Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cante de las Minas

El ballet que nunca Falla

El ballet español de Madrid inunda de misterio y embrujo el Mercado Público de La Unión bajo el influjo de la música de Manuel de Falla

El Ballet Español de la Comunidad de Madrid interpretando ‘Viaje al amor brujo’.

El Ballet Español de la Comunidad de Madrid interpretando ‘Viaje al amor brujo’. / C. M.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Marco Albaladejo Alajarín

Corre el año 1915. Se escucha bullicio en el Teatro Lara de Madrid. La prensa de los días anteriores hablaba de una obra diferente a las usuales, hablaba de una “gitanería”. ¿Una obra de gitanos? ¿Una obra clásica? En su estudio, días antes, don Manuel de Falla reflexionaba sobre este estreno, con la mente nublada, pero con el firme propósito de mostrar al público esa parte esencial del alma andaluza que conforma el pueblo gitano y su música. La pluma de María Lejárraga y el genio musical de Falla se unieron para crear una de las mayores revoluciones musicales del siglo XX, aunque no sería considerada como tal hasta el estreno del arreglo para ballet en 1925.

Año 2026. La Unión. Han pasado 101 años desde que se estrenó el ballet en el Trianon Lyrique de París. El ambiente es diferente esta vez. La gente se agolpa a la entrada de la Catedral del Cante, esperando revisitar la mayor obra del ballet español. Falla ya no es una promesa, ni un aspirante, ni un compositor que siembra dudas por su estilo lleno de modernidad, sino una leyenda, uno de los principales adalides de la música española. Sin embargo, hay algo que no cambia. Aún permanece ese halo de misterio, de gitanería, de oscuridad en torno a su obra. Este “viaje al Amor Brujo” revive este misterio en una propuesta que aúna la tradición musical española con la contemporaneidad coreográfica de nuestros días.

‘Viaje al amor brujo’ del Ballet Español de la Comunidad

‘Viaje al amor brujo’ del Ballet Español de la Comunidad de Madrid. / C. M.

Una vez más, como en 1915, como en 1925, las luces desaparecen, y comienza el embrujo. Filas de hombres y mujeres vestidos de negro llenan las tablas del Mercado Público. Las mujeres escorzan sus cuerpos, mientras los hombres hacen gala de un amplio y pulido braceo. Las filas se rompen, se rehacen, se forman grupos que se enfrentan. Se escucha el grito de los bailarines. Uno de ellos queda solo en escena frente al resto de la compañía, que le jalea. El grupo marca con el tacón el compás; con las palmas le vuelven a jalear. No está solo, si enfrentado, sino animado por su gente. El cajón y la guitarra retumban en la estancia mientras hombres y mujeres cierran esta primera sección con los brazos abiertos de cara al público.

Tras un breve silencio, se escucha por los altavoces el sonido de un piano. La cadencia andaluza resuena, la música crece como el martilleo furioso del herrero en su yunque, y la cantaora nos revela el primer secreto de la noche: "Al paño fino en la tienda una mancha le cayó, por menos precio se vende porque perdió su valor”. La primera de las 7 canciones populares españolas de Falla revela en el secreto del que le hablo, que es la castidad femenina, una crítica incómoda para la sociedad de su época. A través de su música y letra, deshace el estigma del valor femenino según la virginidad, simbolizando a la mujer casta como un paño de gran valor. Al caerle una mancha al paño, no se sabe si de forma voluntaria o involuntaria, se produce la ruptura de la castidad, lo que reduce el precio del paño. Falla nos muestra, con esto, un reclamo que nuestra sociedad lleva hoy por bandera. El valor de una mujer no reside en su capacidad biológica, sino en su propio ser.

