Entrevista
Alfredo Ávila, autor de 'Maldita herencia': "El ritmo de la comedia debe ser casi endiablado"
La compañía murciana La Murga Teatro lleva a Caravaca su último montaje, una atípica comedia de Alfredo Ávila que promete divertir con personajes estrambóticos y diálogos ágiles

Actores durante la interpretación de Maldita herencia / L. O.
La compañía murciana La Murga Teatro llega este sábado a la Plaza de Toros de Caravaca con su último trabajo, Maldita herencia. Una divertida comedia para todos los públicos.
Julia, ante la muerte de su padre, hereda el antiguo domicilio familiar. En ningún momento ella ni su peculiar marido, Roberto, imaginaban que algo tan aparentemente sencillo se fuera a convertir en toda una siniestra aventura. Sin duda, heredar una vivienda nunca se convirtió en algo tan difícil y divertido a la vez.
Estamos, evidentemente, ante una atípica comedia. Llena de enredos, diálogos ágiles, personajes estrambóticos, y situaciones inesperadas y sorprendentes, Maldita herencia se desarrolla entre situaciones terriblemente divertidas. Sin duda, el objetivo de este espectáculo es sacar al espectador una sonrisa o, en el mejor de los casos, una buena colección de carcajadas.
La obra se presentará este sábado en la Plaza de Toros de Caravaca a las 22.30 horas, en el marco de la Semana de Teatro. Alfredo Ávila, su autor, explica los entresijos de Maldita herencia y del teatro de comedia.
El público descubrirá cómo, a raíz de una herencia, sobre las tablas se desarrolla una comedia llena de enredos, situaciones inesperadas y sorprendentes.
Lo que he intentado como autor de la obra es que el público vaya al teatro a pasar un rato divertido. Este es el trabajo que hacemos todo el equipo de La Murga Teatro. Todo el reparto, tanto Raquel Torres, como José María Bañón y Pedro Alejandro Villalba. Lo de que la realidad puede superar a la propia ficción, en esta obra, se puede ver claramente.
Qué puede pasar en una casa antigua, de un familiar, con una herencia de por medio y donde pasan cosas raras. No voy a desvelar el por qué, pero sí es cierto que hay circunstancias que están haciendo que en esa casa pasen cosas extrañas y muy divertidas para el espectador.
Una obra que toca el teatro de lo absurdo.
Totalmente, sí. La comedia tiene siempre un contenido absurdo. Es cierto que los personajes a veces entran en situaciones límite, en el extremo, con lo cual está tocando un poco la línea del absurdo. En ciertos momentos uno puede recordar las cosas de Poncela, o incluso de Eugène Ionesco. Sin llegar hasta ahí, pero sí es cierto que estamos un poquito en el extremo. Es un tipo de humor que me gusta, donde de repente estamos basándonos en situaciones tan extremas que también llevan al público al extremo de la realidad.
Protagonistas como Raquel Torres, Pedro Alejandro Villalba y José María Bañón. Tres actores de la casa y con una trayectoria increíble. ¿Qué tal ha sido el trabajo con ellos?
Ha sido muy divertido y apasionante. Tienen mucho nivel y, además, es gente con la cual estoy acostumbrado a trabajar. Son gente, como decías, del equipo y de la casa, que ya han estado en diferentes montajes con La Murga Teatro. Los conozco muy bien y, a la hora de dirigirlos y trabajar, hacen que todo sea mucho más fácil y divertido. Sobre todo cuando trabajas un proyecto así, que es tan de jugar, por así decirlo, a la hora de construir los personajes y las situaciones.
Estamos viviendo un momento de mucho nivel con los actores y actrices de la Región, en este sentido, La Murga también se ha dedicado a la docencia.
Para nosotros es fundamental. Actores como Pedro Alejandro Villalba o Javier Mula han pasado por nuestra escuela. La verdad es que la parte de la docencia para nosotros es muy importante. Nos importa a nivel profesional y supone también una salida para toda nuestra gente. Pensamos que quien aprende a hacer teatro son espectadores teatrales, con lo cual, estamos también creando público, sin duda. La pedagogía teatral también lleva a que sean futuros espectadores de teatro.

