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Jazz San Javier

Un puente de swing a Italia y otro al pop de la Costa Oeste conquistó anoche Jazz San Javier

El Luca Filastro Trío, con la voz de Lara Ferrari, reivindicó la elegancia del jazz y la canción italiana, mientras que You Gun Silver Fox recreó con impecable precisión el sonido sofisticado del soft rock y el funk de los años setenta

Los Young Gun Silver Fox son los maestros absolutos en trasmintir buena onda sobre el escenario

Los Young Gun Silver Fox son los maestros absolutos en trasmintir buena onda sobre el escenario / Pedro Sáez

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Fue un maravilloso viaje al pasado. El Luca Filastro Trío estableció un puente de swing hacia Italia con la colaboración de la vocalista Lana Ferrari. Y, en la segunda parte del programa Andy Platts y Shawn Lee, también conocidos como Young Gun Silver Fox, nos sumergieron con un sonido impecable en el pop de la Costa Oeste de los 70.

Empezó el Luca Filastro Trío, músicos sintonizados con las frecuencias del swing (Vincenzo Florio al contrabajo, Andrea Nunzi a la batería). Filastro está considerado uno de los máximos exponentes europeos de la tradición del piano clásico de jazz, del piano stride, y no tardó en demostrar por qué su mano izquierda es un metrónomo humano.

Con una técnica asombrosa y una agilidad endiablada, Filastro abrió su recital con Darn that dream, una preciosa balada de Art Tatum con la que revivió la época dorada del stride y el swing. "Espero que no os hayáis dormido" dijo, antes de acometer otro standard: After you've gone, el original de Al Jonson, donde sus dedos volaron sobre el teclado rindiendo tributo tácito a gigantes como Fats Waller, Teddy Wilson y, por supuesto, Willie "The Lion" Smith.

A continuación, presentó a sus músicos y tocó su standard favorito, You are my sunshine, procedente del country. La compenetración con Florio y Nunzi permitió pasajes de un dinamismo rítmico apabullante, alternando momentos de puro virtuosismo con diálogos instrumentales íntimos que sacaron el máximo partido a la excelente acústica del auditorio al aire libre.

Y, de un tema alegre a una balada, Stardust, de Hoagy Carmichael, siguiendo con un original suyo muy animado, para cuyo título pidió sugerencias, y se quedó solo al piano para tocar dos temas de Willie 'The Lion' Smith: Echoes of Spring y Finterbuster.

El concierto de Luca Filastro Trío junto a Lara Ferrari fue una mezcal de demostración de técnica y celebración del jazz

El concierto de Luca Filastro Trío junto a Lara Ferrari fue una mezcal de demostración de técnica y celebración del jazz / Pedro Saez

A mitad del set entró en escena Lara Ferrari, la carismática voz del grupo de swing retro Sugarpie and The Candymen; poseedora de un timbre cálido y un fraseo exquisito que derrochó elegancia. "Demasiada testosterona en el escenario", dijo Filastro antes de presentar a la vocalista, que salió eufórica con un vestido plateado cantando Senza fine del maestro Gino Paoli, y anunció un set de canciones italianas.

De los años treinta escogió In cerca di te (perduto amore) de Natalino Otto, y luego siguió con un tema de 1961 envuelto en una rítmica bossa nova: Quando quando quando, de Tony Renis (¿Está vivo todavía?, se preguntaba). Terminó por llevarnos a los veranos de San Remo con Guarda che luna, inspirada en el Claro de Luna de Beethoven y grabado por el gran Fred Buscaglione, para presentarnos "la canzone italiana piu bella": Volare de Domenico Modugno.

Las melodías más emblemáticas del cancionero transalpino fueron deconstruidas y reorganizadas bajo el prisma del swing norteamericano. La complicidad entre el piano juguetón de Filastro y la interpretación -pasional pero controlada- de Ferrari dotó de una frescura asombrosa a cada pieza, transformando la sesión en una romántica y enérgica velada a orillas del Mediterráneo.

Para el bis Lara eligió un standard, Exactly like you, de Nina Simone, con la pertinente ronda de solos, scateando y mostrando todos sus registros.

El concierto no fue solo una demostración de técnica académica; fue una auténtica celebración del jazz como un lenguaje vivo capaz de tender puentes temporales y geográficos, que recogió la ovación del público.

La buena onda

Young Gun Silver Fox son maestros absolutos en evocar la buena onda que transmitían las emisoras de radio de música contemporánea para adultos en los años 70 y principios de los 80.

El nombre del grupo proviene de dos apodos: el de un famoso pistolero, y el del guitarrista Shawn Lee, de larga melena blanca. Ambos cuentan con una amplia experiencia previa: Andy Platts (Young Gun) fue el vocalista principal de la banda Mama’s Gun, y el Zorro Plateado Lee es un prolífico productor y compositor con varios álbumes publicados bajo el nombre de Ping Pong Orchestra. También ha sido escudero de Saint Etienne.

