En su rincón
Paula Marco: Arte que te resetea
La artista es el vivo ejemplo del efecto sanador y terapéutico del arte. Tras superar una amnesia que borró parte de sus recuerdos, encontró en la pintura la vía para recuperar su identidad

Paula Marco en su taller. / Javier Lorente
Paula Marco Pérez tiene su taller de artista en las afueras de Yecla, en una amplia finca en plena naturaleza. La casa alberga una amplia y variada familia de doce hermanos. Su madre, el faro familiar; su padre, autónomo, se dedica a la fabricación de muebles. Entre sus hermanos lo mismo encontramos a un mecánico, a un piloto de aviones, a una enfermera o a una maestra. Paula es la hija mayor, tiene treinta y pocos años y ha superado una grave enfermedad mental que le generó una amnesia total, haciéndole perder todos sus recuerdos y habilidades. No recordaba qué pintaba, aún tiene pendiente leer sus propios libros de relatos publicados, y retomar su pasión por la música. Por lo pronto, ha vuelto a pintar, aunque ya no tenía claro si era diestra o era zurda. Veo en su taller que tiene un dominio prodigioso del dibujo pero es consciente de que tiene que empezar desde cero: "Me he apuntado a las clases de Jesús Inglés Canalejo porque, como a él, me gusta mucho la figura humana y el retrato", me dice. La verdad es que yo veo en su estudio la calidad de sus dibujos, tanto en blanco y negro como en color, con una espectacular técnica casi hiperrealista.
Hace unos meses expuso estos nuevos retratos en la Casa de Cultura de Yecla, donde sorprendió a todos, y ahora está trabajando en una nueva serie sobre temática religiosa. Me dice que ha recuperado su fe. Hoy hace mucho calor. Me recibe con exquisita educación y agrado, a la vez que me ofrece algo fresco, o un café o un té. Yo le pido un vaso de agua -"si puede ser helada, mejor"-. Es muy agradable y sin doblez; me habla como si nos conociéramos de toda la vida. Me cuenta su bajada a los infiernos y su esperanzadora vuelta, como un renacer a la vida: "Sufrí el dolor inmenso de la violación, no me importa contarlo públicamente porque mi experiencia tal vez pueda ayudar a alguien. Mi testimonio demuestra que de esto también se puede salir y resetear tu vida. Lo que quiero dejar claro es la gran ayuda que recibí por parte de mi familia, de los profesionales médicos y también del dibujo y la pintura, fundamentales en mi sanación".
Me cuenta su calvario, agravado cuando el abuso se produce por alguien cercano. Me cuenta la enfermedad mental que todo ello le causó: "Tuve problemas de todo tipo, físicos y mentales, no salía del pozo y al final entré en estado de shock. Estuve ingresada en el hospital psiquiátrico de El Palmar y, como última solución, tuvieron que tratarme con varias sesiones de terapia electroconvulsiva. Todo aquello me produjo un estado de amnesia retrógada. Olvidé casi todo de mí y de mi vida, tuve que volver a conocer gente, aprendí de nuevo a escribir. Me veía incapaz de volver a pintar como esos cuadros que colgaban de las paredes y que llevaban mi firma". Lo que me va contando me eriza la piel. La escucho hablar y cada día tengo más claro que el cerebro es un misterio y que el arte sana el alma. Paula había hecho Bachiller de Arte y había publicado seis libros de relatos fantásticos, recogiendo los cuentos que les contaba a sus hermanos: "El arte, la música y la escritura nos hacen maravillas, nos hacen verdaderamente humanos, nos dan la vida. Para mí han sido una terapia maravillosa. Yo tuve una época en la que no me quería ni levantar de la cama. También me ha ayudado mi acercamiento personal a Dios. Lo más difícil ha sido cuando la gente me paraba y me decía: ‘Paula, ¿no te acuerdas de mi?’ No. No me acordaba de nada ni de nadie, ni siquiera sabía quién era yo".
Ahora le echa muchas horas a la pintura: "Mi prioridad es cuidarme y dibujar. Me gusta dibujar personas porque me gusta indagar en sus miradas. Intento captar los sentimientos, las alegrías, el dolor y todo lo que transmitimos a través de los ojos. Me gusta mucho la naturaleza, pero no me veo pintando paisajes. Tampoco soy competitiva, no quiero parecerme a nadie ni ser la mejor en nada, me conformo con ser auténtica, diferente y, si no, al menos con disfrutar pintando".
Paula tiene algunos precedentes artísticos en su familia: "Mi abuelo ya pintaba paisajes de Yecla y mi padre siempre ha pintado también". A ella, además, le gusta mucho la música: "He descubierto que antes también tocaba el piano, la guitarra y algo de violín. He empezado a retomar un poco el violín. Son muchos años perdidos y estoy intentando recuperar aquella persona que fui. He pasado una larga temporada muy difícil, tenía hasta trastornos obsesivos compulsivos. Un tiempo me dio por no pisar las lineas de las losas en el suelo, como aquella película, Mejor imposible. La verdad es que pasé de ser una niña alegre y sociable, que jugaba con sus hermanos a la casa de la pradera y dotada para las artes, a hundirme como persona. Tengo claro que ahora solo quiero reencontrarme, volver a empezar y seguir aprendiendo. No es triste porque me encanta aprender".
Trazos con alma es el título de su citada última exposición, nombre muy apropiado para esta terapia artística que le está ayudando a sanar y a recordar a los demás y a sí misma. Qué forma más hermosa de volver a empezar. Le gusta decir: "Cuando todo es más oscuro es cuando más brillan las estrellas". Milagro.
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