La cantaora permanece en escena, y entra el grueso de la compañía como una exhalación. Poco a poco, comienzan a elaborar un castillo humano, que corona una de las bailarinas, que viste un vestido granate. La compañía la sujeta a modo de procesión, y de esta forma abandonan el escenario, dejando un ambiente tenso, pesado. Cualquier carga se deshace con las bonitas palabras de la Jota de Falla, la cuarta canción popular española. “Dicen que no nos queremos porque no nos ven hablar. A tu corazón y al mío se lo pueden preguntar. Ya me despido de ti, de tu casa y tu ventana. Y aunque no quiera tu madre, adiós, niña, hasta mañana”. Esta jota nos revela el segundo secreto de la noche. El amor lucha, irrumpe, y no le hace falta exponerse para mostrarse verdadero. En este número, los artistas del ballet rodeaban en un círculo a una pareja que se movía grácil y juguetona, mientras el constante repique de las castañuelas traducía a música lo que para nosotros son mariposas en el estómago. Para la Nana, las bailarinas llegaban a escena con una falda de vuelo blanca, similar a un velo. Con todo, la coreografía para esta obra, mediante el predominio de posiciones de suelo, y solamente alzando la cabeza mirando arriba, simbolizaba el sueño y a un niño dormido. “¡Malaya!” Resuena el grito de la cantaora que despierta a la audiencia. La compañía forma en el Polo, última de las canciones populares españolas, dos castillos humanos, que enfrentan a un hombre y una mujer en la cima de cada uno de ellos. Ella lo mira, desafiante. Él la mira, impasible. Un amor brujo.

‘Viaje al amor brujo’.

‘Viaje al amor brujo’. / C. M.

Imponente, llega a escena la mujer de rojo. En el otro extremo, estático, una figura de traje y sombrero la observa. En los pies, esa figura masculina guarda un ramo de rojas rosas. La mujer de rojo contorsiona su cuerpo en el suelo, casi escondiéndose en su bata de cola. Ambos se entrelazan y bailan pegados. Es la unión de dos mundos, de dos culturas. La gitana habla de libertad; el hombre habla de cortesía y posesión. Una unión imposible, que vemos realizada sobre la escena. Cada uno defiende sus intereses y forma de vida. Se acercan, y llegado el momento, quieren besarse, pero no pueden. Las luces tornan a un rojo carmesí que expone la sensualidad del suceso. El carácter de la gitana opaca completamente el porte del hombre trajeado. Como muestra de confianza, ella abre los brazos y se deja caer hacia atrás, siendo recogida por él. ¿Son, pues, dos mundos irreconciliables? Mirándolo, ella se quita la bata de cola para dársela a él, entregando su amor y a sí misma. Por su parte, él hace lo propio con su chaqueta, con la que viste a su gitana. Y con todo el dolor de su corazón, él se va envuelto en la bata de cola, mientras ella abandona las tablas con la chaqueta del traje de su amado. Dos mundos que se conocieron, jugaron, se amaron, pero que tomaron caminos diferentes, sabiendo el amor que se profesaban mutuamente.

¿Qué es el amor? ¿Es acaso un hechizo, un conjuro? ¿Es un fuego eterno, que revive cuando las ascuas van a apagarse definitivamente? ¿Acaso es el amor uno solamente? El amor es negro y granate, y lleva en el rostro un velo verde esmeralda. El amor son los tacones de las bailaoras retumbando en las mesas sobre las que se marcaba con las manos el compás. El amor es inestable como una mirada. Seducción, pasión y engaño. Una bailarina juguetea con su compañero, acercándose y rodeándolo. Mientras sus cuerpos se rozan, este parece nervioso, fuera de control. Instantes después, el hombre saca un puñal con el que amenaza a su pareja, llevándola al límite. Como respuesta, ella responde apuntándole con un revólver. Suena la Danza ritual del fuego de Falla, y la mujer del velo verde, acompañada de una tropa de mujeres, revive a un muerto. La seductora, entonces, baila con el muerto, que la maltrata. Es rescatada por un segundo, pero no se decide a quedarse con él. Le pueden las ganas, le puede el amor. Ella se pierde entre la multitud de los bailarines, mientras suena la Canción del fuego fatuo. Se desarrolla un baile a cuatro que impide la realización del amor entre la seductora y el buen amante. Al amanecer, ella acaba muriendo, y las mujeres se la llevan en procesión.

Tal vez el amor es eso. Una lucha entre el querer y el amar, entre el ser y el poseer. Y en ese juego, ¡malaya! el embrujo del fuego fatuo, que nubla nuestra mente con el deseo de poseer aquello a lo que, por su propia naturaleza, jamás podremos estar unidos. Aunque haríamos cualquier cosa por lograrlo. ¿Es ese el Amor Brujo?

TEMAS

Tracking Pixel Contents