Literatura
Emma Gil, escritora: "El problema no es que los jóvenes no lean, es que no encuentran qué leer"
Emma Gil es una de las voces emergentes más tempranas del nuevo ecosistema literario juvenil que combina la escritura nacida en redes con una narrativa íntima y generacional que conecta con miles de lectoras

Emma Gil junto a su libro ‘Si fueramos eternos’. / L.O
Emma Gil tiene 17 años, estudia bachillerato de Artes en un instituto de Murcia y escribe por las noches porque es "muy búho". Su primera novela, Si fuéramos eternos, lleva ocho ediciones en menos de tres meses publicada por Matchstories (Martínez Roca), tiene colas de quinientas personas en sus firmas y la convierte en la escritora más joven del Sant Jordi de este año. Todo esto compaginándolo con el instituto, los viajes, TikTok y los abrazos que prodiga una a una a cada lectora hasta quedar "reventada". Cuando se le pregunta adónde la llevará todo esto, responde con una honestidad desarmante: "No tengo ni idea".
¿Cuándo te has empezado a dar cuenta de que esto es real, de que no es un sueño?
Cuando se me han acumulado tantísimas cosas que hacer. Al principio estaba más relajada, tenía más tiempo para preparar la promoción. Pero de repente se me han juntado muchísimas firmas seguidas, muchos viajes, que también me quitan mucho tiempo de todo, de clase, de todo en general. Es muy guay. Este mes es una locura —la semana de las letras, San Jordi, mil campañas por redes para el mismo día— pero en general lo disfruto mucho.
¿Y cómo se gestiona eso siendo tan joven?
Organizándome, cosa que a mí no se me da especialmente bien, pero ahí voy. He hablado con mis profesores para que lo sepan y con mis compañeros para que me vayan contando lo que pierdo de clase.
En la novela hablas de inseguridad, de perder la voz propia... ¿Cuánto hay de Emma en Maddie?
Mucho. Yo me desahogué muchísimo con la protagonista, tenía muchas cosas que decir. Gran parte de Maddie soy yo, aunque hay evidentemente muchísimas partes que son ficción para complementar la historia. Yo hablo de lo que siento y de lo que entiendo. He pasado por situaciones un poco desagradables hace unos años que también pasa Maddie —algunas familiares— aunque todo está adaptado, obviamente, al drama de la historia.
Yo escribía cuando realmente tenía inspiración, porque si no, no lo iba a forzar
La trama romántica, ¿lo tenías claro desde el principio o fue surgiendo?
No lo tenía tan claro. Yo siempre intento que quede superclaro que es una trama secundaria, porque mucha gente lo lee esperando una novela completamente romántica y no es así. Yo creía que el romance con Aaron iba a ser la trama principal, pero al final no le di tanta importancia porque tiene la que necesita. Los personajes son muy jóvenes, cada uno tiene que solucionar sus problemas por separado, y ya cuando estén bien, pues que tengan una amistad o lo que surja. Los he dejado muy libres, muy a interpretación del lector.
Maddie deja de escribir cuando la traicionan. Tú, en cambio, escribiste una novela con 16 años. ¿Has tenido algún bloqueo?
Bloqueo como tal, no. Sí que había intentado muchas veces terminar un libro y me parece superfidícil dar un final: puedes comenzarlo con muchísimas ganas, pero desarrollar la trama hasta el final es complicado porque va cambiando tanto y te van surgiendo tantas incoherencias... Etapas de no escribir, muchas. Yo escribía cuando realmente tenía inspiración, porque si no, no lo iba a forzar. Pero nunca había estado tan en serio centrada en un libro como con este.
¿Cómo se compagina escribir un libro con la vida social de una joven de 17 años?
Escribía sobre todo por la noche, porque soy muy nocturna, muy búho. Y en verano, en época de vacaciones aproveché muchísimo y el último mes fue el esprint final.
Llevas meses firmando en Madrid, Barcelona, Canarias, Murcia... ¿Cómo está siendo esa doble vida, instituto por la mañana, escritora por las tardes?
