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Entrevista

Sara Zamora: "Si no sacas contenido, parece que no existes; si sacas algo, ya vas tarde al día siguiente"

La cantante llega con un nuevo disco, ‘Butterfly’, y se consolida como una de las voces más personales del soul contemporáneo en España, articulando un lenguaje propio donde el funk, el R&B y la tradición afroamericana se reinterpretan desde una sensibilidad íntima, orgánica y ajena a las inercias del consumo rápido

Sara Zamora

Sara Zamora / L.O.

Sara Zamora, una de las voces más elegantes del panorama actual, regresa a la primera línea con Butterfly, su tercer disco de estudio, un viaje al alma del funk y el R&B, y el manifiesto de su metamorfosis artística. La artista murciana ha decidido aparcar las aulas para abrazar una identidad artística más pura, cálida y sensual. Su nuevo álbum, gestado en la intimidad de Producciones Tae bajo la batuta de Aure Ortega, es una colección de canciones como Reality o Love yourself, que funcionan como un espejo de su estado actual: libre de ataduras y profundamente conectada con la raíz rítmica.

Tras su paso por el festival Sanremo Senior, donde obtuvo el segundo premio, y respaldada por el programa Artistas en Ruta, se prepara para llevar su sofisticada energía por todo el país en una gira que promete ser el punto de inflexión definitivo en su carrera. Con un sonido que exhala la libertad de los clubes de Nueva Orleans y un directo orgánico diseñado para las distancias cortas, Zamora inicia su Universal Tour, demostrando que el soul, el funk y el R&B todavía pueden ser reinterpretados con una mirada íntima y honesta. El renacer del soul murciano bajo el sol de Nueva Orleans.

Este jueves hablará en la Sala de Catas de Estrella Levante (20.00 horas) sobre su nuevo trabajo discográfico, con una breve actuación en formato acústico, y el 31 de mayo lo estrena en directo en el Teatro Circo de Murcia.

El título de tu tercer disco, Butterfly, evoca metamorfosis, transformación. ¿En qué momento sentiste que esa ‘oruga’ artística necesitaba romper el hilo y mostrar tu identidad actual?

Sentí que ese momento llegó cuando dejé de intentar encajar en lo que se esperaba de mí (aunque esto ya lo hice en mi segundo álbum, Time), y empecé a escucharme de verdad. Durante mucho tiempo fui como esa oruga que avanza, aprendiendo, probando sonidos, colaborando, creciendo, sin prisas…, pero llegó un punto en el que me cansé de pensar tanto en cómo debía sonar o encajar. Butterfly sale justo de ahí: de dejarme de filtros, divertirme más y enseñar una versión mía más real…, y con menos miedo al qué dirán. En ese punto en el que entiendes que ya no puedes seguir escondida en el capullo porque tu identidad artística pide arriesgar. Más que romper el hilo, fue darme permiso para volar sin miedo a no gustar. Y creo que esa es la verdadera metamorfosis.

¿Qué has querido transmitir con este título?

Butterfly tiene dos significados, para mí. El primero es ‘libertad’ para hacer la música que me gusta. Si os dais cuenta, el disco tiene una gran variedad de estilos, pasando por el soul clásico, soul más contemporáneo, blues, jazz, funk, balada pop… Sin prejuicios. En resumen, he hecho un disco con la música que más me gusta. Y el segundo significado es que se dice que «el pequeño aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en Tokio». Eso quiere decir que hay pequeñas decisiones que podemos tomar y cambiar el rumbo de nuestras vidas. Yo tomé la difícil decisión de dejar para siempre mi trabajo como maestra para dedicarme en cuerpo y alma a la música.

¿Tres palabras para definir este nuevo disco?

Actitud, verdad, riesgo.

Concierto de Sara Zamora

31 de mayo, 19.00 horas

Lugar: Teatro Circo Murcia

Precio: 15€ (200 primeras entradas) / 25€ (anticipada) / 30€ (día del concierto)

Hablas de este álbum como un trabajo «libre y honesto». ¿Qué barreras te has quitado de encima en esta nueva etapa que no te atreviste a cruzar en tus discos anteriores?

