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Galería regional | Cuadros para una exposición (Sala tercera)

Mariano Ballester: ¿Qué es la realidad en relación al arte?

La obra, un monotipo de 1965, refleja la pasión del pintor por el dibujo, el color y las texturas, además de su interés por la obra seriada

El cuadro 'La Catedral. Efecto de Sol Poniente' de Mariano Ballester.

El cuadro 'La Catedral. Efecto de Sol Poniente' de Mariano Ballester. / Mariano Ballester

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Pedro Manzano

Pedro Manzano

El realismo artístico, entendido como teoría de la representación, se cuenta entre las concepciones más enigmáticas de la tradición estética occidental. Efectivamente, en última instancia, subordina la belleza a la verdad. Suspende el juicio en aras de una comparación final entre la obra de arte y la realidad, colocando así el mundo semiótico bajo la dependencia del otro.

François Rastier

La representación en el arte, –ese juego especular que conecta lo objetual, entendido como visible y tangible; y lo emocional, entendido como algo mental, sugerente e intangible–, aunque ha estado sujeta a negaciones e impugnaciones desde distintos ámbitos artísticos, se mantiene viva. Incluso a pesar de que numerosos artistas se hayan opuesto a menudo y denunciado la supuesta ¿dependencia? de una pretendida ilusión referencial. Dependencia que podríamos tildar de excesiva en algunas propuestas artísticas, valga el Hiperrealismo de ejemplo. Pero… ¿Qué pasaría si, por un instante, conviniésemos que el objeto representado es la realidad? ¿Cuál sería, entonces, la ilusión referencial? Quizá podríamos forzar un poco más la situación ficticia a la que aludimos, y establecer que el procedimiento artístico que más se acercaría entonces a esa otra realidad –planteamos, es evidente, un juego– sería la obra seriada y, aún mejor, la obra seriada que permitiese un solo ejemplar: un monotipo.

La Catedral, Efecto de Sol Poniente, es un monotipo creado por Mariano Ballester en 1965. Una pequeña obra que recoge bien algunos intereses del pintor: la pasión por el dibujo y el color; por las texturas que otorgan los pigmentos a las superficies pictóricas; por la estampa y la obra seriada, aunque aquí se refiera a un ejemplar único, pues esa particularidad es lo que define esta técnica. El monotipo está a caballo entre el dibujo, la pintura y el arte gráfico –del que se diferencia por la imposibilidad de obtener más de una estampa–. El artista ejecuta la obra sobre una matriz o superficie rígida con tinta acuosa y pigmentos frescos y oleosos, estampándola para obtener, por lo general –aunque pueden lograrse dos o tres ejemplares–, una imagen única, pudiendo ser –o no– intervenida a posteriori con grafías y color.

El interés de Mariano Ballester por la estampa y las distintas técnicas de grabado, pero sobre todo por el aguafuerte y la litografía, se remonta a su estancia en París, becado por el Instituto Francés en 1950. En su periodo francés llegaría a grabar en piedra litográfica en el taller de Monsieur Totin; el mismo taller donde estampaba sus carteles Lautrec. Obtendría el Premio Nacional de Grabado con la litografía La muerte del pájaro, realizada en 1955. El pintor dispuso –según contaba Juan Bautista Sanz– del primer tórculo que un artista tuvo en Murcia. Editaba aguafuertes y, también, litografías en tiradas cortas que, a veces, iluminaba con acuarelas y pigmentos. Un interés y acercamiento a la estampa, a la obra gráfica, que se puso de manifiesto en la colaboración realizada, en 1980, en la Sala de Exposiciones de Santa Isabel –dirigida por Martín Páez–, donde organizó un taller de grabado con la participación de distintos artistas y donde Ballester, poco antes de su fallecimiento, presentó y explicó, a artistas y público, distintas técnicas de estampación. En 1984, ya ausente, la CAAM mostraría parte de su amplia producción gráfica.

No es esta estampa la única incursión del pintor de Alcantarilla en la técnica del monotipo, Las beatas o Niña en el columpio son piezas realizadas entre los años cuarenta y cincuenta; en los sesenta realizó otras interesantes estampas: Niña con diávolo o Florero. Ni es, tampoco, la única vez que Ballester representó la Catedral como excusa plástica. La Catedral, imagen presente en todas sus etapas artísticas: en un óleo de 1960 que incorpora, a modo de collage, elementos de bisutería y preludia sus obras realizadas con la técnica del dripping; en un aguafuerte de 1973 y, en 1980, en otro pequeño óleo y un aguafuerte.

Esta Catedral, con Efecto de Sol Poniente, puede enmarcarse en esa etapa del pintor vinculada a la fundación del efímero grupo Puente Nuevo, del que formó parte junto a Ceferino Moreno y César Arias; una obra de radical expresividad y atrevido colorido, un elogio de la textura, el trazo y el color, que se expuso en la muestra Miradas sobre la Catedral 1964-1969, celebrada en el Museo de la Ciudad de Murcia, institución en cuyos fondos permanece, pues formó parte de la donación realizada al Museo por Doña María Dolores Cerdá.

¡La verdad! ¡La realidad! Preguntémonos, ¿qué es la verdad, la realidad, en relación al mundo, al sistema, del arte? Pero seamos atrevidos, dejemos sin respuesta la pregunta. Quizá debamos contravenir a Rastier y, ante el impacto y la belleza de esta pequeña obra poco nos importe cuál sea la verdad, y resulte más atractiva la representación que la realidad de lo representado.

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