Música
Zenet: "Siempre se cruza lo autobiográfico con la ficción y a mí me gusta que este misterio continúe"
El artista malagueño transforma la ausencia de José Taboada en un viaje acústico y emocional donde el bolero, el jazz y la honestidad conviven sin artificios

El cantante Tony Zenet llega al Teatro Circo con su nuevo disco ‘Las manos y la voz’. / Alba Vigarai
Hay artistas que necesitan una orquesta entera para llenar el escenario, y otros que, con solo un suspiro y un par de acordes, son capaces de detener el tiempo. Toni Zenet pertenece a la segunda estirpe. El malagueño regresa a sus recuerdos en el marco de su gira más valiente, presentando Las manos y la voz, un álbum que es un acto de honestidad brutal y un abrazo de despedida a José Taboada, su fiel escudero.
Si en Los mares de China nos descubrió que el bolero y el jazz podían hablar con acento andaluz, en su nuevo trabajo Zenet ha decidido soltar lastre. Nace del duelo y la gratitud: un homenaje a las cuerdas eternas de Taboada que habitan en la contradicción de nuestros tiempos, allí donde la nostalgia de la radio de válvulas de una abuela choca frontalmente con la frialdad de un mensaje de WhatsApp borrado.
En esta gira de 2026, el «ladrón de géneros» —como él mismo se define con esa mezcla de picaresca y respeto— se presenta más artesanal que nunca. Sin artificios, sin muros de sonido, solo con la esencia de quien sabe que para tocar el cielo, a veces basta con una voz y unas manos que la sostengan. Hablamos con Zenet de ausencias, de la necesidad del silencio en el proceso creativo y de cómo canciones como Soñar contigo o Tango para Baudelaire han cobrado una nueva y sorprendente vida en este formato tan íntimo que roza lo confesional. No es solo un cantante; es un narrador de historias con sensibilidad casi cinematográfica.
El título Las manos y la voz es un binomio indivisible. Tras años de big band y producciones complejas, ¿por qué sentiste que era el momento de volver a la esencia más primaria?
Era un momento de un fin de ciclo determinado y comienzo de un ciclo nuevo. Tuve la idea de poder estar un año entero fuera de los escenarios para poder componer este disco. Sin pretenderlo, ha sido un disco de vuelta a los orígenes del género puro, muy guitarrístico, que me ha llevado un poco a la esencia de esos géneros que yo, tiempo atrás, con José Taboada, lo que hacía era sobrevolarlos, y ahora de alguna manera lo que hago es meterme dentro, habitarlos.
Sin pretenderlo, ha sido un disco de vuelta a los orígenes del género puro
Este disco nace del vacío, y a la vez de la presencia constante de Taboada, tu escudero, tu guitarrista. ¿Cómo ha sido el proceso de grabar estas canciones sabiendo que sus manos ya no están, pero que su sonido es el cimiento de todo el álbum?
El proceso ha sido muy orgánico, muy bonito. Yo no había pensado en que fuera un homenaje a José Taboada de entrada, pero me di cuenta por el camino de que, claro, iba buscando uno a uno a todos los guitarristas que yo quería tener conmigo en este trabajo. Me fui a por Daniel Casares para que pudiera tocar este palo flamenco conmigo, me fui a por Arturo Lledó para que pudiera tocar esta bossa nova maravillosa, Mensajes borrados, que habla del WhatsApp en el teléfono. Si a alguien no le ha pasado que se ha arrepentido alguna vez de un mensaje y lo ha borrado un tiempo después, que levante la primera piedra. Y sí, me fui, poco a poco, uno a uno, buscando estos guitarristas que yo quería que estuvieran con nosotros, y me encontré con mucho cariño por parte de ellos hacia José Taboada y unas ganas fantásticas de poder participar en este proyecto. Al final, en directo, sí que suelen ir conmigo dos guitarristas: Julián Olivares y Raúl Chiocchio.
Mencionas que este viaje conecta la nostalgia de la radio de tu abuela con la frialdad de los mensajes borrados del móvil. ¿Cómo se consigue que un disco suene artesanal en una era de algoritmos y música procesada?
Estamos en una era, digamos, muy moderna, pero nos olvidamos de que siempre hay un circuito y un tipo de música que a la gente le gusta escuchar. Yo, de hecho, me muevo en ese circuito, donde, una semana antes o después, o pasa el Kanka, o El Niño de Elche, o Miguel Poveda o Silvia Pérez Cruz. El mercado abarca un abanico muy grande, y yo me muevo en ese circuito donde a la gente le gusta ese sonido acústico.
En un mundo que nos obliga a producir constantemente, ¿crees que el artista está perdiendo ese espacio de silencio necesario para la creación? ¿Cuánto de este disco nació del silencio absoluto?