Maldita Herencia / L. O.
¿Cómo fue el proceso creativo y cómo surgió la idea?
Llevo bastantes años escribiendo teatro. Es una cosa que me apasiona porque creo que es la base de todo. Es muy importante ser buen productor de teatro, que haya buenos actores, una buena dirección, una banda sonora magnífica -que, en este caso, también es del músico de Archena, Pedro Contreras, gran músico-. En definitiva, que tengamos todo ese equipo, un buen diseñador de publicidad y de marketing, todo eso es genial y fundamental, pero el texto es lo primario, es decir, sin un buen texto no podemos salvar los muebles, es fundamental.
Me apasiona la idea de escribir, ya he escrito cosas para La Murga en otros espectáculos, infantiles normalmente. Después de la última obra que tuvimos anteriormente en gira, Del laberinto al 30 de José Luis Alonso de Santos, magnífico autor, pensé en estrenar una propia. Le estoy cogiendo el gusto. La próxima obra de La Murga, que se estrenará en noviembre, también es un texto mío, y será una comedia.
En este tipo de comedias es fundamental que el ritmo no se pierda en ningún momento.
Como fui actor durante muchos años, mi secreto a la hora de construir los textos es ir escribiendo e interpretando la historia, es decir, poniéndola en mi cabeza interpretando a los personajes direcamente.
En la comedia, a diferencia del drama, el ritmo es fundamental, así como la energía de los personajes. Cuando vas a ver una obra dramática, los conflictos se estiran más en el tiempo y la atmósfera es mucho más cargada, pero en la comedia los conflictos tienen que ser más rápidos y, sobre todo, haber más situaciones en el mismo tiempo o a la vez. La energía, el ritmo, la cantidad de problemas que le van surgiendo los personajes, deben tener un ritmo casi endiablado.
Una obra que lleva un recorrido muy intenso y con un gran éxito.
Estamos muy contentos porque, además, tiene una clave que al público está gustando mucho, y son determinados trucos que suceden sobre la escenografía.
Luego, también tiene otra cosa muy interesante para mi, como autor y director, y es que es un humor muy blanco. Es decir, puede ir a verlo un niño de ocho o nueve años y se va a divertir. No es una obra, evidentemente, para público infantil, pero al tener un humor muy blanco puede verla cualquier persona de cualquier edad.
Tiene muchos ingredientes que hacen que el público pase un rato muy divertido. Poder extraer esas sonrisas o carcajadas a nosotros nos hace muy felices. Más en los tiempos que corren, que cuesta mucho poder reírnos.
La obra encaja a la perfección con aquellos jóvenes a los que el teatro infantil ya se les queda corto, para que sigan enganchados en este mundo.
Efectivamente, es una comedia para todos los públicos. Al final, creo que es obligación de los que hacemos teatro, desde los programadores hasta los ayuntamientos -como es el caso de Caravaca, que apuesta tantísimo por el teatro-, hacer propuestas para que cada día vaya más público y salgamos un poco de esta sociedad que tenemos, encerrada en habitaciones rodeadas de pantallas. Es fundamental que salgamos al teatro, a la cultura en vivo. Siempre he defiendo esto como algo urgente, necesario y vital.
Como director de la compañía, ¿cuándo se sabe que un espectáculo ha terminado su recorrido?
Es complicado de decidir. En el teatro infantil, por ejemplo, esta situación casi no se da porque los niños van cambiando generacionalmente. Por ejemplo, en La ratita presumida llevamos diez años de gira y, aunque tenemos ciertas paradas cíclicas, cuando regresamos hay otra generación de niños diferente.
En el teatro de adultos nos pasa un poquito igual. Nos cuesta despegarnos de espectáculos que están funcionando bien. Hacemos paradas al espectáculo, por ejemplo, con Tic tac Poe estamos en una fase de parada, pero volveremos otra vez con las representaciones porque por donde ha pasado ha gustado mucho.
Ahora nos ha sucedido que, con El laberinto al 30, la tenemos un poco parada porque es una comedia y porque Maldita herencia está en gira. Somos una compañía de repertorio y nos gusta llevar en cartera una buena selección de trabajos.
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