Música
Jordi Évole y Los Niños Jesús: "Cuando cantas ‘Tu calorro’ de Estopa, no piensas en la inflación ni en los casos de corrupción"
El periodista catalán cambia el plató por la verbena con Los Niños Jesús, una banda nacida para celebrar la música, la amistad y el placer de cantar sin postureos

Jordi Évole junto a su banda Los Niños Jesús. / L.O.
Jordi Évole, el hombre que ha sentado frente a su micrófono a papas, presidentes y prófugos, ha cambiado el tono grave de los domingos por la noche por el ‘chimpún’ más glorioso de la cultura popular. La culpa es de Los Niños Jesús, su banda de versiones junto a colegas del barrio, con los que ha armado un grupo sin más pretensión que pasarlo bien, y que reivindica, sin complejos ni postureos, el espíritu puro de la verbena de pueblo. De los platós de televisión a los escenarios de fiesta mayor.
Quien espere encontrar aquí un recital de cantautor intelectual se ha equivocado de plaza. Lo de Évole y los suyos es un chute de nostalgia colectiva a golpe de Estopa, Extremoduro, El Último de la Fila, Radio Futura y, cómo no, Jarabe de Palo, ya que a fin de cuentas fue Pau Donés quien se encargó de convencer a Jordi Évole de tirarse a la piscina y cumplir su sueño de subir a un escenario. Es la banda sonora de los veranos de muchas vidas, esa que une a modernos de ciudad y abuelos del pueblo en la primera fila de la pista de baile. Artistas como Amaral, Kiko Veneno, Mikel Erentxun, Albert Pla, Noni Meyers, Lichis o La La Love You han subido al escenario a cantar con ellos.
Entre cables, fundas de guitarra y alguna que otra cerveza fría, ‘El Follonero’ aparca por un rato al periodista incisivo para ponerse la piel de frontman disfrutón. Hablamos de la liturgia de la fiesta mayor, de por qué la música de verbena es el mejor termómetro social de este país y de cómo el escenario puede llegar a ser un confesionario mucho más honesto que cualquier plató de televisión.
Hagan juego y afinen las gargantas. Hoy no venimos a repasar la actualidad; hoy venimos a bailar. El periodismo se va de verbena.
Siempre has estado del lado del entrevistador, controlando el ritmo de la conversación. ¿Qué se siente al estar al otro lado, no ya como periodista, sino como frontman de una banda? ¿Dónde se pasa más presión: editando un programa contra reloj o ante un público que espera bailar?
Son entornos que no tienen nada que ver el uno con el otro. En la tele, al menos en el tipo de programa que yo hago, no existe el directo. Intentamos mantener la conversación viva, pero sabes que todo pasará por una sala de edición al final... Y en el escenario, el directo manda. En la tele, la presión te la da el reloj de edición y el share del día siguiente, que es una tortura muy fría, de despacho. En el escenario, la presión es instantánea: la ves en las caras de la primera fila. Si se están aburriendo, lo sabes al segundo.
Lo de salir de bolos, ¿es una terapia personal o hay que sacarse un extra por aquello de las pensiones?
¡Ojalá diera para la pensión! De momento nos da para pagar el gasoil de la furgoneta, las cañas de después de tocar y poco más, que en la banda somos muchos y movemos bastante cacharro. Es pura terapia, de verdad. El periodismo te pone en contacto constante con lo peor de la actualidad, la política, la crispación... Salir a tocar es como volver a tener 18 años y encerrarte en el garaje con los colegas. Es una desconexión mental absolutamente necesaria para no volverse loco en este oficio.
Pau Donés fue el motor del grupo, me miró y me dijo aquello de que «vivir es urgente»
¿Cómo estás viviendo salir con tu banda a tocar? ¿Cómo describes esa sensación de subirte a un escenario?
Lo vivo con una mezcla de inconsciencia y disfrute absoluto. Subirse ahí arriba es un viaje en el tiempo. Sientes un subidón de adrenalina que no se parece a nada de lo que yo haya vivido en la televisión. En la tele le hablas a una cámara oscura, a un piloto rojo; aquí ves los ojos de la gente, el sudor, la sonrisa. Es una sensación de vulnerabilidad muy bonita, porque sabes perfectamente que no eres Mick Jagger, pero el público conecta precisamente con esa imperfección, con ver a unos tíos pasándoselo en grande.
