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Artes escénicas

Lluís Homar: "Uno llega a crearse una idea de sí mismo; la vida se encarga de enseñarte quien eres"

El actor regresa al Teatro Circo y al Auditorio Batel como emperador romano en la adaptación de la novela de Marguerite Yourcenar 'Memorias de Adriano' estrenada con éxito en el Festival de Mérida

El actor Lluís Homar durante la representación de ‘Memorias de Adriano’.

El actor Lluís Homar durante la representación de ‘Memorias de Adriano’. / L.O.

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Marta Cervera

Desde que dejó la Compañía Nacional de Teatro Clásico no ha parado: cine, teatro, televisión...

He trabajado muchísimo este 2025 y lo que llevamos de 2026, también. He hecho diferentes proyectos pero el epicentro ha sido esta obra, Memorias de Adriano. Desde que Focus me lo propuso dedicamos tiempo a buscar el enfoque con Brenda Escobedo y después pasé dos meses aprendiéndome el texto para poder hacer los ensayos con la directora, Beatriz Jaén, y el resto del reparto: Álvar Nahuel, Clara Mingueza, Marc Domingo, Xavi Casan y Ricard Boyle.

A sus 68 años está solicitado.

Hay proyectos a los que he dicho que no. Concretamente, a dos películas y a alguna cosa más que me proponían. Pero el tiempo no daba más de sí. Eso son cosas que pasan en nuestro trabajo: de repente todo el mundo piensa en ti. En 2019, antes de que me propusieran dirigir en Madrid la Compañía Nacional de Teatro Clásico, prácticamente no tenía trabajo.

Hace años soñaba con montar una especie de centro de meditación.

Yo pertenezco a una red abierta de meditadores que se llama Amigos del desierto, de Pablo d’Ors. Medito y me voy a ir a vivir a un pueblo de 40 personas para estar rodeado de silencio y de quietud. No voy a abdicar de esta idea. Ahora mismo, por situaciones de la vida, necesito estar activo un par de años más. Mi aspiración es parar. No dejar del todo el oficio del todo, pero dar más espacio a otras cosas.

¿Puede concretar?

Mi mujer, Alba, y yo pensamos instalarnos allí en otoño del 2027, cerca de Vallbona de les Monges. Espero entrar en otra fase, con otro ritmo de vida y disponer de un espacio que pueda ser un lugar de encuentro, donde bajar revoluciones, donde compartir. Tengo claro que el sentido de la vida está en la pausa, en la quietud que hallas cuando las cosas van despacio. Vivir a toda velocidad no es vida, pero como lo vemos por todas partes pensamos que esto es la existencia. El sentido de la vida no reside en sumar experiencias sino en encontrarte a ti mismo.

Tengo claro que el sentido de la vida está en la pausa, en la quietud que hallas cuando las cosas van despacio.

Y, ¿cómo se hace?

La naturaleza es una parte importantísima para hacer esta descodificación. El problema es que estamos maleados. Todos somos responsables de lo que pasa. Todos estos aparatos y pantallas nos han dejado sin espacio para aburrirnos. Ahora es un ‘non stop’. En una charla Javier Meloni explicaba que a veces tenemos la tentación de mirar el móvil para ver las noticias y saber qué pasa en la otra punta del mundo. Meloni se preguntaba: «¿por qué tenemos tanto interés por aquello que pasa tan lejos y tan poco por lo que ocurre en nuestro interior?». La tecnología es muy tentadora. Es otra manera de escaparnos de nosotros mismos.

Muchos viven casados con su trabajo.

Yo he sido un ejemplo de esto. He tenido hijos, Isaac y Unax, ambos maravillosos. Pero nuestro trabajo, como es tan pasional, es muy engañoso. De repente es muy fácil pensar que la intensidad con la que vives da sentido a todo. Soy consciente de que mi trabajo me ha servido para escaparme. No me gustaba mi yo pero mi profesión me permitía hacer un sinfín de personajes. Uno llega a crearse una idea de sí mismo, pero la vida se encarga de enseñarte quien eres. ¡Durante muchos años quise ser Marlon Brando! Lluís Homar era menos interesante pero es lo que hay.

¿Qué le llevó a contar con Beatriz Jaén como directora de Memorias de Adriano?

Me habían gustado trabajos suyos: Breve historia del ferrocarril español, de Joan Yago, y la adaptación de Nada, de Carmen Laforet. Tanto ella y como Brenda Escobedo, dramaturga con la que nos reunimos al principio, ha permitido dar un enfoque radicalmente contemporáneo. La obra pasa ahora y aquí.

¿Cuánto dura el montaje y cuánto han eliminado?

Contiene la esencia de la obra de Yourcenar pero todo no puede estar. Dura una hora y media y cuenta desde los orígenes de Adriano hasta su fascinación helénica y su ambición de poder. También su historia de amor con Antínoo, donde muestra su parte más humana y el terrible episodio de la guerra de Judea.

Habla de Oriente Medio, en el siglo II después de Cristo. Hoy sigue la guerra.

Y es increíble porque Adriano dice en la obra: «No lo niego. La guerra de Judea fue uno de mis fracasos. No fui capaz de encontrar las palabras capaces de persuadir o al menos retardar la crisis de furor del pueblo judío. Durante cuatro años 50 fortalezas y más de 900 ciudades fueron destruidas. Los combates y las epidemias nos costaron cerca de 90.000 hombres pero la reconstrucción del país siguió inmediatamente a nuestra victoria. Aelia Capitolina fue erigida sobre las ruinas de Jerusalén, Judea fue borrada del mapa y recibió conforme a mis órdenes el nombre de Palestina. Siempre hay que volver a empezar».

Hacemos móviles, vamos a la Luna, tenemos internet, pero estamos a punto de cometer las mismas barbaridades que hace un siglo.

La obra también muestra la cara pública y privada del gobernante.

Es la historia de la humanidad. El propio Adriano es víctima de ello. ¿Cómo puede ser que un emperador esté entregado emocionalmente a un chico de 20 años? No lo puede tolerar. Este es el principal problema en su relación con Antínoo. «Me ganaba el violento deseo de no depender exclusivamente de nadie», dice. ¡Es que tiene unas frases!

¿Podrían aprender algo los mandatarios de hoy de Adriano?

Al final de su vida se da cuenta que ninguna persona es más que otra. El sentido verdadero de la vida no está en el control sobre ella sino en soltar. Si los que mandan se dieran cuenta tal vez no harían las barbaridades que vemos con cualquier persona que intenta llegar a un país en una barca. A nivel emocional la humanidad está en la Edad de Piedra. Hacemos móviles, vamos a la Luna, tenemos internet, pero estamos a punto de cometer las mismas barbaridades que hace un siglo. Totalitarismos, bombas... la sensación es que no hemos aprendido nada.

Memorias de Adriano

  • Viernes 22: 20.00 horas en el Teatro Circo, Murcia. Desde20 euros
  • Domingo 24: 20.00 horas en el Auditorio El Batel de Cartagena. Desde 20 euros
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