Es divertido, pero cansa muchísimo. Comienzo con muchísima energía y aguanto hasta el final con energía relativa. Cuando llevo ya dos horas de pie, sin sentarme, sin parar un momento, noto el cansancio. Y luego necesito irme al hotel a dormir enseguida. Es que yo no soy de las que se queda sentada: abrazo a cada niña y hablo con todas, necesito que todas me cuenten algo, entonces invierto muchísimo tiempo y al final acabo reventada.
Mis colas son de quinientas niñas de mi edad, me han llegado a venir hasta niñas de ocho años
Las redes te abrieron la puerta a la editorial o fue al revés. ¿Existiría este libro sin @emmabooks?
No tengo ni idea. Me alegro muchísimo de haberme creado la cuenta, porque me ha abierto muchísimas puertas. Pero la escritura es algo que, si yo no me hubiera visto capacitada, no habría hecho. Yo siempre he dicho que escribir para mí era un ‘hobby’ y nunca he tenido muy claro a qué quería dedicarme. Simplemente quería verme capaz de terminar un libro. Las redes me dieron ese impulso. Y de hecho, antes de que se publicara Si fuéramos eternos, yo ya estaba súper motivada a escribir la segunda, porque ya me veía capaz.
Hay un mito muy extendido sobre que los jóvenes no leen. ¿Cómo lo ves tú desde dentro?
Completamente falso. Mis colas son de quinientas niñas de mi edad, me han llegado a venir hasta niñas de ocho años. Siempre les pregunto qué tal van con la lectura, y me encanta cuando me dicen «acabo de empezar». El problema es que cuando eres adolescente no es que no te guste leer, es que no encuentras algo que realmente te guste. Pero cuando ves por redes a chicas de tu edad con estanterías llenas de romances, fantasía, misterio... entran ganas de coger un libro.
María Martínez, una de las autoras más leídas en España, ha recomendado tu novela. ¿Qué significa ese respaldo?
Para mí María Martínez es como una amiga. La conozco desde hace muchísimos años: yo iba a sus firmas como una lectora anónima cualquiera, luego comencé a hablar de sus libros en redes, empezaron a enviármelos, y ya fuimos coincidiendo en eventos. Ella me contó que también es de aquí de Murcia, así que coincidíamos en todo. Cuando surgió Si fuéramos eternos, le propuse que lo leyera antes de publicarse y que, si quería, me diera una frase para la promoción. Se lo leí, me mandó su reseña por WhatsApp. Es un respaldo genial.
Lo que más puntualizo es el proceso de corrección y la escritura en sí
¿Hay tiempo para escribir la siguiente historia?
Sí, la tengo ya empezada. Empecé a formularla en noviembre, antes de que se publicara Si fuéramos eternos, porque se hicieron algunas cosas en mi vida que me inspiraron. Todavía no voy a decir nada, lo dejo en el aire. Solo diré que igual es un poco triste, porque lo triste en mi vida es mi mayor inspiración. Tengo muchas ganas de seguir escribiéndola.
¿Qué has aprendido de Si fuéramos eternos que harás diferente esta vez?
Muchísimas cosas, pero lo que más puntualizo es el proceso de corrección y la escritura en sí. Era la primera vez que escribía tan profesionalmente, con editoras ayudándome a estructurar, y en la corrección me di cuenta de tantísimas cosas: "Madre mía, ¿cómo no he caído antes en esto?" También hablar con la ilustradora de portadas fue muy divertido. Sin duda, lo que más me ha enseñado es cómo es todo el proceso de escritura bien hecho, de verdad.
Y al final, ¿la escritura es el destino o un desvío en el camino hacia lo audiovisual?
No tengo ni idea. Todavía me queda segundo de bachillerato, y cuando acabe ya veré la salida que toma mi vida, porque como esto acaba de empezar, no sé adónde me va a llevar. Sigo escribiendo, sigo con los estudios, sin focalizarme en qué pasará dentro de dos años. Sí que tengo pensado meterme en lo audiovisual porque me gusta y ya tengo algo de relación con ello. Pero la verdad es que no lo sé.
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