Sobre todo la de querer gustar a todo el mundo. Antes pensaba más en «¿esto encaja?», y ahora es más «¿esto soy yo, o no?». También me he quitado el miedo a probar cosas nuevas, a mezclar sonidos y a enseñar partes más personales sin tanto filtro. Y otra importante: dejar de compararme todo el rato. En este disco hay menos cabeza y más instinto… Y eso, para mí, ha sido la mayor liberación.

Has decidido aparcar tu carrera como docente para volcarte de lleno en la música. ¿Fue una decisión de vértigo, o una necesidad vital que el cuerpo te pedía a gritos? ¿Un paso decisivo?

Un poco de las dos cosas. Vértigo hubo, claro… No voy a hacerme la valiente, pero sobre todo era una necesidad que ya no podía seguir ignorando. Llegó un punto en el que sentía que estaba a medias en todo, y la música me pedía más espacio, más tiempo. Y cuando algo te tira así, o lo escuchas o te quedas con la espinita. Fue un paso decisivo, sí, pero también muy natural. Más que lanzarme al vacío, fue como dejar de resistirme y dedicarme a lo que he nacido.

El disco respira un aire a los clubes de Nueva Orleans, con un groove muy cálido. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con Aure Ortega en los Estudios Tae para lograr ese equilibrio entre el soul clásico, el funk y una mirada tan personal? ¿Quiénes han participado en la grabación?

Fue un proceso muy orgánico, la verdad. Con Aure hubo mucha conexión desde el minuto uno: entendía perfectamente ese punto entre lo clásico y lo mío, sin que sonara a copia ni a algo forzado. En el estudio trabajamos mucho tocando juntos, dejando que las canciones respiraran. Había referencias al soul y al funk más clásico, sí, pero siempre con la idea de llevarlo a nuestro terreno, sin ponernos demasiado ‘puristas’. Si algo sonaba bien y tenía alma, se quedaba. Y sobre todo hubo mucho juego, mucha libertad para probar arreglos, cambiar cosas sobre la marcha y no encorsetarlo todo. Creo que ese equilibrio sale justo de ahí.

En la grabación han participado músicos increíbles, gente con mucho gusto, como Juan Tae ‘El niño de Mula’ al bajo y contrabajo, Sergio Bernal a la batería, Roberto Lavella en algunas guitarras, Pepe Pérez ha colaborado en un par de canciones con su increíble sonido de saxo, Aure a los teclados y la producción, por supuesto, Xiluva Tomás a los coros, Piti Martínez como ingeniero de mezcla y mastering… Se trata de eso, de rodearte de gente que entienda el lenguaje y lo eleve contigo.

Canciones como Reality o It’s time to change sugieren un mensaje potente. ¿Qué historia colectiva o personal intentas contar a través de las letras de este álbum? ¿Has escrito tú todas las canciones? ¿Qué dices en tus letras?

En este disco hay mucho de lo que yo he vivido, pero también de lo que veo alrededor. No es solo algo personal, también habla de una generación que está intentando ser más atrevida consigo misma, aunque a veces cueste, porque estamos rodeados de grandes industrias, redes sociales, haters…, y poca gente se atreve a demostrar quién es en realidad. Y de eso va este disco. Canciones como Reality o It’s time to change van justo de eso: de abrir los ojos, de asumir cambios que duelen un poco, pero liberan mucho. De vivir una verdadera realidad alejada de las pantallas, los reels, ordenadores… Las canciones las he escrito yo, o al menos parto siempre de mis ideas, mis vivencias o emociones. Luego, en el estudio se trabajan, se pulen y a veces se transforman con los músicos y la producción, pero la esencia viene de mí. Y fue Aure Ortega el que supo entender lo que querían y necesitaban las canciones. ¡Qué cuidados, qué arreglos, qué sonidos, qué intensidades…! Ha sido una pasada trabajar con semejante equipazo.

Reality se abre con un riff de bajo galopante. ¿Sample o guiño intencionado?

