En su rincón
Rafael Fuster, artista y director del Museo Ramón Gaya: Trabajando desde el silencio
Formado en Granada y París, el actual director del Museo Ramón Gaya recuerda sus iniciativas para acercar el arte a los más pequeños

Rafael Fuster en su estudio de Murcia / JAVIER LORENTE
Javier Lorente
Quedo con Rafael Fuster Bernal en su luminoso estudio, situado en el ático de su vivienda en Murcia. Es temprano, acaba de llevar a sus hijos al colegio y tenemos que aprovechar el tiempo porque le esperan sus responsabilidades de director del Museo Ramón Gaya. Me hace un café, él ya lleva dos pero al final se hace otro. Rafael tiene una importante trayectoria como pintor y escultor, es doctor en Bellas Artes, carrera que estudió en la bella ciudad de Granada de la que enseguida me habla con verdadera pasión.
De principio habíamos quedado en Santomera, en la casa que fue de su abuelo y que él habitó durante unos años. Allí tiene otro taller, pero su apretada agenda nos ha obligado a quedarnos en Murcia. Para otra ocasión dejamos ese encuentro, entre limoneros, con nuestro amigo común, Emilio Morales.
Como siempre me gusta preguntar por las raíces, me cuenta que su padre era orfebre y que le debe a su madre la pasión por la lectura y por los museos y exposiciones. De niño ya tenía muy claro que se quería dedicar a la pintura, se recuerda siempre dibujando y pintando y a los cinco años ya se matriculó en la academia de Pilar y Mercedes Martínez Meseguer, que tenían el taller cerca de Verónicas. Recuerda que ellas los llevaban mucho a ver las exposiciones del Almudí y que ponían a todos los alumnos a pintar allí.
Becado en París por el Ministerio de Cultura, organizó simposios sobre Gaya, creó una editorial y conoció a la que hoy es su mujer
A final de curso exponían en el Colegio de Arquitectos. Mercedes ya falleció, pero Rafael aún sigue en contacto con Pilar. Tras estudiar bachillerato artístico, Fuster marchó a Granada a estudiar Bellas Artes. El doctorado, en Escultura, lo hizo en Madrid. Su pasión por Ramón Gaya es muy anterior a su responsabilidad como director del Museo. De pequeño ya iba a las exposiciones de Gaya en el Almudí o en la Galería Chys y recuerda perfectamente que, junto a su madre, habló con él en 1990 cuando se inauguró su museo.
"De Gaya he aprendido muchas cosas, para mí ha sido un ejemplo a seguir en esto del oficio de pintor y también en esa sospecha constante de uno mismo", me dice. Fuster, como el maestro, vivió un tiempo en París, en el Colegio de España, becado por el Ministerio de Cultura. Allí organizó simposios en torno a Gaya, creó una editorial y hasta conoció a la que hoy es su mujer.
Me confiesa que aquellas clases de pintura en su infancia le marcaron tan positivamente que luego, tras la carrera, estuvo un tiempo organizando talleres infantiles en los que llevaba a los niños a pintar en los museos. Para ello se hizo autónomo y creó una empresa. El Arte de los Niños fue un proyecto que obtuvo varios premios y una beca internacional de mecenazgo. "Siempre he tenido la suerte de trabajar en lo que me gusta", me confiesa. También ha sido profesor de Bellas Artes, ha llevado proyectos educativos con niños en varias regiones, como en Torralba de Ribota, en Aragón, un proyecto compartido con Javier Mariscal, o en el Museo de Arte Moderno de Alicante.
Estamos inmersos en un mundo vertiginoso, de prisas y pantallas, pero no es tiempo lo que nos falta hoy día, sino concentración
En la pandemia apostó por el trabajo online, con niños y con museos, dos de las cosas que más le apasionan, como se ve: "Siempre he querido devolver a los museos lo mucho que a mí me han dado", y voy disfrutando de la conversación inspiradora de Rafa Fuster, jalonada de interesantes citas de James Joyce, de Cervantes y de otros escritores. Le gusta la lectura, claro. "Leo cosas de arte, biografías, poesía, temas de pedagogía del arte… Necesito estar con libros, desde pequeño, Me interesan, por ejemplo, las reflexiones y experiencias sobre la creatividad. Me marcó la lectura de 'El Arte de los niños' de Conrado Ricci, que fue el primero que dijo que los dibujos de los niños no son un mero intento sino el fruto de un rico lenguaje artístico propio".
En la conversación me habla muchas veces del silencio, tal vez por su amor por la vida tranquila. Rafael Fuster vivió y pintó muchos años en la casa de su abuelo, entre los huertos de limoneros, aquello le marcó y le curó el espíritu. Le gusta mucho la naturaleza y aprovecha cada vez que puede para dejar la ciudad y pasear por ella, solo o con la familia: "El contacto con la naturaleza me regenera, me ayuda a replantearme la vida y mi relación con el mundo. Es necesario aprender a estar con uno mismo, aprender a estar a solas. En el campo he contactado con los vecinos, con la sabiduría de un pastor que valoro tanto como la de un filósofo".
Y añade: "Estamos inmersos en un mundo vertiginoso, de estímulos, prisas y pantallas, pero no es tiempo lo que nos falta hoy día, sino concentración". Tal vez ese es su secreto para compaginar el trabajo de artista creador y la exigente dedicación de director del Museo. Me confiesa: "Yo subo todos los días al estudio, aunque sólo sean 10 minutos. La creatividad es una medicina contra la vorágine que hemos de tomar todos los días. Ya estamos inmersos en ‘matrix’ y hemos de tomar distancias, no tomarnos en serio el mundo, la vida sí".
La naturaleza vuelve a salir una y otra vez en nuestra conversación: "La naturaleza es una lección absoluta. No hay nada mejor que beber de las raíces, estar en la tierra y crecer hacia el cielo". Me cuenta sus viajes a Galicia: "Vamos mucho a aquel paraíso de la isla de La Toja. Me encanta caminar, olvidado del mundo, fuera de los tórridos veranos de aquí, disfrutando del verde y del mar".
No falta en nuestra conversación la referencia a su larga trayectoria, sus exposiciones individuales y la organización y comisariado de otras muchas de distintos autores. Ya empezó en la facultad de Granada, luego siguió en Córdoba, en Madrid, en Valencia y en diversas galerías de la Región: Art Nueve, Arquitectura de Barrio… "Yo voy creando obras, pinturas o esculturas, como ves aquí, en mi estudio, y luego las ordeno, las selecciono, les voy buscando su lugar para las distintas exposiciones. Mi gran proyecto es pintar a diario. Es mi mejor manera de luchar contra el ruido, de perderme en el silencio". Su obra es inspiradora, minuciosa y mágica, y él también.
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