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Entrevista

Miguel Sánchez Robles, escritor: "Donde mejor respira el alma de quien escribe es en la poesía"

El autor caravaqueño publica un nuevo libro de poesía en el que recoge sus versos más importantes del 1999 al 2024 y promete al lector encontrarse con un poeta intenso, místico y preocupado por la miseria humana

El autor caravaqueño Miguel Sánchez Robles

El autor caravaqueño Miguel Sánchez Robles / Ribero Hofecit

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Apasionado de la escritura, Miguel Sánchez Robles no se queda sin inspiración. En su último libro, Habitaciones de existir (2026, editorial Villa de Indianos), recoge su poesía más importante de los últimos veinticinco años para que el lector pueda dejarlo en la mesita de noche e ir descubriendo poco a poco "qué significa vivir". Sánchez Robles es un optimista en cuanto a la vida se refiere, a pesar de encontrarnos en un mundo en el que cada vez es más difícil disfrutarla.

El autor no solo se desenvuelve en la poesía, sino que también escribe novelas, relatos y es articulista en La Opinión, aunque siempre con la influencia poética que lleva sintiendo desde niño.

Entre su gran palmarés de premios destacan el VI Premio Internacional José Zorrilla, el XIX Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma y Alba y el Premio Internacional de Relatos Cortos Gabriel Miró. Algunos de sus títulos más recientes son: No sabe del amor quien vuelve vivo (2025), Solo vemos la luz (2022) y Te llamaré Tristeza (2022).

Este último libro suyo, Habitaciones de existir, es un recopilatorio de su poesía durante veinticinco años. ¿Cuándo y cómo descubrió su amor por este género?

Creo que la poesía me encontró a mí primero. De niño, cuando me fascinaba con los pájaros y con la hermosura de los árboles de las Fuentes del Marqués, y con los fósiles y el Barranco del Agua. La atracción que todo eso ejercía, el asombro que me producían, era pura poesía. Después, en el instituto, cuando descubrí que existían los poemas y los libros y una asignatura que se llamaba Filosofía y consistía en lo que consiste ‘la filosofía’, sentí una enorme alegría interior. Entonces yo era un adolescente que comenzó a comprender que existían las emociones demasiado intensas, y todo eso me llevó a escribir. Fue como cuando aparece el agua para alguien que atraviesa el desierto, un lujo y una necesidad a la vez. El desierto era aquella realidad social de entonces, pequeña, estrecha, gris. Desde aquello escribo poemas y miro la vida siempre con la misma actitud que algunos miran el mar durante horas o suben a una montaña sin hablar. La poesía fue mi manera de existir, mi manera de estar solo, como dijo Pessoa. Hay que estar muy solo y ser muy consciente de la belleza o la desgracia que te rodea para escribir poesía. Siempre supe estar solo, así titulo una de las siete partes de este libro.

El libro recoge seiscientas páginas de poemas. ¿Qué puede esperar el lector al sumergirse en la obra?

Creo que encontrará una especie de biografía clandestina, de conciencia emotiva y transversal. Veinticinco años preguntándome qué significa vivir, por qué nos conmueve o nos estremece tanto estar vivos, por qué y de qué nos salvan la belleza y el amor, por qué seguimos levantándonos y lavándonos la cara bajo el grifo con las manos llenas de puñados de agua cada mañana incluso los días en que todo parece hundido de antemano. Es también un libro para habitar en él. Una especie de mundo sin mapa al que me gustaría que el lector entrase como quien entra a un palacio barroco para pasear por él. Una de las partes, No quedan paraísos en medio de los taxis, es la más descriptiva en este sentido.

Además de poesía, también ha publicado novelas, relatos y artículos de opinión. ¿Cuál de todos los géneros es su favorito para expresarse?

Siempre la poesía. Incluso mis novelas pueden considerarse prosa poética. Para mí, utilizar la prosa es algo que me permite caminar más por el lenguaje; no caminar mejor, sino avanzar, llegar más lejos, alumbrar un sendero. El relato te enseña precisión, enjundia, chispa. Pero donde mejor respira el alma de quien escribe es en la poesía. La poesía es sobre todo el idioma adecuado con el que la conciencia habla cuando nadie la escucha. Últimamente me fascina también el artículo periodístico porque permite dialogar con el mundo, llega más al gran público y posee frescura creativa.

Se define como un poeta intenso, místico y preocupado por la miseria humana. ¿Cómo se compagina la realidad de un mundo "en llamas" con la visión positiva que tiene de la vida?