Guiño totalmente intencionado. No es un sample. Ese contrabajo (grabado por Juan Tae) está inspirado en una de las canciones de Gregory Porter, en el estudio, buscando justo esa sensación de ‘arranque’, como si la canción ya estuviera viviendo antes de que entres tú. La idea era que te pillara dentro de un groove, te empujara un poco hacia delante desde el segundo uno, te incitara a levantarte de la silla y a bailar, aunque no te apetezca.

En un mundo cada vez más digitalizado, tú apuestas por un sonido orgánico y una banda exquisita. ¿Es una rebelión contra la música ‘prefabricada’?

No lo vivo tanto como una rebelión, la verdad. Es más, una elección personal. No es que esté ‘en contra’ de lo digital ni de lo prefabricado, porque también usamos sonidos digitales en el disco, no voy a engañar a nadie, pero sí me interesa que la música respire, que haya solos de guitarras que te tumben, solos de pianos, arreglos corales reales. Y una banda te da eso: vida, interacción, sorpresa. Al final, es más una búsqueda de autenticidad que una guerra contra nada.

Has sido seleccionada por la AIE para el programa Artistas en Ruta y has participado en el Sanremo Senior en Italia. ¿Cómo siente una artista murciana que su propuesta de soul y R&B rompa fronteras y sea tan bien recibida fuera?

Es una sensación muy bonita, la verdad, y un poco rara al principio también. Cuando eres de Murcia y haces soul y R&B, piensas más en hacerlo lo mejor posible y que conecte con la gente que tienes cerca. Pero cuando ves que funciona en otros sitios, que se entiende el lenguaje aunque cambie el idioma o el contexto, es muy emocionante. Te da confianza, claro, pero sobre todo te confirma que lo que estás haciendo es real. Que la música, cuando es real, viaja sola.

¿Es complicado adaptarse a los nuevos tiempos en la música? ¿Sientes que el público está volviendo a valorar esa artesanía musical frente a lo efímero? ¿Cuál es el mayor desafío?

Sí, adaptarse es complicado, pero no porque la música sea difícil, sino porque el ruido alrededor es constante. Hoy todo va rápido: si no sacas contenido, parece que no existes; si sacas algo, ya vas ‘tarde’ al día siguiente. Y en medio de eso tienes que seguir haciendo canciones que no suenen a prisa. Ese es el lío. Yo no lo vivo como «antes era mejor» ni como una guerra contra lo digital, pero sí hay una tensión clara: lo efímero manda mucho. El scroll, el hit rápido, el consumo inmediato… Y eso a veces choca con lo que yo entiendo como música de verdad, que necesita tiempo, músicos, respiración, silencio entre notas… ¿El público está volviendo a valorar lo artesanal? Sí, pero no todo el mundo, ni siempre. Hay una parte que sí: gente que quiere escuchar un disco entero, que se fija en arreglos, que disfruta un groove de banda... Esa gente existe y se agradece muchísimo. Ahora, el mayor desafío para mí no es ‘adaptarme’ como quien se disfraza para encajar. Es otro: no perder el alma, porque puedes acabar haciendo música pensando en el algoritmo, en el vídeo corto, en el enganche del segundo 3…, y sin darte cuenta, la canción deja de ser canción y se convierte en contenido. Y ahí está el peligro. Yo prefiero ir al revés: que la canción mande, aunque eso signifique ser un poco más lenta, un poco menos viral, un poco más cabezota. Si luego conecta y se mueve, perfecto. Y si no, al menos es mía de verdad.

Mantener la esencia sin perderse en el ruido de los algoritmos. En tu caso, pasar del aula a los escenarios de medio mundo con un estilo tan de nicho como el funk y el soul es un reto valiente. ¿Cuál ha sido el obstáculo más inesperadamente difícil de esta transición?