Aquello del yacht rock, término acuñado en chufla por un grupo de cómicos que subían sketches protagonizados por parodias de Michael McDonald y otros músicos de onda soft rock a YouTube, dio carta de naturaleza a todos esos placeres culpables que cualquiera guardaba (muy) dentro de sí. De repente, no era tan anti-cool decir que te gustaban Doobie Brothers, Boz Scaggs, TOTO o Christopher Cross. Emular a toda aquella pléyade de referentes de la alta fidelidad rock no es cosa fácil.

La actuación de Young Gun Silver Fox fue un soplo de aire fresco, un modo de acudir a melodías escapistas en las que poder explayarse a gusto como músicos y productores, al margen de sus proyectos principales. Su carrera no ha hecho más que crecer. Y Pleasure, el quinto capítulo de esta historia, lo confirma regalando en sus canciones momentos de placer y evasión musical donde refugiarse.

Esa proximidad se nota en la carnosidad de las canciones, la felicidad y en la explícita declaración de intenciones que es Just for pleasure. El funk, el pop soul y el soft rock se entremezclaban a la perfección, con un estilo que no crea, sino que recrea. Es, más que nada, un homenaje consciente y certero a aquella época dorada.

Young Gun Silver Fox subieron al escenario con una especie de apertura que sirvió de introducción a Winners, un tema del último álbum ("Somos Young Gun Silver Fox y vamos a tocar smooth", dijo Platt antes de seguir, tras superar un problema del ampli -"Es el ampli número 65 que nos cargamos"- con Kids, todo un gran éxito llegado desde el pasado y más que apto para el presente.

Young Gun Silver Fox

Young Gun Silver Fox / Pedro Saez

Imposible no resaltar la brillantez de estos tipos que tocan como ángeles y armonizan mejor. Lo tienen todo: la musicalidad, las canciones, el estilo, la solvencia, la elegancia y la creencia en lo que hacen. Supera con creces la mera recreación vintage. Algunas de las canciones que interpretaron parecían clásicos intemporales. El cuarteto, y los dos vientos que entraban y salían continuamente, no solo les hicieron justicia, sino que perfeccionaron lo que se oye en sus discos.

El directo es pulcro, idónea mezcla de la finura conseguida en el estudio de grabación y la garra que necesita un escenario. Parece que no hacen nada especial, pero todo responde a las mil maravillas. El teclado era el motor principal, pero la guitarra añadía mucha profundidad, con la percusión y alguna que otra melodía de flauta completando el sonido. Todas tenían un estribillo bastante potente y las melodías vocales eran simplemente memorables.

A ello debemos añadir la espectacular base rítmica compuesta por Adrian Meehan (batería) y Paul Housden (bajo), responsables del poderoso pulso funk que enfatizó temas de última hornada como Rolling back, la colosal Simple imagination (remembranzas a Earth Wind & Fire) o Tip of the flame, un efectivo cruce entre Michael Jackson y KC and The Sunshine Band, amén de una Still got it goin' on que sonaba a unos Steely Dan renacidos (su influencia se deja notar: desde el sonido impecable de la batería hasta la superposición de voces, pasando por los ocasionales y precisos arreglos de metales, hasta los distintivos cambios de acordes que definieron aquella música).

En Stevie & Sly, donde rinden homenaje a Stevie Wonder y Sly and the Family Stone, gritaban a los cuatro vientos que quieren volver a 1975 envueltos en ese sonido que parece maridar en la perfección absoluta a Earth, Wind And Fire y Bobby Caldwell. Queda claro que Lee y Platts no inventan nada nuevo. Lo suyo es rendir pleitesía a sus referentes sin necesidad de recurrir a versiones; todo lo que tocaron fueron composiciones suyas.

La voz de Platt era suave y fluida, reminiscente de Daryl Hall, abarcando tres octavas con una alegría conmovedora y un control dinámico magistral. Había concentración en el escenario, pero también espacio para la espontaneidad lúdica, especialmente en cómo abrían y cerraban las canciones. Escuchar a Platt utilizando todos sus recursos vocales, el falsete (a lo Curtis Mayfield) es un placer.

Por si fuera poco, es muy buen teclista. Lee, con su mono granjero, no tiene tanto protagonismo, pero los delicados punteos que salen de su guitarra son los justos y necesarios. Ejerce también de corista, emanando una sabiduría y seguridad como pocas veces se ve.

En un repertorio basado en sus cinco LP’s, destacó el protagonismo de AM Waves (Lègére Recordings, 2018) del que interpretaron, a cuál mejor, Mojo rising (armonías tipo America o Eagles), Love guarantee, la majestuosa Lenny, donde el protagonista desconsolado se emborracha en un bar que está atendido nada menos que por Lenny Kravitz, y Kingston boggie, una joya disco-playera que cerró el brillante show, tal vez algo monocromático, aunque al final dieron un poco de vidilla las coreografías juguetonas de los metales, que hicieron sendos y pletóricos solos vestidos con sus camisas veraniegas.

Lo que Young Gun Silver Fox aportaron al escenario, sobre todo, fue ese factor de bienestar tan difícil de definir. Todos sonreían al final, y eso, más que nada, es la señal de un gran concierto. En su Delorean transportaron al público a un mundo mágico de sol y buenas vibraciones.

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