Se dice que Pau Donés fue el gran ‘culpable’ de que te subieras a un escenario. ¿Cómo fue ese momento exacto en que te convenció? ¿Qué consejo de Pau os acompaña cada vez que os colocáis los instrumentos?
Pau fue el catalizador de todo esto. En aquella última charla que tuvimos en la Vall d’Aran, la que luego se convirtió en el documental Eso que tú me das, hablamos mucho de la vida, de no dejar las cosas para luego. Yo le conté, medio en broma, que tenía un grupo de amigos y que ensayábamos en un garaje, pero que me daba un corte tremendo salir a tocar en directo. Pau, con esa lucidez tan bestia y descarnada que tenía al final, me miró y me dijo aquello de que «vivir es urgente». Ese es el consejo que nos acompaña en cada concierto, y por eso al hecho de hacer algo por pura necesidad vital, le llamamos «hacerse un Pau».
Defiendo la verbena a muerte, el compadreo y la fiesta mayor tienen una función social sanísima
Os definís como una banda de versiones, con ese espíritu de orquesta de fiesta mayor o de grupo de amigos que se junta en un garaje. En un panorama musical a veces tan encorsetado y profesionalizado, ¿reivindicar la ‘verbena’ y el compadreo es vuestra propia forma de rebeldía?
Totalmente. Reivindico la verbena con un orgullo tremendo. Hoy en día parece que todo en la música tiene que ser un concepto sesudo, una producción de laboratorio milimétrica con autotune o un directo donde la mitad de las cosas van grabadas de fondo. Nosotros salimos al escenario a tocar en crudo, a equivocarnos, a sudar y a cantar canciones que forman parte del ADN emocional de este país. El compadreo y la fiesta mayor tienen una función social sanísima: juntar a gente muy diferente para que se olvide de sus movidas durante dos horas. Si buscar eso es rebeldía, que nos apunten los primeros.
Jordi Évole y los Niños de Jesús
- Fecha: Hoy, 21.30 horas.
- Lugar: Garaje Beat Club, Murcia.
- Precio: Desde 15 euros.
¿Eres tan exigente como director de la banda en los ensayos como con tus guiones televisivos, o aquí manda la democracia del rock?
¡Qué va, qué va! En Los Niños Jesús soy el que menos sabe de música con muchísima diferencia, así que sería ridículo ponerme en plan dictador. Aquí manda la democracia asamblearia del rock o, mejor dicho, mandan los de la banda que realmente saben tocar sus instrumentos. Yo me limito a intentar no entrar a destiempo y a hacer de maestro de ceremonias. Siempre digo que ellos son los músicos y yo soy el tirón comercial.
Tocáis canciones que casi todo el mundo se sabe. ¿Cuál es ese tema del repertorio que, sin importar el lugar, os hace decir: «Con esta nos los metemos en el bolsillo»?
Hay varias, porque el repertorio está hecho ‘a traición’ para tocar la fibra de la gente. Pero el otro día, en el inicio de gira, estrenamos No dudaría, de Antonio Flores, y funcionó increíblemente bien.
Vuestro espectáculo trata de mezclar el rock con el humor. ¿Cómo se lleva? Algunos cantantes son muy serios. ¿Es preferible reír que llorar, como diría Peret?
Siempre es preferible reír, hombre. Bastante serio y jodido está el mundo como para subirse a un escenario a ponerse estupendo o místico. Yo respeto mucho a los artistas solemnes, pero a mí el cuerpo me pide otra cosa. El humor te rebaja, te pone al mismo nivel de la gente y quita esa distancia elitista que a veces tiene el rock. Nosotros nos reímos de nosotros mismos los primeros, y eso hace que el público se relaje y disfrute sin complejos.
Has hablado abiertamente de tu cataplejía (los ataques de pérdida de tono muscular por emociones fuertes, como la risa). Teniendo en cuenta que en el escenario te lo pasas en grande, ¿cómo gestionas el subidón de adrenalina y risas en directo para que el cuerpo no te dé un susto?
Mira, es una cosa que al principio me preocupaba bastante antes de empezar la gira. La cataplejía se dispara con las emociones fuertes, sobre todo con la risa floja y los picos de euforia, que es exactamente lo que experimentas en un concierto. Por eso tengo una silla siempre detrás de mí en el escenario, por si tengo que echar mano de ella. También te digo que yo creo que hay gente que viene al concierto para ver si me caigo.