El obstáculo más difícil no ha sido la música en sí, ni el directo, ni el estudio… Ha sido la gestión mental de todo lo que no es música. De repente pasas de un entorno más estable, como el aula, donde todo tiene su orden, su horario, a un mundo mucho más imprevisible, y ahí te das cuenta de que no solo tienes que ser artista, también tienes que aprender a lidiar con la incertidumbre constante. Y luego está lo de mantener la calma en medio del ruido: redes, expectativas, comparaciones… Eso desgasta más de lo que parece desde fuera. Pero, bueno, también te digo: cuando consigues que todo eso no te desvíe de por qué empezaste, ahí es cuando de verdad sientes que estás en el camino correcto.

Si Butterfly fuera una banda sonora de una película, ¿en qué escena te gustaría que sonara No more money o You? ¿Has visto el biopic de Michael Jackson? ¿Qué te sugiere?

No more money me la imagino en una escena muy de ciudad de madrugada: luces de neón, gente saliendo de un club y el protagonista con la cabeza un poco saturada, pero con esa sensación de «no tengo un duro, pero soy feliz con lo poco que tengo». Es un tema que encajaría en un momento de decisión, de decir «basta de postureo; ahora empiezo a elegir mi camino». You, en cambio, es más íntima. Es una canción que habla sobre mi hermano Joe. Sobre lo que lo quiero y lo mucho que nos entendemos. Es uno de los pilares más fundamentales en mi vida. Así que podría aparecer en cualquier película que trate sobre la familia. Sobre la peli de Michael, me ha dejado una mezcla de admiración y vértigo. Admiración por su nivel de disciplina y de ambición artística. Ese tipo de historia te recuerda hasta dónde puede llegar alguien cuando su vida gira completamente alrededor de la música. Y vértigo por la otra cara: la presión, la exposición constante, los juicios de las personas… Me ha hecho pensar mucho en los límites. En lo importante que es crear canciones desde la pasión, sí, pero también protegerte un poco por dentro para no perderte en el personaje o en las expectativas externas. Al final me ha dejado una idea bastante clara: el talento es enorme; sin equilibrio personal puede convertirse en algo muy pesado de sostener, pero ojalá existieran más Michael Jackson con ganas de cambiar el mundo, con ganas de hacer arte por el simple hecho de hacer arte, y nada más.

Cross the Universe se sale de tu estilo habitual, y fue el primer sencillo de este nuevo álbum. ¿Qué mensaje querías lanzar con esta canción, que podría ser el tema central de una producción Disney?

Cross the Universe la planteé precisamente como un «¿y por qué no?». No es el terreno más habitual para mí, pero ahí estaba el reto: salir del soul más terrenal y acercarme a algo más sinfónico, más cinematográfico, con ese aire casi de gran balada clásica tipo Barbra Streisand. Al final, también son mis influencias: las grandes divas con sus grandes canciones, majestuosas. Y es un tema muy especial para mí, porque habla de mi ‘enamoramiento’ hacia la música; la humaniza. La que nunca me abandona y siempre va conmigo de la mano. Y sí, además me lo ha dicho todo el mundo, que podría ser la banda sonora de cualquier película, no solo de Disney. Es magnífica, o por lo menos, a mí me lo parece, en mi humilde opinión.

Tu gira se llama Universal Tour. ¿Qué puede esperar el público de la puesta en escena? ¿Cómo trasladas esa ‘energía y carácter sensual’ del estudio al directo?

Universal Tour en directo va bastante a lo esencial: banda, energía, musicazos tocando en directo. La idea no es recrear el disco tal cual, sino llevarlo a un estado más vivo. En el estudio todo está muy cuidado, muy medido… pero en el escenario lo importante es lo que pasa entre los músicos y el público en ese momento. Y la ‘energía sensual’ no se fuerza: sale de mí misma, de una forma completamente natural. Tanto en Murcia el domingo 31 de mayo en el Teatro Circo, como en Sala Galileo el viernes 5 de junio, iremos en formato ‘noneto’, con sección de vientos, coristas... Recomiendo a todo el mundo que vaya a vivir la experiencia. Además, pasaremos también por Razzmatazz en Barcelona el 16 de mayo, por Matisse Club el 12 de junio en Valencia, y muchas más fechas a punto de anunciar.

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