De alguna manera se preparó mucho. Estamos en un nuevo ciclo; este ciclo abarca una nueva compañía de discos (estoy con BMG ahora), una nueva oficina de management (Madame Vodevil), y con ellos establecí la regla de poder producir y componer este disco con tiempo de sobra y con toda la tranquilidad del mundo. Hay todo un circuito de gente que hace un tipo de música muy interesante, de música acústica, y tú te puedes acercar perfectamente y encontrar que se hacen producciones de altísima calidad. En mi caso, por ejemplo, acercándome mucho a los micrófonos de válvulas antiguos, haciendo todo lo analógico que he podido hacer, y la verdad es que hay mucha gente que agradece eso. Tu oído agradece poder hacer un trabajo así.
En temas como Tango para Baudelaire o El deseo de volar, ¿cómo cambia la narrativa cuando solo dependes de las manos y la voz?
La narrativa yo la hago desde el mismo lugar. Cuando trabajo con otros poetas, lo que hacemos es deconstruir la primera idea y empezar desde abajo a construirla con la música que se va creando en el momento. En mi caso, esas dos ideas, Tan lejos, tan cerca y Mensajes borrados, surgen de mi propio diario personal. A partir de ahí, soy como una especie de sastre; voy trabajando con la música y la letra, reajustando constantemente donde yo creo que encaja la idea. A veces revolotea en la cabeza una idea, y la voy persiguiendo y dándole forma. Por ejemplo, «aquí pegaría una bossa»... Y luego voy buscando a partir de la sonoridad de cada género.
¿Este disco supone un retorno a tu infancia en Málaga? Volver a casa siempre remueve algo. ¿Qué rincón de Málaga suena a Las manos y la voz?
Hay referencias constantes a la vida personal de uno. De hecho, siempre se cruza lo que es autobiográfico con la ficción, pero pasa igual en todas las artes, en la literatura... Y a mí me gusta que este misterio continúe. Nunca desvelo del todo qué parte hay autobiográfica y qué parte hay de ficción.
Nunca desvelo del todo qué parte hay autobiográfica y qué parte hay de ficción
¿Te pesa alguna vez el éxito de Soñar contigo, una de tus primeras canciones, ya todo un himno, o la sientes como una amiga que te acompaña a todos los conciertos?
Sí, es una canción que no hay más que quererla, porque ya son muchas generaciones las que me han comentado que pertenece a su vida, a su banda sonora. Yo siempre la abordo como si la cantara la primera vez, y es muy curioso, porque me lo comentan los compañeros: «Ya te vale, nunca la haces exactamente igual», y es porque de alguna forma yo la voy redescubriendo cada vez que la canto; me pongo en el punto de la persona que acaba de conocer esta canción, y cada armonía, cada giro, cada curva que tiene la canción la vuelvo a descubrir. Tiene que ser así, no podría ser de otra manera.
¿Te duelen o te alivian de una forma distinta esos temas al interpretarlos nuevamente?
Hay una parte en la interpretación de las canciones donde uno se coloca en el lugar constantemente..., igual que pasaría con un actor de teatro si tienes que hacer la misma función durante muchísimos días si estás en la gira. Tú tienes que volver a ese momento otra vez, volver a dejarte, a tirarte al vacío, esa especie de acantilado interior. Uno lo que hace es desprenderse de todo suelo y quedarse colgado en esa especie de vacío. Te tiene que ocurrir siempre, porque si no ocurre, no ocurre esa grieta, ese arte por el cual ese misterio tiene que entrar.
¿La reinvención constante te ha dejado alguna filosofía de vida clara?
Sí, hombre, uno va siendo perro viejo, y la honestidad con la que uno compone, con la que se habla a sí mismo, con la que uno hace el directo de cada día, es una honestidad que ya no solo va en principio con uno mismo, sino que luego al final se expresa de cara a todo lo que uno hace, al equipo con el que trabaja, y eso se respira, se refleja, delante del público que te ve. Esa honestidad es compartida, es un modo de vida, de compartir la furgoneta con la que vamos a cada bolo, la mesa... Si uno está enfermo un día, pues, como dicen en el matrimonio, en la salud y en la enfermedad, la alegría, la tristeza. Eso de alguna manera se refleja en el escenario.
Si pudieras rescatar uno de esos mensajes borrados de los que hablas en el disco y convertirlo en canción para el próximo álbum, ¿qué diría ese mensaje?
De alguna manera lo apunto en la canción: «Todo aquello que me hubiera gustado decirte, como por ejemplo todo lo que te quiero, y que por algún motivo no quise hacerlo, y me arrepentí, y lo borré». Yo seguramente retomaría algún mensaje de aquellos donde le digo a la persona amada todo lo que la quiero, pero no se lo digo bien o se lo digo en un momento que no toca. ¿A quién no le ha pasado en alguna ocasión que después se ha arrepentido de no haber dicho justamente aquello que le parecía demasiado sincero o que no era momento de decirlo?
Zenet
¿Duándo?: Viernes 15, 20.00 horas
¿Dónde?: Teatro Circo, Murcia
¿Precio?: Desde 30 euros
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