Precisamente porque el mundo arde más rápido que nunca es por lo que necesitamos defender la vida y la verdad. Nunca me han interesado el buenismo y el optimismo ingenuos. Tampoco la falsedad, la hipocresía y toda esa dramaturgia social que se realiza en nombre de la humanidad misma. Ese verso de Vicente Aleixandre que dice: "¡Oh, no, la falsedad no!" me parece un clamor adecuado para el momento histórico que estamos viviendo. La verdadera esperanza solo nace después de haber mirado la realidad sin apartar los ojos. Soy positivo porque, incluso después de tantas decepciones, sigo siendo capaz de ejercer la inocencia y de mirar con ternura la vida con gestos de amor que contradigan al desastre. Siempre he escrito desde esa contradicción personal.

También ha definido al planeta como "híspido y exhausto". ¿Cree que el mundo puede ir a mejor o cada vez es más difícil mantenerse positivo?

Todo ha parecido siempre estar a punto de romperse, pero lo sorprendente es que todavía seguimos aquí. Sería una presunción afirmar por mi parte que el mundo y la humanidad serán mejor en un futuro próximo, pero sí tengo claro eso de que "mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiarlo todo". El altruismo y la bondad nunca podrán cambiar la realidad entera de golpe, pero sí modificar poco a poco la Historia.

La sinopsis de Habitaciones de existir dice: "Sus versos exploran el vacío y el sentido de la vida, ese ‘vacío que inyecta la ansiedad’". ¿A qué se refiere con esto?

Todos llevamos dentro una habitación que nunca termina de llenarse. Intentamos llenarla con éxito, dinero, prestigio, consumo, idolatría…, pero, por mucho de todo eso que alcancemos, seguiremos esperando algo que no sabemos ni nombrar. Incluso en el fondo de la felicidad hay siempre un poco de angustia existencial. Y el vacío de esa habitación, la ansiedad por llenarlo, cada vez hace más insoportable todo. Pero ese vacío no debería ser un enemigo del hombre, sino un incentivo para crear, amar, buscar, hasta hacer más grande el consuelo. Tal vez esa ansiedad suponga además la nostalgia de una plenitud que nadie nos ha enseñado a aceptar y a reconocer.

Cubierta del libro 'Habitaciones de existir' (2026)

Cubierta del libro 'Habitaciones de existir' (2026) / L.O.

En su novela Te llamaré Tristeza, la protagonista sufre muchas desgracias, pero sigue creyendo en la bondad. ¿Se ve reflejado en ese personaje?

Muchísimo. Disfruté escribiendo ese libro y creando ese personaje que encarna Tristeza, esa muchacha que supo conservar siempre dos cosas que valoro por encima de todo: la lucidez y la ternura. Esa simbiosis produce una clase de bondad admirable, sobre todo porque cuando todo va bien no tiene demasiado mérito, pero cuando todo es tan terrible como en la vida de ella, sí que lo tiene. Es tan difícil mantenerse humano en ciertas circunstancias, seguir confiando en la gente después de haber conocido la oscuridad que a veces hay dentro de las personas. Muchos de mis personajes suelen intentar eso, se niegan a concederle la última palabra al abandono y la derrota.

¿Cómo mantiene la inspiración después de tantos años de trayectoria?

No lo sé. La literatura no brota solo de las cosas extraordinarias, sino de mirar con asombro las cosas ‘normales’, y esa actitud siempre la he tenido. Creo que no la voy a perder nunca. Lo que sí puedo decirte es que tengo muchos más proyectos de los que me va a dar tiempo a terminar. A veces creo que me quedarán proyectos literarios y libros que escribir para llenar con ello una vida más. Sería perfecto que tuviésemos más de un corazón y una vida, ¿no crees?

¿Ha cambiado su forma de entender o apreciar la literatura desde que entró en este mundo hasta ahora?

Sí. Cuando era joven admiraba la inteligencia que había dentro de los libros. Leía de todo, todo me fascinaba y yo también me dejaba fascinar. Ahora admiro más la compasión y el consuelo que hay dentro de ellos. Y la verdad y el hallazgo. Busco más escritores verdaderos, insobornables, no postrados a las modas y a los tiempos. Busco esa literatura que te haga sentir más concernido por la vida y menos solo. Con los años he comprendido que la literatura es una forma de esperanza, de consolar al hombre en su destino.

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