Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

Humberto Orán: "Cristino de Vera quiso que su obra siguiera dialogando con artistas afines tras su muerte"

Orán reivindica desde Murcia la alianza cultural entre territorios "tradicionalmente periféricos" y defiende que el proyecto con el Museo Ramón Gaya "abre un camino de largo recorrido"

El presidente la Fundación CajaCanarias Humberto Orán aquí en Murcia.

El presidente la Fundación CajaCanarias Humberto Orán aquí en Murcia. / Israel Sánchez

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Humberto Orán, presidente de la Fundación CajaCanarias, defiende que la exposición El taller del eremita, que el Museo Ramón Gaya inaugura este viernes en Murcia a la 13.00 horas, marca "el inicio de un camino con largo recorrido" entre instituciones culturales alejadas de los grandes centros de poder artístico. La muestra, primera dedicada a Cristino de Vera tras su fallecimiento en enero de 2026, simboliza además el proyecto de colaboración más ambicioso impulsado hasta ahora por la Red de Museos Unipersonales.

La Fundación CajaCanarias acoge ahora obras de Ramón Gaya, y el Museo Ramón Gaya recibirá obras de Cristino de Vera este viernes. ¿Cómo nace esta colaboración y quién da el primer paso?

La colaboración entre la Fundación CajaCanarias —a través de la Fundación Cristino de Vera— y el Museo Ramón Gaya se enmarca en la Red de Museos Unipersonales, impulsada por el propio museo murciano para fomentar la cooperación entre instituciones dedicadas a un único creador. Esta red ha promovido durante los últimos años encuentros entre responsables de distintos museos españoles, generando un espacio de intercambio de experiencias sobre este modelo expositivo. A partir de ese trabajo previo, la Fundación Cristino de Vera propone dar un paso más: pasar del intercambio de conocimiento a la realización de proyectos expositivos conjuntos, en los que cada institución aporte su identidad y los artistas actúen como referentes culturales de sus respectivos territorios.

Hasta ahora, la Red de Museos Unipersonales nunca había coordinado un proyecto simultáneo de estas características. ¿Abre esto un modelo que podría replicarse con otras instituciones?

Conviene precisar que no se trata propiamente de un canje de obras, entendido como un intercambio puntual de piezas, sino de la articulación de dos proyectos expositivos concebidos de manera conjunta. Este enfoque implica una colaboración muy profunda, en la que las obras se integran en discursos compartidos, diseñados específicamente para cada contexto. De este modo, estas propuestas se sitúan en un plano de creación y reflexión común, donde cada institución aporta su identidad en la construcción de su discurso expositivo.

Murcia y Tenerife son dos territorios con una presencia cultural a veces infravalorada desde el centro. ¿Hay algo de reivindicación en este acuerdo, más allá del diálogo artístico?

Creo que este tipo de alianzas va más allá de un mero intercambio artístico. Es sabido que Murcia y Tenerife, y, por extensión, Canarias y el sureste peninsular, han sido tradicionalmente consideradas zonas periféricas dentro del mapa cultural español, en contraste con los principales centros de decisión artística, como Madrid, Barcelona o Valencia.En este sentido, considero que iniciativas como esta no solo ponen en relación a distintas instituciones, sino que contribuyen a reforzar el papel activo de estos territorios en la generación de proyectos culturales de alcance nacional.

Cristino de Vera falleció en enero de 2026 dejando expresado su deseo de que su obra dialogara con la de Ramón Gaya. ¿Cómo vivió la Fundación ese momento y qué responsabilidad siente ahora de custodiar ese legado?

El fallecimiento de Cristino de Vera, el 16 de enero de este año, supuso un momento de especial impacto para la institución, que asumió la responsabilidad de preservar su legado. Figura esencial del arte contemporáneo español, mantuvo siempre un vínculo estrecho con su tierra natal, pese a residir en Madrid desde los 19 años. En ese contexto, cobró mayor relevancia su voluntad de que su obra siguiera en diálogo con creadores afines. El proyecto dedicado a Ramón Gaya en la Fundación Cristino de Vera adquiere así un valor añadido, al haber sido concebido en vida del artista y contar con su respaldo.

Murcia y Tenerife han sido vistas históricamente como territorios periféricos, y esta alianza refuerza su papel activo en la cultura nacional

La exposición que se inaugurará en Murcia hoy será la primera dedicada a De Vera tras su muerte. ¿Qué quieren que transmita al público murciano, que quizás no lo conoce en profundidad?

La exposición, que el propio Cristino de Vera conoció en vida, se presenta bajo el título El taller del eremita y está comisariada por Juan Manuel Bonet y Fernando Castro Borrego. El título remite directamente al espacio de trabajo del artista, ya que una parte significativa de las obras reunidas procede de su estudio madrileño, el lugar donde desarrolló sus últimos años de producción.Se trata de piezas estrechamente vinculadas a ese taller, que permiten acercarse a la etapa final de su trayectoria, en la que su pintura alcanza una especial depuración y luminosidad, marcada por una constante búsqueda de lo esencial.Esa misma esencialidad, unida a la coherencia que atraviesa toda su obra, es lo que esta exposición aspira a transmitir al público que se acerque por primera vez a su universo artístico.

De Vera fue Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998 y, sin embargo, hay quien considera que no tuvo el reconocimiento que merecía en vida. ¿Comparte esa lectura?

No comparto del todo esa lectura. Cristino de Vera recibió en vida reconocimientos relevantes, como el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1998 y el Premio Canarias de Bellas Artes e Interpretación en 2005, además del respaldo de la crítica especializada y de numerosos escritores y poetas que destacaron su obra. Tuvo también una presencia constante en instituciones de referencia, como el Museo Reina Sofía, el IVAM o CaixaForum Madrid, y exposiciones en centros como el Instituto Cervantes de Roma y París. A ello se suma la creación de su propia fundación, que refuerza la relevancia alcanzada en vida. Otra cuestión es que ese reconocimiento pudo ser menos amplio entre el gran público, en comparación con su peso dentro de los círculos artísticos.

Ambos pintores compartieron la huella de la posguerra, el viaje, el Prado como escuela y la escritura como extensión de la pintura. ¿Es ese paralelismo lo que hace tan natural este diálogo entre sus obras?

Cristino de Vera y Ramón Gaya comparten una sensibilidad marcada por la posguerra y por una forma de entender el arte vinculada a la experiencia del viaje y, en el caso de Gaya, también del exilio. En ambos, el Museo del Prado es una referencia esencial, aunque desde miradas distintas: la de Vera hacia una dimensión más espiritual y esencial, y la de Gaya como espacio de reflexión sobre la pintura. También la escritura ocupa un lugar relevante en sus trayectorias, como prolongación del pensamiento artístico. Esa convergencia de experiencias y referentes contribuye a que el diálogo entre sus obras resulte especialmente natural, más allá de las diferencias formales de sus lenguajes pictóricos.

Tracking Pixel Contents