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Clásico literario

Sale a la venta una edición ilustrada del poemario 'El rayo que no cesa' de Miguel Hernández

El ilustrador Pedro Oyarbide publica con la editorial Lunwerg una versión de la obra cumbre del poeta que traslada al lenguaje visual el desgarro emocional reflejado en sus versos

"El rayo que no cesa" plasma el desgarro emocional que estaba viviendo Miguel Hernández

"El rayo que no cesa" plasma el desgarro emocional que estaba viviendo Miguel Hernández / Pedro Oyarbide

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Juan Fernández

Alicante

El ilustrador Pedro Oyarbide, creador de las portadas de la exitosa saga de libros 'Blackwater', ha publicado con la editorial Lunwerg una versión muy personal de 'El rayo que no cesa', la obra cumbre del poeta oriolano Miguel Hernández. Esta versión, ya disponible en librerías, permite redescubrir el clásico de la poesía española gracias a un lenguaje visual que muestra el desgarro personal que el autor reflejó en sus versos, coincidiendo con que en 2026 se cumplen 90 años de su publicación.

De esta manera, los treinta poemas del libro adquieren una dimensión inédita en esta edición profusamente ilustrada que invita a una lectura renovada, donde palabra e imagen dialogan para intensificar la emoción, el tormento y la belleza de un libro esencial de la literatura española. El amor, apasionado y doloroso, es el tema central de una obra que plasma la frustración y el sufrimiento emocional que provoca un amor difícil, así como la atracción hacia la persona amada.

Una de las ilustraciones presentes en la edición ilustrada de "El rayo que no cesa"

Una de las ilustraciones presentes en la edición ilustrada de "El rayo que no cesa" / Pedro Oyarbide

El título, 'El rayo que no cesa', simboliza precisamente ese dolor persistente, una herida emocional que no desaparece y que acompaña al poeta de forma continuada. A lo largo de la obra aparece constantemente la figura de la muerte y del destino trágico. Además, está inspirada principalmente en la relación que el poeta del pueblo mantuvo con Josefina Manresa, aunque también deja constancia de otras experiencias sentimentales como la de Maruja Mallo y de la influencia de la tradición poética española, representada por autores como Francisco de Quevedo o Garcilaso de la Vega.

"Lo que más me atrajo de este proyecto fue, sobre todo, la intensidad con la que vivió una vida desgraciadamente muy corta. Era una persona de origen humilde que poseía una sensibilidad extraordinaria. Después, el contexto histórico lo empuja a comprometerse, a combatir y, finalmente, a sufrir un final profundamente trágico", explica a Información Pedro Oyarbide. "Siempre me ha impactado que, a diferencia de otras personas que pudieron exiliarse gracias a mejores condiciones económicas o personales, él asumiera las consecuencias de sus decisiones hasta el final".

Portada de "El rayo que no cesa" publicado por Lunwerg Editores

Portada de "El rayo que no cesa" publicado por Lunwerg Editores / INFORMACIÓN

Miguel Hernández se incorporó al Ejército Popular de la República tras el golpe militar de julio de 1936, precisamente después de la publicación de este poemario de marcado carácter emocional. Un hecho que le llevó posteriormente a dar forma a una poesía más combativa con obras como 'Vientos del pueblo' (1937) o 'El hombre acecha' (1938), configurando un estilo conocido como "poesía de guerra". Esa implicación política provocó que fuera condenado a muerte, una pena que posteriormente fue conmutada por treinta años de prisión y que terminó con su fallecimiento por tuberculosis en la cárcel de Alicante.

De la literatura a la ilustración

El libro entra primero por los ojos. Una portada doble, que deja visible el rostro dorado de Miguel Hernández, permite entrever lo que va a encontrar el lector al sumergirse en sus versos. Si algo destaca de esta edición del poemario es que todas y cada una de las páginas están ilustradas de acuerdo con el trazo que acostumbra a desarrollar Oyarbide, aportando un mayor empaque al contenido. "Siempre he estado muy influenciado por el arte ornamental y por artistas que trabajaban la composición de forma muy estructurada y decorativa", apunta el ilustrador.

Una doble página presente en el libro

Una doble página presente en el libro / Pedro Oyarbide

En las páginas se suceden composiciones sustentadas por la geometría y las simetrías, con una intención decorativa muy marcada. "La portada fue la que marcó el tono de todo el proyecto", asegura el dibujante, que posteriormente ilustró más de 120 páginas en las que plasmó tanto sus dibujos como juegos visuales con el propio texto de la obra. "No quería que la maquetación se hiciera con una tipografía estándar de ordenador, así que redibujé todo el texto para que el interior del libro estuviera completamente realizado por mí", destaca.

Para poder ilustrar lo que un escritor creó hace 90 años, es necesario buscar primero las emociones que brotaban de su interior. En este caso, Oyarbide asegura que "desde el propio título, esta obra es enormemente evocadora". Continúa: "Había leído poemas sueltos, pero no el libro completo, y me encontré con una cantidad inmensa de imágenes visuales que me resultaban muy fáciles de trasladar a la ilustración", apunta el madrileño, que asegura que el proceso de creación fue "casi automático".

Arranque del decimosexto poema de "El rayo que no cesa"

Arranque del decimosexto poema de "El rayo que no cesa" / Pedro Oyarbide

¿Un futuro ligado al poeta?

Tras la buena acogida que está teniendo la edición, Pedro Oyarbide explica que todavía no se ha hablado de dar forma a otros poemarios del poeta oriolano, "pero me encantaría porque es un honor y un orgullo poder ilustrar a Miguel Hernández y poner mi nombre junto al suyo". El ilustrador asegura que Miguel Hernández siempre ha sido su poeta favorito, "tanto por su obra como por su figura, así que propuse ilustrar un poemario que no tiene una carga política tan marcada como otros textos suyos y que es, ante todo, una obra de amor".

No obstante, no descarta dar forma a otras obras más políticas en el futuro, aunque ilustrar un poemario de estas características supone una labor lenta. "También sería muy bonito poder ir a Orihuela, pasear por la casa-museo de Miguel Hernández y comprender el arraigo que ha tenido su figura en el territorio", finaliza Oyarbide, que además ha utilizado para esta obra una paleta de colores dominada por los tonos ocres, el rojo granate y el verde; unos colores que, casualmente, también forman parte de la bandera de la localidad.

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Fuente: Información

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