Arte
Gonzalo Sicre regresa a Verónicas 25 años después con 'Codex', una inmersión en lo abstracto y lo inexplicable
El artista gaditano afincado en Cartagena inaugura este viernes su nueva exposición-instalación inspirada en el enigmático 'Manuscrito Voynich'

El artista Gonzalo Sicre en la Sala Verónicas con su exposición 'Codex'. / Juan Carlos Caval
Quien entre este viernes en la Sala Verónicas de Murcia puede que piense que se ha equivocado de exposición si tiene en mente la mayoría de trabajos de Gonzalo Sicre. Nada de fotografías ni de pintura figurativa. Lo que Sicre ha preparado para su regreso a este espacio, 25 años después de su primera muestra, es otra cosa. Algo que cuesta etiquetar y que, precisamente por eso, funciona.
El shock es buscado. O al menos, bienvenido. Sicre, que en 2001 llenó estos mismos muros con Continental, su célebre serie de interiores de hotel que también pasó por el Museo Reina Sofía, vuelve ahora con una propuesta radicalmente diferente en su forma, aunque no tanto en su espíritu. La melancolía sigue ahí. El misterio también. Pero la figuración ha desaparecido, o casi.
"Cuando me encargaron el proyecto para Verónicas, llevaba un tiempo queriendo hacer otra cosa", reconoce el artista. La invitación llegó como una señal, como el permiso que necesitaba para dar ese salto en un espacio que no fuera una galería convencional sino algo con peso, con historia, con dificultad. "Este espacio tan grande, tan complicado a la vez, me parecía que era el momento de hacer esto", explica. Lo que no tenía tan claro era cómo.
Un códice imposible de descifrar
La idea fue tomando forma despacio, a lo largo de más de un año. Se hizo una maqueta. Fue colocando en ella supuestos cuadros por colores, tanteando el espacio a escala. Y los lienzos, conforme los iba pintando, los iba enrollando y los guardaba sin volver a verlos hasta el día del montaje. "Nunca sabes cómo va. Si has cometido un error muy grande o si no funciona", admite con una calma que solo puede venir de quien ha aprendido a confiar en el proceso. Ahora, rodeado del resultado casi terminado, dice estar contento. Que le funciona. Y eso se nota.
El detonante intelectual de todo esto tiene nombre propio: el Manuscrito Voynich, un códice ilustrado datado entre 1404 y 1438 que lleva siglos resistiendo cualquier intento de descifrado. Nadie sabe con certeza de qué habla. Las ilustraciones sugieren botánica, astronomía y anatomía. El texto parece un lenguaje, pero ningún criptógrafo ha conseguido encontrarle la llave. Puede que no la tenga. "No se sabe de qué va porque se ha intentado cifrar y no hay manera", dice Sicre con una mezcla de fascinación y humor. Y esa imposibilidad es exactamente lo que le sedujo.

Una parte de la muestra en la Sala Verónicas / Juan Carlos Caval
Antes de dar con el Voynich, el artista había barajado otros códices, más ligados a lo religioso, a las horas negras, a la liturgia. Tenía sentido en una iglesia desacralizada. Pero al encontrar ese manuscrito que no es de nadie ni de nada, que puede ser todo o puede ser una broma colosal, decidió que era mejor así. "Me parecía un juego bonito: al no tener un sentido claro, da mayor libertad a la gente", explica. Sin dogma. Sin interpretación correcta. Solo atmósfera.
Una experiencia inmersiva en Verónicas
A partir de ahí construyó su propio códice, el Códex S, con 56 tablas dispuestas en el espacio de la clausura, en el coro bajo, alrededor de un gran libro abierto sobre una peana. Una proyección de vídeo muestra el paso de sus páginas. Cada tabla es una pieza de acrílico sobre tabla que funciona como letra, como signo, como glifo de un alfabeto inventado que nadie podrá leer pero que cualquiera puede sentir. Formas que se cruzan unas con otras, trazos que recuerdan a escrituras antiguas sin serlo, un lenguaje nuevo que Sicre “propone como sus propias tablas de la ley”, en palabras del comisario.

Una de las dos partes expositivas de Sicre, tras la clausura y bajo el coro. / Juan Carlos Caval
En la nave principal de la iglesia, el salto de escala es considerable. Grandes lienzos al óleo se anclan directamente al muro, sin separación, sin marco, sin distancia. La intención es que la pintura y la arquitectura se fundan, que los muros de Verónicas dejen de ser el soporte y pasen a ser parte de la obra. Formas orgánicas, colores densos que sugieren profundidad y movimiento, algo que vibra y se expande. Algo que podría describirse como un acuario o un jardín botánico. Sicre recibe la comparación con naturalidad: "Podría ser como esa sopa primigenia donde se originó la vida". Microorganismos moviéndose por una superficie. El origen de algo. O quizás nada de eso. Cada visitante es libre de encontrar lo suyo.
Me parecía un juego bonito: al no tener un sentido claro, da mayor libertad a la gente
Esa libertad no es accidental. Es la columna vertebral de todo el proyecto. "Quería que fuera libre interpretación", insiste el artista. Puede parecer que habla del origen de la vida, puede parecer que habla de lo divino, puede parecer que no habla de nada concreto. Y eso, paradójicamente, lo hace hablar de todo.
Para el comisario José Francisco López, lo que ocurre en Verónicas no es una ruptura sino una evolución completamente lógica para quien conoce la trayectoria de Sicre. "En sus pinturas anteriores de carácter figurativo siempre había algún elemento que tendía hacia la abstracción. Y ahora, paradójicamente, en estos lienzos abstractos podemos ver también algunos rastros de figuración", señala. Una abstracción figurativa, al revés que antes. Dos mundos que nunca han dejado de comunicarse en la obra de este artista.
El propio Sicre lo confirma sin rodeos. "Para mí no es ninguna ruptura, es natural", dice. Lleva toda su carrera cruzando esa frontera en ambas direcciones, aprovechando cada proyecto para mezclar cuando le apetecía. Cuando trabajó sobre la India para la Mar de Músicas, usó la bindi, ese punto característico en la frente, para hacer abstracciones. Y pintó cosas de la India. Las dos cosas a la vez. Ahora, con Verónicas como escenario y 25 años de distancia respecto a su primera visita, simplemente no tenía ganas de volver con la figuración. Quería otra cosa. Y esa otra cosa es esto.
La consejera de Cultura, Carmen Conesa, que visitó el montaje este miércoles, resumió bien lo que espera al visitante: "La figuración da paso a la abstracción, en un viaje de lo material a lo espiritual. Si en 2001 las obras de Sicre colgaban sobre los muros de Verónicas, en 2026 las creaciones se funden con la arquitectura. Lo mejor es dejarse embargar por la experiencia sensorial que supone introducirse y habitar la pintura de Gonzalo Sicre". Una experiencia inmersiva, añade López, en la que no hay respuesta correcta. Solo la que cada uno encuentre al recorrerla.
Horario
La exposición Codex se inaugura este viernes 15 de mayo a las 20:00 horas en la Sala Verónicas y permanecerá abierta hasta el 26 de julio, de martes a sábado en horario de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 21:00, y los domingos y festivos solo en horario de mañana, de 10:00 a 14:00.
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