Entrevista
Ana Sánchez, propietaria de la librería Educania: "Si entraba un niño al que su padre lo llevaba con el móvil, sabía que no era mi público"
Cierra la librería de los niños murcianos el próximo día 30 de junio, tras 20 años abierta, primero en la calle Sociedad y después en Alfaro, 8; el coste del centro urbano, el comercio ‘online’ y los cambios en el entretenimiento condenan este negocio único

Ana Sánchez posa junto a su selección de cuentos en la librería Educania, que cierra en la calle Alfaro, 8 / L.O
A quién no le defrauda un final demasiado cerrado. El que se resuelve de forma abrupta en la última página y en el que ganan los malos. Así es el de la librería Educania de Murcia, que echa el cierre sin segunda parte prevista, sin plan B. Ana Sánchez creó hace dos décadas el negocio como un mundo imaginario de varias generaciones de niños murcianos en su primer local en la calle Sociedad. Aquellas dos plantas estaban repletas de juegos para aprender manchándose, entretenerse encajando piezas, tocar, disfrazarse... crear un mundo propio, no ser absorbido por uno virtual. Los cuentos que vendía no eran historias ‘disney’, sino las primeras lecciones de vida entre padres e hijos antes de dormir.
Después de iniciativas culturales como cuentacuentos, actividades en familia, conferencias... Ana Sánchez anunció hace una semana a través de redes sociales el cierre definitivo, que será el próximo 30 de junio. Hasta ese día, estará abierta al público para la liquidación. El cuento de Educania concluye con más preguntas que moralejas: a qué modelo de sociedad vamos, cómo queremos educar a la siguiente generación y cómo queremos que sean nuestras ciudades.
Lo primero, ¿cómo afronta estos días?
Un poco triste porque es una decisión que he tomado con mucho tiempo. Está muy meditada y pensada, pero es inevitable estar triste cuando estoy recibiendo el cariño de mucha gente, de clientes que están viniendo a ayudarme con el proceso tanto emocional como económico. Es como una montaña rusa.
¿Qué le dicen los clientes que entran por última vez?
Me cuentan que les da mucha pena, que no hay un negocio igual en la ciudad. Muchos no lo entienden y tratan de darme ideas. Me aconsejan, por ejemplo, cambiarme a otro bajo, pero llega un momento que la decisión está tomada y por ahora no hay marcha atrás.
¿Por qué no?
Porque económicamente no es viable. Mi concepto de negocio y el que yo quiero es así y no puedo hacer otra cosa. Ya he intentado muchas alternativas y llevo años luchando con esto, pero llega un momento en el que hay que aceptar la realidad.
El proceso de selección de los productos y los libros lo hacíamos con mucho cariño; conseguimos crecer con las familias
¿Cuál es esa filosofía que ha mantenido el negocio durante dos décadas?
Educania nace como una tienda que no había en esta ciudad. Tenía que ser una tienda diferente y bonita, en la que entraras y estuvieras en un mundo de fantasía. Yo lo veía en los viajes que hacía por diferentes países de Europa, eso se consiguió.
Y cuando cierre, no habrá ninguno.
Para mí, el juego educativo era la principal apuesta que yo quería tener. Y luego, por supuesto, la selección de libros, que se me hacía cada vez más difícil por el volumen de libros editados y los temas que a mí no me gustan. El proceso de selección de los productos y los libros lo hacíamos con mucho cariño, con interés, le dedicábamos un tiempo e íbamos cambiando de marcas para que no fuera siempre lo mismo. Con esto intentábamos, y creo que conseguimos, crecer con las familias e ir amoldándonos a lo que nos pedían.
¿Qué le ha faltado entonces?
No he sabido engancharme al ‘online’, cuesta mucho y lleva un coste económico que yo no he podido asumir. Llega un momento en el que hay que ser realista y salir antes de meterme en una bola más grande.