En Los Niños Jesús soy el que menos sabe de música con muchísima diferencia
¿Por qué la música en España tiene tan poca presencia en televisión?
Es una pena histórica de nuestra televisión, una asignatura pendiente. Los programadores y directivos de las cadenas le tienen un pánico atroz a la música en directo, porque la dictadura del minuto a minuto dice que baja el ‘share’, que la gente cambia de canal. Es una pescadilla que se muerde la cola: como no se programa música, no se acostumbra al espectador. Se prefiere el ruido de la tertulia política o el impacto del reality antes que apostar por la cultura en ‘prime time’. Nos faltan programas míticos de actuaciones reales, no solo formatos de concurso de talentos. La música se ha quedado arrinconada en las plataformas o en horarios de madrugada, y es un error tremendo porque este país tiene un talento musical brutal que merecería otra ventana.
De ‘El Follonero’ a Salvados, y de ahí a cantar himnos pop-rock. ¿Es la música tu particular ‘segunda juventud’ o simplemente una tregua necesaria de la cruda realidad periodística de LaSexta?
Es una tregua total y absoluta. El periodismo que hacemos en la productora te exige estar pegado a la actualidad más dura, a conflictos, a realidades sociales complejas que muchas veces te dejas en casa. La música no sé si es una segunda juventud, pero sí es un patio de recreo maravilloso. Cuando estás cantando Tu calorro de Estopa, no estás pensando en la inflación, ni en las elecciones, ni en el último caso de corrupción. Es una válvula de escape sanísima que intento aprovechar en la temporada de verano, cuando el ritmo de grabación del programa baja.
Para ser una ‘banda de amigos que hace versiones’, tenéis unos padrinos que ya quisieran muchos: Amaral, Kiko Veneno, Albert Pla... ¿Cómo se gestionan esas colaboraciones? ¿Vienen ellos a vuestro terreno de fiesta, u os adaptáis vosotros a su genialidad?
Es un lujo que todavía hoy me cuesta creer. Lo de tener a estos padrinos es fruto de los amigos y el respeto mutuo que te va dejando la profesión después de tantos años haciendo entrevistas en la tele. ¿Cómo se gestiona? Con mucha jeta por mi parte y una generosidad infinita por la suya. Normalmente, nos adaptamos nosotros a ellos, porque su genialidad es inalcanzable, pero lo bonito es que cuando se suben con los Niños Jesús, se contagian enseguida de ese espíritu gamberro de verbena y se lo pasan como críos. Ver a Albert Pla haciendo de las suyas con nosotros o a Eva Amaral dándolo todo con nuestra banda es un regalo de la vida.
Salir a tocar es como volver a tener 18 años y encerrarte en el garaje con los colegas
¿Te has animado a componer? ¿Hay deseo de sacar un disco?
No, no, zapatero a tus zapatos. Yo tengo un respeto sagrado por los músicos que componen. Hacer una buena canción que conecte con la gente es jodidísimo, un arte mayor. Nosotros somos una banda de versiones, y lo decimos sin ningún tipo de complejo. Nuestro valor es la fiesta, el directo, la comunión con el público a través de temas que ya son patrimonio de todos. ¿Sacar un disco? Hombre, grabar algo en plan maqueta por tener el fetiche, el recuerdo o el vinilo guardado con los amigos no te digo que no en un futuro, pero no tenemos ninguna pretensión de carrera discográfica. Lo nuestro es la carretera, el escenario y la plaza del pueblo.
¿Hay algún artista que tengáis en el punto de mira y al que le hayáis dicho: «En el próximo concierto te subes con Los Niños Jesús aunque sea a tocar la pandereta»?
Estas cosas han ido surgiendo siempre un poco de casualidad y por coincidencia. En nuestro primer concierto, en el Bilbao BBK Live, se subió Noni de Lori Meyers porque ellos tocaban en el festival también. El último que se subió fue Mikel Erentxun, porque coincidimos en el Sonorama... Cuando encaja, perfecto, pero tampoco lo forzamos.
¿Qué canción no faltará en el repertorio?
No puede faltar nunca, bajo ningún concepto, Grita de Jarabe de Palo. Es nuestro himno particular, nuestra declaración de intenciones y la manera que tenemos de darle las gracias a Pau en cada concierto por habernos empujado a meternos en esta bendita locura. n
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