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En su rincón

Ginés Martínez Vera, compositor y director de orquesta | La leyenda de la mujer montaña

"Una vez que conoces las reglas, lo importantes es saber cómo y cuándo saltárselas", reconoce el multipremiado director de la Banda del Pasico de Torre Pacheco

Martínez Vera en el Conservatorio de Cartagena

Martínez Vera en el Conservatorio de Cartagena / JAVIER LORENTE

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Javier Lorente

Javier Lorente

Acaba de grabar con la Orquesta Filarmónica de Miami su primera sinfonía Ginés Martínez Vera, natural de Torre Pacheco es profesor del Conservatorio de Cartagena y director de otras bandas de música, entre ellas, la Banda del Pasico, de Torre Pacheco, y la Banda de Música de Lorca. Lleva componiendo obras desde adolescente y más que una joven promesa es ya una realidad admirable para esta Región. "Yo soy músico gracias a la Banda de Música de El Pasico. No está suficientemente valorada la gran labor cultural y musical que hacen estas bandas en España, sobre todo en nuestra zona de Levante".

Se apuntó a esa banda de su pueblo cuando se fundó. Tocaba la percusión. Luego continuó estudios en el Conservatorio de Cartagena, donde aprendió trompeta. Posteriormente, en el Conservatorio Superior de Murcia, se especializó en Dirección. Con el tiempo abandonó la trompeta profesional porque, aún joven, sufrió un problema de corazón y se la desaconsejaron: "Como se temía mi abuela, yo tengo el corazón más grande de lo normal y ello a veces no es bueno", me confiesa.

Su padre era transportista pachequero y su madre, natural de La Unión, ha tenido un comercio de juguetes: "Así que yo sé bien qué es luchar en una familia de autónomos, donde no te dan nada hecho ni la vida es siempre cómoda", me dice. Me sigue contando su variada formación musical, que lo seleccionaron para el Teatro Real, que hizo cursos de Dirección de Ópera en Italia y que finalmente se presentó a la plaza de profesor del Conservatorio de Cartagena: "Aquí dirijo cuatro bandas, cuatro orquestas y una ‘big band’ y también tengo una clase de jazz, que es una música que siempre me ha interesado mucho. Compongo siempre con el piano y a ratos vuelto a tocar la trompeta, aunque con moderación. El problema es que yo tocaba en una tesitura más alta de lo normal y esa presión no me conviene físicamente".

Fue a los trece años cuando empecé a ganar premios de composición

Fue en Madrid, en el Ateneo, donde estudió jazz con Félix Santos, que también fue profesor de otro gran compositor murciano: Roque Baños. Lo de componer le viene de lejos: "Fue a los trece años cuando empecé a ganar premios de composición. Lo primero que hice fue una copla, 'Campos de mi tierra', con letra de Jerónimo Egea, con lo que gané un premio de Jóvenes Talentos".

Desde entonces tiene un gran listado de premios nacionales e internacionales con marchas moras, pasodobles, conciertos de piano, boleros, etc. Con 15 años compuso 'Sueño de un trompetista', un bolero que en estos días le han comunicado que lo está tocando la Orquesta Sinfónica de la Policía Federal de Argentina.

Se ha dedicado durante mucho tiempo a hacer de arreglista y se puede decir que en la actualidad maneja con soltura las músicas latinas y también el flamenco: "Creo que es por influjo de mi madre, que es de La Unión".

También me confiesa que ha tenido muchos encargos de orquestar muchas piezas de música moderna gracias a su manejo de tan variados estilos. Entre otros trabajos destacan los que ha realizado para la Orquesta de la Radio Televisión Alemana y, desde 2020, para la Sinfónica de la Región de Murcia.

Y añade: "Conocer las obras de los grandes maestros me ha ayudado a la hora de hacer mis composiciones". Actualmente, ha compuesto un Concierto de Trompeta que ha obtenido dos medallas de oro en los Premios de Música de California. También tiene dos ‘suites’ flamencas: "Últimamente casi todo lo que hago tiene cierto sabor flamenco".

No sabría elegir entre dirigir, componer o dedicarme a la enseñanza musical; todo me da la vida

'La leyenda de la Mujer Montaña' revive la memoria cultural de Sucina, el lugar donde vive con su familia. Es una composición sinfónica inspirada en la silueta montañosa visible desde la autovía que viene de San Javier. Su mujer, Eva María Marín, profesora de piano en el Conservatorio de Música y el padre de ella, violín, han tocado durante años con los aguilanderos de la zona. Ginés ha introducido este tema en uno de los movimientos de la sinfonía que se titula 'El cantar del pueblo'.

"Exactamente, yo vivo en Cañada de San Pedro, cerca de Sucina. Me gusta disfrutar de la tranquilidad que me inspira para componer, y sobre todo me gusta vivir y pasear por la naturaleza. Profesionalmente no sabría elegir entre dirigir, componer o dedicarme a la enseñanza musical. Todo me da la vida".

Para él es muy especial la Banda Nuestra Señora del Pasico y algunas de las personas vinculadas con ella que ya no están: hablamos de Pepe ‘El Cuco’ y de Isidoro Jesús Martínez López, dos personas que se dedicaron por entero a la agrupación y, en el caso de Isidoro, a la Federación de Bandas de Música que hoy preside Ginesa Zamora.

El arte, la música, no es tanto cuestión de inteligencia, es cosa de sentimientos

Me confiesa: "La música es mi trabajo pero también mi pasión", y me adelanta que actualmente está componiendo un concierto didáctico y que es una especie de reto personal el escribir en todos los estilos de música. "Yo escribo música porque lo necesito y si luego gusta, pues genial", y añade: "Una vez que conoces las reglas, lo importantes es saber cómo y cuándo saltárselas. El arte, la música, no es tanto cuestión de inteligencia, es cosa de sentimientos".

Le gusta viajar en la ‘camper’ con su familia y me cuenta sus gratas experiencias dirigiendo por otros lugares de España, por Rusia, Alemania, Italia o Francia. Nuestra conversación termina, porque es la hora de comer, nos despedimos no sin antes contarme la leyenda que ha musicado en su primera sinfonía: "Hace siglos vivía una joven pastora llamada Dalia. De gran belleza, destacaba sobre todo por su alma: fuerte, noble, enraizada a la tierra como una encina antigua. Dalia amaba en secreto a un joven, Yosef, que trabajaba en las huertas del valle. Sin embargo, sus amores eran imposibles: él, perseguido por la guerra; ella, prometida por su padre a un noble. Yosef fue capturado y condenado al destierro, Dalia escapó una noche para buscarlo por los montes, negándose a creer que se hubiera ido sin luchar por su amor. Dicen que vagó días enteros sin agua ni rumbo, guiada solo por el fuego del corazón. Al llegar al cerro más alto, extenuada, cayó de rodillas y lanzó un grito que estremeció el aire: ‘¡Si no puedo vivir con él, que me funda en esta tierra que lo vio nacer!". Una bonita leyenda y, seguro, una música que habrá que disfrutar.

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