Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

En su rincón

Mares que inspiran y relajan

Hace tiempo comprendió que su lugar estaba en la incertidumbre luminosa de un lienzo en blanco. Hoy vive una serena madurez entre la pintura, la enseñanza y la familia.

Cristóbal en su taller de Murcia.

Cristóbal en su taller de Murcia.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Javier Lorente

Javier Lorente

Cristóbal Pérez García es uno de los artistas más significativos de nuestra Región. Nació en Álora, Málaga, pero con el tiempo se vino a Murcia por amor a una mujer aunque, como el cuenta con cierto humor, luego se casó con otra. El caso es que se ha afincado en este lugar del mundo, aunque sigue viajando y exponiendo por muchos otros sitios.

He quedado con él en su estudio, en las callejuelas del centro de la ciudad. Allí trabaja e imparte cursos a decenas de artistas que quieren aprender sus técnicas para pintar marinas o paisajes urbanos al óleo. También lleva sus cursos a otros lugares de España y de Europa. Le gusta viajar casi tanto como pintar, no en vano, durante años, ha sido un campeón en los concursos de pintura rápida al aire libre, a los que ha dedicado algunos años de su vida y, cuando ya no le quedaban premios que ganar ni caminos que recorrer, los dejó para centrarse de nuevo en la pintura de estudio y en su familia.

Está muy feliz porque con su pareja tiene una niña encantadora que les ha cambiado la vida. La foto se la hago con Dólar, su caniche blanco, y nuestra conversación se alarga con su simpatía y especial don de gentes.

Su padre quería que fuese arquitecto, y lo intentó, pero no pudo resistirse a la atracción que sentía por la pintura y escultura. Estudió Bellas Artes en Granada, se fue de Erasmus a Italia y amplió estudios en otros países. Como siempre le ha gustado la docencia, estuvo unos años dando clases en institutos y luego se centró en su obra personal. Se hizo autónomo y ahí sigue, bregando cada día con las ventas, sin parar de exponer ni de impartir esos cursos que tanto gustan a quienes lo siguen. «He tenido varias épocas en las que me he dejado llevar por la ansiendad. Al principo, por demostrar a mi padre que mi elección no había sido una locura y, luego, por demostrarme a mí mismo que podía ir a más. Quería comerme el mundo, ir rápido, llegar cada vez más lejos. Ahora estoy en un momento en que voy más despacio. En mi vida he soltado muchas cosas porque siempre quería agarrar otras. Me ofrecieron ser vicedecano de relaciones internacionales en la Facultad de Bellas Artes, después fui profesor de secundaria durante cinco años. Un día, empecé a picarme con los concursos de pintura rápida y me dejé todo por esta vida de arte en la carretera. He estado más de diez años dedicado en cuerpo y alma a esta modalidad al aire libre. Aprendí mucho y eso ya no hay quien te lo quite. La pintura rápida no se valora mucho por algunos críticos, injustamente, la verdad, pero es una manera de enfrentarte con el paisaje, con la ciudad y contigo mismo. He recorrido España entera, pueblo a pueblo, y hasta hice algunas locuras, como pintar el mismo día en dos concursos distintos. Aquella época la abandoné cuando decidí invertir todo aquél tiempo en pintar para diversas galerías. Al principio me daba miedo porque era lanzarte al vacío, sin red, y cortar con una trayectoria que me había dado bastante dinero, pero siempre he querido ir más allá».

En la actualidad, Cristóbal tiene galerías y marchantes en Nápoles, Barcelona, Londres, Marbella, Madrid o Nueva York. «Eso no quiere decir que todo me vaya siempre genial. A veces hay temporadas de sequía, en las que se vende poco, o relaciones problemáticas con alguna galería que no te paga con la rapidez que tú necesitas. Puede que a mí me vaya esta marcha de cierta aventura más que la vida cómoda del trabajo fijo. Por eso me vienen genial estos cursos que imparto en mi taller o en otras galerías».

Me cuenta su experiencia en cursos que ha impartido en Venecia, Nueva York, Londres o La Provenza. Este verano ha dado tres cursos en su propio taller, con el tema de marinas al óleo: «Iba a dar solo uno pero se agotaron las inscripciones y tuve que buscar hasta tres fechas. Me lo paso muy bien, me gusta dar clase y parece que a los alumnos también».

Como otra de sus especialidades es la escultura, me cuenta también su experiencia de ser profesor de la Escuela de Arte de Murcia: «La mejor publicidad que puedo tener es que la gente me vea pintar. Eso lo aprendí en los concursos al aire libre. En los cursos que doy es fundamental que los alumnos vean al profesor pintar. El boca a boca hace que vengan otros alumnos, incluso que salgan ventas».

Tiene muchos proyectos: próximas exposiciones en el Casino de Murcia y en el Festival Flamenco Ciudad del Sol en Lorca. También está preparando, para octubre, una en la Galería Babel de Murcia, sobre la Murcia del siglo XIX. Y me confiesa: «Llegó un momento en que estaba muy saturado con el paisaje urbano, así que empecé a centrarme en las marinas. Soy muy mediterráneo, me gustan las playas de Málaga, de Almería y de la Región de Murcia. El mar tiene tantos colores y tantos momentos que puedes pintarlo como una abstracción. Aprendí mucho de otros artistas, como Javier Torices, todo un virtuoso, y cada día sigo aprendiendo nuevas maneras de enfrentarme al mundo infinito de sus aguas, sus luces, sus texturas y sus reflejos. Me encanta pintarlo sobre lienzo o sobre madera, mis dos soportes preferidos. El mar me da paz, me relaja y se vende bien, pero es que yo disfruto pintándolo».

Le recuerdo que le he visto otros temas, como los toros, los árboles y ríos o los retratos, en los que también destaca por su maestría. Especialmente, me acuerdo de una que le ví en el Museo de Archena, titulada Zona Verde, que realmente me pareció soberbia, con un dominio espectacular de los verdes, siempre tan difícil: «Aquella exposición me la comisarió mi admirado y llorado amigo Pedro López Morales».

Terminamos hablando del ambiente artístico de nuestra Región. El artista se lamenta de que antes se veía más unión entre los artistas. Cada vez ve más personalismo y cada uno más a lo suyo. De la administración cultural regional prefiere no hablar: «Ya he renunciado a presentar proyectos e iniciativas que nunca me salen». Le saldrán, sin duda, es un gran artista y muy buena gente.

Tracking Pixel Contents