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Entrevista

Sara María Cutiopala Alulema, la nieta de los Andes que enseña Ecuador a Cartagena: "La música sana el alma"

Politóloga, mediadora intercultural y luchadora por los derechos de las trabajadoras del hogar, comienza a impartir el primer curso de contextualización cultural de la historia de La Mar de Músicas para acercar al público al país invitado de esta edición, Ecuador

La politóloga Sara María Cutiopala.

La politóloga Sara María Cutiopala. / Raul Molina Veintemillas

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J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Este miércoles cumplió 37 años. Y los cumplió en Cartagena, hablando de Ecuador. Para Sara María Cutiopala Alulema, las coincidencias tienen el peso de los símbolos. Nacida en Chimborazo, en la provincia serrana que lleva el nombre del volcán más alto del mundo medido desde el centro de la Tierra, emigró con seis años a Guayaquil, la Perla del Pacífico, y con trece llegó a Murcia junto a su familia huyendo de la crisis económica que en el año 2000 hundió al país andino y empujó a más de dos millones de ecuatorianos a cruzar el Atlántico.

Dos décadas y media después, es graduada en Ciencias Políticas por la Universidad de Murcia, mediadora intercultural, referente en la defensa de los derechos de las trabajadoras migrantes y, desde este miércoles, la voz que guiará al público cartagenero por los cuatro mundos de Ecuador en el marco de La Mar de Músicas.

Para ella, impartir este curso es algo más que una tarea académica. "Es un reencuentro con mis raíces", dice con calma y sin afectación. "Y sobre todo es rendir homenaje a mis ancestras y ancestros, y poder dar a conocer mi tierra a la comunidad de acogida, a este país que me ha dado tanto".

El científico que no entendía nada

El título del curso —Ecuador, el latido de los cuatro mundos— parte de una imagen: la del naturalista alemán Alexander von Humboldt llegando a Ecuador en el siglo XIX y saliendo perplejo. Cutiopala la recita de memoria y con evidente deleite: "Decía que los ecuatorianos son seres raros y únicos: duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste".

La frase es el mejor resumen posible de por qué no se puede separar la música ecuatoriana de su geografía, sostiene. Los cuatro mundos —Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos— no son solo regiones distintas en clima y paisaje, son culturas sonoras radicalmente diferentes que comparten, sin embargo, una misma forma de estar en el mundo.

He vivido la migración desde siempre; esto es rendir homenaje a mis ancestros

"Los sábados y domingos, Ecuador se levanta a las ocho de la mañana con música", explica. "Esa música depende de la región. La Amazonía tiene una, la sierra tiene otra, la costa tiene otra. Pero los altavoces siempre están puestos". La música, dice, no es entretenimiento sino tejido social: acompaña los cumpleaños, las cosechas, los velorios. "En un entierro la familia se reúne, se brinda comida, y luego se escucha la música que le gustaba al difunto. Lo tenemos en el ADN desde que somos muy chiquititos".

El tambor, la voz y el pasillo del desamor

Ella viene de la Sierra, del pueblo Puruhá, y cuando habla de los sonidos de ese mundo su tono cambia ligeramente, como si los estuviera escuchando en ese momento. "El tambor, sobre todo el tambor. Y la guitarra, y la voz cantada. La gente canta con sentimiento".

Describe el carnaval de la Sierra como una tradición que mezcla el quechua y el español con la emoción colectiva: grupos de amigos que van de puerta en puerta cantando a viva voz, y las familias que los reciben con comida y dulces. "Las canciones son muy sentimentales. Son canciones que te hablan desde adentro".

Entre los géneros con más posibilidades de conectar con el público español, Cutiopala no duda demasiado: el Pasillo, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, cuyo gran exponente fue Julio Jaramillo, conocido en toda Latinoamérica. "El pasillo conecta mucho con el público español porque canta la experiencia de vida, y sobre todo el desamor".

Ecuador, dice, no se explica ni se estudia. Se siente. "El nombre del curso lo elegí porque el latido tienes que sentirlo. Uno tiene que estar donde su corazón le llame".

Doce mil años en tres sesiones

El reto pedagógico es monumental: explicar en seis horas un país con catorce nacionalidades indígenas reconocidas, doce mil años de historia documentada, cuatro geografías radicalmente distintas y una realidad política convulsa. Cutiopala no se engaña al respecto. "En tres sesiones contar doce mil años de historia es imposible. Lo que yo puedo hacer es sembrar esa semillita de querer conocer".

En tres sesiones contar doce mil años de historia es imposible; puedo sembrar esa semilla

Lo que le interesa transmitir, más que datos, es una manera de mirar. Habla de las comunidades indígenas como guardianas de un conocimiento que hoy el mundo redescubre bajo el nombre de sostenibilidad. "Siempre han protegido la ‘Pachamama’, la madre naturaleza. Y ahora los mandatarios están echando mano a la cabeza porque no saben qué hacer con el cambio climático. Pero eso lo han tenido siempre los pueblos originarios". Y traza un puente con lo local: "Los abuelos de la región de Murcia también cuidaban la naturaleza, cada uno a su manera. Lo que tenemos que hacer es rescatar esos saberes".

La música como encuentro, no como exotismo

Preguntada sobre si los festivales de músicas del mundo corren el riesgo de quedarse en el exotismo, Cutiopala responde sin rodeos pero sin acritud. "Yo creo que la música es un punto de encuentro. La semana pasada fui al Día de África en San Basilio, bailé, disfruté, y vi que tenemos mucha conexión con África. Eso es lo que hace la música: ya no ves si eres ecuatoriana o española, ves que eres vecina".

Veinte años de retos sin resolver

La parte más urgente de la conversación llega cuando se deja atrás la música. Cutiopala llegó a Murcia en 2002, cuando la comunidad ecuatoriana era de las más numerosas de la región. Valora lo conseguido, pero no endulza la realidad. "Hemos avanzado en muchos ámbitos, pero todavía nos queda mucho para tener una inclusión real, en la que podamos participar en todos los espacios, no solo en los laborales. Queremos contribuir con nuestros conocimientos también".

Su trayectoria de quince años en defensa de las trabajadoras del hogar —muchas de ellas ecuatorianas, como su propia madre— es uno de los capítulos más significativos de su historia en España. Recuerda que hasta hace relativamente poco estas mujeres no tenían derecho a la prestación por desempleo, ni protección real frente al despido. "No había regulación, no tenían derechos, no había protección. Entonces muchas mujeres en toda España nos unimos con diferentes plataformas y sindicatos para reivindicar".

La batalla llegó hasta el Tribunal de la Unión Europea, que obligó a España a cambiar su legislación por incumplir el artículo 14 de la Constitución. "Desde la lástima nada, desde la dignidad todo", resume con contundencia.

Ahora da un paso más: desde el 1 de junio forma parte de la Federación de Industria, Construcción y Sector Agro, desde donde aspira a seguir impulsando mejoras laborales para la población migrante en la Región. "Nosotras cuidamos, pero también queremos que nos cuiden. Las mismas obligaciones tienen que implicar igualdad de derechos".

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