Warm Up
Una noche para perderse sin querer encontrarse
La jornada del viernes fue como una corriente de agua que atraviesa a miles de cuerpos; la música se multiplica en cada escenario con los artistas internacionales, entre los que destacaron James y Solwax, y los nacionales, representados por Guitarricadelafuente, Sanguijuelas, Ultraligera y Ginebras
José Antonio Muñoz Devesa
La tarde cae despacio sobre Murcia, con esa luz tibia que baña el Segura e ilumina el imafronte de la Catedral, aunque este viernes llega filtrada por un cielo incierto que amenazó lluvia durante toda la jornada. A lo lejos, el Warm Up Estrella de Levante 2026 despierta. No abre puertas: abre los ojos. Se despereza entre estructuras metálicas, cables tensados como nervios y pantallas aún en penumbra. Este 1 de mayo no fue un lugar. Fue alguien.
Ha estado días preparándose para este encuentro. Se ha vestido de luces, ha afinado su voz, ha ensayado silencios para que cada estallido tenga sentido. Hay algo en su forma de latir que no se aprende: la certeza de que, cuando caiga la noche, alguien llegará dispuesto a dejarse llevar. Y llega. El festivalero aparece entre otros cientos, indistinguible y único al mismo tiempo. Viene con la rutina todavía adherida a la piel. Pero hay algo en su manera de mirar que el Warm reconoce de inmediato. "Eres tú", dice sin decirlo.
El acceso es el primer roce. La pulsera que se ajusta a una muñeca escenifica un pacto. Al cruzar, el aire cambia. No es más fresco, pero sí distinto, cargado de una electricidad que no se explica. La música lo envuelve con suavidad, como quien no quiere asustar. Al principio se observan. La jornada se muestra en fragmentos: un escenario donde Perdón entona acordes como quien realiza una confesión; un grupo de tres amigas murcianas que camina despacio, tanteando el terreno, como si supieran que están a punto de entrar en algo que no se puede controlar del todo.
Hay una tensión dulce en esa distancia. "Acércate", insinúan las primeras notas que emergen de un altavoz del ‘stage’ Ballantines. El festivalero asiente, aunque sus pasos cambian de dirección. El primer encuentro ocurre sin ceremonia. La actuación de Ginebras comienza, y con ellas se abre una grieta en la tarde. Magüi, Sandra, Raquel y Juls atraviesan el aire con sus guitarras, entre silbidos infantilizados y lírica de after, acaban llevando su actuación a un lugar algo incómodo. Sin embargo, el warmer levanta la vista. El festival, por fin, lo mira de frente. Y todo encaja.

El grupo James, anoche, en el escenario Estrella de Levante del Warm Up / Juan Carlos Caval
El encuentro entre ambos es real. El cuerpo empieza a moverse con una torpeza inicial que pronto se convierte en entrega. La murciana María Moreno, artísticamente conocida como AMORE, lo guía al ritmo de la experimentación y el cambio. Más que seguir un concepto cerrado, su actuación funcionó como un espacio abierto donde conviven distintas ideas y maneras de hacer canciones.
"Confía", dice cada compás. Y el festivalero se deja llevar. La tarde se disuelve en una noche que llega sin pedir permiso. El cielo se oscurece y el Warm cambia de piel. Se vuelve más intenso, más valiente. Las luces seducen y enloquecen. El sonido arrastra hasta la actuación de Sanguijuelas del Guadiana. El grupo extremeño desplegó todo su repertorio, es decir, su único disco ‘Revolá’. Fue un no parar. Una descarga de indie y rock casi sin respiro con Carlos Canaleda en primera línea con guitarra alta. Los warmers bailan junto a ellos.
Como una corriente de agua que atraviesa a miles de cuerpos. La música se multiplica en cada escenario, en cada rincón donde alguien canta, o simplemente salta. El asistente deja de ser espectador. Ahora forma parte del pulso.