Un alquiler no puede costar más que un empleado, porque tienes que sacar mucho dinero y los márgenes son cada vez más pequeño
¿Qué dificultades tiene una tienda como esta para quedarse en el centro de la ciudad?
Un alquiler no puede costar más que un empleado, porque tienes que sacar mucho dinero y los márgenes son cada vez más pequeños. Son muchos los ataques que tenemos: el ‘online’, impuestos adecuados... Porque yo soy la primera partidaria de pagarlos para todos los servicios, soy muy propúblico, pero tenemos que tener un equilibrio que yo, al final, no he conseguido. Hay otros que quieren intentarlo hasta el final. Pero cada vez está más difícil, los parkings no pueden estar tan caros como están porque hace imposible venir a trabajar...
Es psicóloga de formación. ¿En vez de estudiar oposiciones o montar una clínica, por qué eligió este camino?
Decido escoger este camino por cosa de familia. Mi padre tenía una distribuidora muy importante de libros y papelería en Murcia y a mí era algo que siempre me había gustado. Hice psicología porque me gustaba y me apetecía, más que porque fuera a trabajar en ello en el futuro. Ahora es algo que no descarto, claro, pero me formaré y me reciclaré, por supuesto.
¿Le ha ayudado a crear Educania?
Sí, y siempre he dicho que si abrieran otro Educania enfrente, nunca iba a ser como este. Porque tiene mi toque personal, mi esencia. Mucha gente me pregunta: «¿Por qué no lo traspasas»? Educania es mi hijo y quiero que llegue al final conmigo. Tampoco sé en qué va a derivar esto, no tengo un plan B.
Lo más satisfactorio ha sido que venga un cliente y nos diga: "Me encanta esta tienda, a mi hijo le encanta todo lo que me llevo de aquí"
El vídeo que ha subido a Instagram con el anuncio de cierre se ha viralizado, con más de 30.000 visualizaciones. ¿No se plantea otra oportunidad añadiendo las redes?
Tengo 300 seguidores más en Instagram que cuando anuncié que cerraba. Quizá sea una señal. Hay mucha gente que me ha escrito, de toda España, gente que no me conoce... Están escribiendo mensajes muy bonitos y con mucho cariño. Pero esas 100.000 personas que ahora han visto el vídeo, ¿dónde estaban cuando las he necesitado para que esto no sucediera?
¿Tiene algo que ver que el móvil haya sustituido al cuento y cualquier otro tipo de entretenimiento sin pantallas, saludable?
Hay diferentes tipos de familia, de educación, de padres y madres. Esto va dirigido a un público muy concreto. Aquí no hay libros de Diseney. Tenemos libros con un valor añadido: trabajan funciones ejecutivas, emociones, cosas que los niños necesitan. Libros para pasar un rato tranquilo, con una encuadernación bonita, ilustraciones con encanto y elegantes... Todo eso transmite al niño una sabiduría con la que no crecen otros que están pegados al móvil, y es que la clave es que sus padres y sus educadores les dediquen tiempo.A veces me han entrado niños de uno o dos años que los llevan sus padres con el móvil, y sé que a esa persona le va a costar mucho encontrar algo ahí, porque no es mi público.
Si tuviera que quedarse con un recuerdo de estos años, ¿cuál sería?
Los festivales que hemos organizado, por ejemplo ‘Murcia de Cuento’, ‘Lenguaraz’, fiestas del día del libro... Todo eso me gustaría seguir haciéndolo, pero es cierto que se necesita financiación. He tenido muchos encuentros con autores, firmas, cuentacuentos, mascotas que han venido. No me podría quedar con uno. Quizá cuando nos ha visitado algún autor y se hace una cola que te llega hasta la catedral. O cuando viene un cliente y nos dice: "Me encanta esta tienda, a mi hijo le encanta todo lo que me llevo de aquí". Para mí eso ha sido lo más satisfactorio.
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