultades que opone el mundo a aquellos –a aquellas– que deciden afrontar con osadía su andadura por la vida… Quizá, la reivindicación de esta obra sea la reivindicación de la posición y la fuerza del/de la artista, capaz de vencer y aplastar, resultando indemne, esas puntiagudas formas de hierro –ese conjunto de prejuicios y recelos– que asaltan el recorrido, de los que se aventuran sin temor a cumplir la llamada de sus sueños… SÍ, la fuerza de la artista –de Carmen Conde, la poeta– que se afirma frente a los otros, que reclama su derecho al arte y la belleza. Una obra gráfica que es la representación de una metáfora sin falsas apariencias edulcoradas.

Con singular expresividad, como Carmen Conde en su poesía, Ángela se opone en esta obra a las ataduras y los yugos –que cantara aquel oriolano amigo de la cartagenera–. Un personaje sin rostro recorre el camino envuelto en el anonimato, pues esos pies podrían ser de cualquiera de nosotros, invitándonos a seguirlo… Sí, Ángela Mula libera su pincel, su lápiz, en esta obra, de todo aquello que pudiera resultar en exceso grato, cómodo o fácil. Exclama su grito, reivindica su libertad más allá del dolor. Sufrimiento sí, pero también esperanza.

Ángela Mula, licenciada en Bellas Artes, está especializada en grabado y estampación; y domina con maestría procedimientos como la xilografía, la linografía, la serigrafía, el aguafuerte o la punta seca, ejerciendo un control total sobre los recursos empleados en su obra, que dosifica con inteligencia. En este caso, apenas cuatro tintas y la excelencia del dibujo son suficientes para hacernos partícipes de las sensaciones que hemos referido. Toda la obra de Ángela desprende un fuerte compromiso y, a la vez, está revestida de austeridad –y eficacia– en los recursos visuales y gráficos empleados, que me han hecho recordar otras muestras y colaboraciones: La Colmena de Babel, la exposición celebrada en la Fundación Casa Pintada de Mula, o su participación en la exposición organizada por Amuca, celebrada en Lorca, con motivo del terremoto sufrido por la localidad. Es, por otra parte, imposible, ante alguna de sus obras, no establecer vínculos con el procedimiento del cartel y con algunos postulados presentes en la manera de abordar la comunicación por parte de esta técnica.

La propia Ángela Mula indicó, en una entrevista para este mismo periódico, al referirse a esta obra, a estos pies descalzos que caminan sobre clavos, a este homenaje a Carmen Conde, las claves de su trabajo: «Yo creo que Carmen Conde era feminista, muy feminista. Y pensé que era una persona que tiraba para adelante y se tuvo que encontrar con muchos clavos en el camino. Por eso los pies no están en reposo, están avanzando. La vida es eso, andar un camino; quise provocar en el espectador una sensación de dolor. Pero, a pesar de eso, avanzar«. Para Ángela Mula, «Si caer está permitido, levantarse es una obligación».

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