El líder de James, Tim Booth, anoche en el escenario Estrella de Levante del Warm Up / Juan Carlos Caval
"Eres mío", susurra Guitarricadelafuente. "Soy tuyo", responden los miles de asistentes al recinto de La Fica. Se buscan constantemente. El valenciano ofrece momentos de intimidad entre el ruido.
Para el principio del concierto no sólo dejó el primer single de su último trabajo, también el segundo y 'Babieca', la que ha cosechado un mayor éxito de streamings. Con una euforia ya desbordada, el auténtico grito llegó cuando sonó 'Calypso', su último lanzamiento que rinde homenaje a su etapa en ‘Spanish Leather’.
Soulwax sumergió al público en un viaje electrónico de ritmos tensos y producción milimétrica
El festivalero se pierde, sin querer encontrarse en uno de los escenarios, la música crece hasta volverse casi insoportable al ritmo de León Benavente. Es ahí donde el vínculo se vuelve más fuerte. Existía la sensación de que el escenario y la banda habían sido diseñados para entenderse y eso se notaba en los pequeños gestos: la batería de César Verdú marcando el pulso con firmeza, la manera en que Edu Baos se cosía a la electrónica, las guitarras de Luis Rodríguez, el desparpajo magnético de Abraham Boba sosteniendo el paso desde ese lugar tan suyo. Pero el festival sabe lo que el festivalero empieza a intuir: esto no puede durar. Y sin embargo, lo alargan de la mano de James.
La banda liderada por Tim Booth trasladó a La Fica, ese indie-pop atemporal que en su país resuena en estadios y grandes recintos. Un éxito consensuado además por el número uno de ventas que consiguieron en Reino Unido con Yumy. Un sonido arrollador con definición cristalina junto con un volumen espectacular que presidió todo el concierto, con la voz de Booth luciendo impecable. Cada canción es un intento de detener el tiempo. Cada salto, cada mirada compartida con desconocidos es una forma de decir "quédate". El festival estira la noche como una cuerda tensa, resistiéndose a romperla. Con esa premisa, hizo su aparición la banda madrileña

Guitarricadelafuente actuó el viernes por la noche en el escenario Estrella de Levante / Juan Carlos Caval
Ultraligera. El concierto comenzó un poco pasada la hora prevista, con una introducción sombría y sostenida. Y entonces, con 'La Basura', llegó la primera grieta: un instante de desajuste entre la voz de Gisme, su propia boca y el resto de instrumentos; leve, casi imperceptible a cierta distancia, pero lo suficiente como para sembrar una duda. ¿Sonaba demasiado perfecto quizá? Una limpieza extraña, como si la voz flotara unos milímetros separada del cuerpo. "No soy infinito", admite en el murmullo de la gente, en el eco lejano del escenario Estella de Levante.
El festivalero lo escucha, aunque no quiera. Y por eso vuelve a la pista para disfrutar de Soulwax. Pivotando sobre una idea sencilla pero perturbadora, la dupla sumerge a los warmers en un paisaje de señales falsas y verdades empañadas. Una paranoia, a ratos irónica, que atraviesa las letras de sus temas sin buscar la épica literaria pero sí el fogonazo lírico que deje rastro. En ese sentido, la apuesta vocal funciona como un contrapunto, no por su profundidad, pero sí por enunciado afiliado, con el que se refuerza el nervio rítmico de las canciones.
Sanguijuelas descargó su ‘Revolá’ sin freno, guitarras al frente y energía cruda
La madrugada avanza como un ladrón paciente. Poco a poco, el cansancio se cuela en los músculos, aunque no logra imponerse. El Warm Up lo sabe y juega con ese límite. No lo deja caer. Lo sostiene con ritmos más envolventes, con una cadencia que ya no exige, sino que acompaña. Es el turno de Ladilla Rusa. Bailan distinto ahora. Más cerca del suelo, más dentro de sí mismos. El amor se vuelve menos explosivo y más profundo. Menos grito y más susurro.
Neoverbeneo aterriza como llegan las despedidas importantes: sin anunciarse del todo. Una apuesta fresca y transgresora, que combina electrónica, performance y estética radical. Cada luz, cada sonido, cada pausa está cargada de una intensidad que solo existe cuando algo está a punto de terminar. El festivalero lo entiende. Y entonces baila como si fuera la primera vez y la última al ritmo del pop digital, la electrónica y la actitud underground de Bclip. Cuando las luces se encienden, no hay ruptura, sino transformación. El Warm Up deja de ser esa presencia envolvente y vuelve a su forma original. Pero algo queda en el aire, como un perfume.
El festivalero se queda quieto unos segundos. Mira alrededor como quien busca a alguien que ya no está, pero que sigue de alguna manera. Afuera, la ciudad recibe la madrugada con indiferencia. Detrás, el Warm Up no desaparece. Se repliega. Se guarda. Se queda en silencio, esperando el momento en que pueda volver a ser alguien. Porque sabe algo que el festivalero también empieza a comprender: que este romance no termina.
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