Entrevista
Martín Páez Burruezo: "Es hora de que los murcianos vayamos creyendo en lo nuestro"
El historiador del arte y director de la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca acaba de publicar un libro que saca a la luz escritos inéditos de los pintores murcianos que conectaron con los grandes del movimiento

El historiador y académico Martín Páez Burruezo. / L. O.
Martín Páez Burruezo (Murcia, 1948) lleva toda una vida guardando papeles. Catálogos de exposición, cartas de familia, memorias escritas a mano, biografías mecanografiadas por los hijos de pintores ya fallecidos. Durante décadas, mientras dirigía la Sala de Exposiciones Palacio del Almudí y comisariaba retrospectivas de los grandes artistas murcianos del siglo XX, fue acumulando un archivo que ninguna editorial habría publicado y que la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca, de la que hoy es director, acaba de convertir en libro. La Generación del 27 en Murcia. Apuntes, textos y escritos inéditos se presentó el 21 de abril en el Museo Ramón Gaya ante un público que encontró, por primera vez reunidos, los testimonios directos de los pintores murcianos que vivieron aquel periodo extraordinario de la cultura española.
Los inéditos: cartas, memorias y el testimonio de una época
El subtítulo del libro anuncia lo que lo hace singular: la presencia de textos nunca antes publicados de los propios artistas. No son glosas ni interpretaciones del historiador, sino documentos primarios: cartas, pequeñas memorias personales y fragmentos autobiográficos que Páez Burruezo fue recogiendo durante décadas gracias al trato directo con las familias de los pintores.
Los ejemplos son elocuentes: el hijo del pintor Joaquín le entregó una biografía de su padre centrada en el duro periodo de posguerra; Sofía Morales le regaló cartas de esa misma época; Pedro Flores dejó escrita “una pequeña memoria de cuando era joven y vivía en Murcia”. Y cuando dirigió la exposición retrospectiva de Luis Garay, fue su hija, desde Albacete, quien le abrió sus archivos. “Todo esto he ido recopilándolo —dice— y, junto con mis textos, elaborados a través de monografías y retrospectivas, da lugar a un libro interesante no solo para historiadores del arte, sino también para coleccionistas y para quienes quieren entender quién era aquel Pedro Flores de la Escuela de París, ese Luis Garay que no se movió de Murcia o Joaquín, que vivió el exilio en Barcelona”.
Cuando se le pregunta si la intención de reunir ese material era anterior al propio libro, responde sin dudar: “La inteción estaba dese el primer momento con todos estos artículos míos, pero también textos que he ido recogiendo durante toda mi vida y al final lo hemos hecho”, añade Páez con la tranquilidad de quien sabe que ha cumplido una tarea pendiente.
Murcia en el mapa del 27
Cuando se habla de la Generación del 27, el relato habitual sitúa su epicentro en Madrid o en Sevilla, donde tuvo lugar el famoso acto del Ateneo en torno a la figura de Góngora. Páez Burruezo reivindica otra geografía: la de la periferia cultural, donde Murcia tuvo un papel que su libro ayuda a documentar.
"La Generación del 27 fue una cosa muy de la periferia", afirma. "Piensa que García Lorca es de Granada, Cernuda no es de Madrid... Incluso la primera reunión de la generación se hace en Sevilla. Siempre nos dirigimos por ese centralismo que nos dice que la marca principal viene de Madrid, pero la periferia ha jugado mucho".
¿Por qué surge precisamente en Murcia? Páez Burruezo tiene una respuesta elaborada que arranca en el siglo XIX: "Hay una tradición pictórica que nos viene del XIX, en el que los pintores y escultores iban becados a París y a Roma desde la Diputación de Murcia. Eso crea un ambiente propicio". A eso se sumó, en los años 1918-1920, la llegada a Murcia de pintores ingleses —Gordon, Tryon y Hall — que regresaban de la Primera Guerra Mundial recorriendo la costa de Levante. "Estos traen en sus maletas libros de Matisse, de Picasso, de Braque. Y los jóvenes pintores murcianos, que seguían a figuras españolas como Gutiérrez Solana, al ver la vanguardia europea se sorprenden y los imitan". Esa influencia, subraya, fue decisiva para Luis Garay, para Pedro Flores, para toda su generación.
Joaquín, "un pintorazo" poco conocido
Entre todas las figuras que desfilan por el libro, hay una que Páez Burruezo reivindica con especial intensidad: el pintor conocido simplemente como Joaquín, cuyo estudio fue, de hecho, el punto de arranque de toda su investigación. "Era un pintorazo que, desgraciadamente, tenía tanto entusiasmo que a lo mejor le faltó un poco más por su propia exigencia", dice. "Pero yo creo que es un pintor importante". Lo mismo ocurre con Luis Garay, que aunque no salió de Murcia, llegó a exponer con los Artistas Ibéricos en Copenhague y recorrió Europa en una colectiva. Y con José Planes, escultor al que califica sin dudar como uno de los grandes del siglo XX: "Planes es un espectáculo de escultor. Gracias a él se creó la Escuela de Arte y Oficio en Murcia, porque era un personaje muy importante en el arte en Madrid".
Ramón Gaya, la figura murciana más asociada al 27 y cuyo museo fue el escenario de la presentación del libro, recibe también su lugar en el relato. "Ramón tuvo la suerte de ser el joven, piensa que con diez u once años ya expuso con esta generación", explica. Y recuerda que fue el propio Gaya, cuando regresó a Murcia en sus últimos años, quien le aclaró de viva voz muchas claves de aquella época: "Nos enseñó muchas cosas de cómo surge de pronto esta vanguardia en Murcia, y esas historias vienen reflejadas en el libro".
El libro se publica bajo el sello de la Real Academia de Bellas Artes de Santa María de la Arrixaca, con el apoyo del Ayuntamiento de Murcia. Páez Burruezo, que es su director, es rotundo sobre por qué no se planteó otra vía: "Las editoriales tienen unos intereses comerciales. Yo ni me lo planteo, porque sé que estos libros no son comerciales. La academia y las instituciones son los que deben estar presentes a la hora de hacer algo que no sea totalmente comercial, como es una publicación de documentos". Y añade algo que resume bien su filosofía: "Incluso lo generoso es que salgan fuera, que se regalen, que se den".
Y lanza un mensaje que podría servir de colofón a toda su trayectoria: "El murciano muchas veces no cree demasiado en sus cosas. Es hora de que vayamos creyendo en lo nuestro".
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