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En su rincón

Javier Cruzado, artista visual y creador: El mar que nos roban

Tras su educación en Valencia, cuando conformó un grupo «muy ecléctico pero muy interesante» de artistas, el cartagenero volvió a su ciudad para montar el Estudio Payne, donde imparte sus clases

Javier Cruzado en Payne, su estudio en Cartagena.

Javier Cruzado en Payne, su estudio en Cartagena. / Javier Lorente

Javier Lorente

Javier Lorente

Algo se empieza a mover en el renovado mundo artístico de Cartagena: locales expositivos, academias de enseñanza y nuevas generaciones de artistas. Prueba de ello es mi encuentro con este joven creador. Javier Cruzado Huete, que aún no ha cumplido los 30 años y ya destaca por sus pinturas y grabados, así como por su labor pedagógica. Nos encontramos en Payne, su estudio, taller y local donde imparte clases de dibujo y pintura a niños, jóvenes y adultos, un verdadero lugar de encuentro con las bellas artes situado en la Calle Jiménez de la Espada, 44, un espacio amplio, luminoso y moderno, lleno de rincones para los alumnos y para el propio artista, con caballetes, mesas de trabajo, tórculos, zona de dibujo, zona de ilustración, etc.

Descubro que sus padres, Diego Cruzado y María Huete, son unos históricos de La Huertecica, el conocido centro que tan buena labor social ha hecho desde 1983 con la prevención y apoyo contra las adiciones y drogodependencias. Javier Cruzado lleva en la sangre esa cercanía y calidez ante las personas y descubro que es una persona realmente tan encantadora como despierta. De las paredes cuelgan algunas de sus obras. Estos días ha expuesto en el espacio Estudio Veinte Veinte, en la Calle Cuatro Santos, una estupenda selección que desmonta mañana lunes.

El grupo artístico de Valencia

Con una simpatía rebosante de bonhomía, Javier me cuenta que ya de niño estaba enamorado del dibujo, que se apuntó a clases particulares en el estudio de Alfonso García y después en el de Enrique Navarro, que años después hizo bachiller de Arte con profesoras como María José Contador y Nicole Palacios y que finalmente marchó a Valencia a estudiar Bellas Artes. Ha realizado cursos y especialidades en torno al grabado y a la mediación artística y hecho un máster y obtenido varias becas y ganado premios en diversos concursos artísticos.

Me confiesa: «Me enamoré de Valencia, de la ciudad, de sus pueblos de alrededor y de esta Facultad de Bellas Artes, rodeado de artistas y de compañeros. Íbamos a las galerías y a las exposiciones de la ciudad y de la comarca. Nos juntamos un grupo muy interesante. Yo hice muchos proyectos de grabado. Realmente en mis pinturas siempre hay una reminiscencia gráfica y en mis grabados siempre se ve mi impronta pictórica. Éramos un grupo muy ecléctico pero muy interesante, con piezas que iban de lo más abstracto al estilo más figurativo».

Y añade: «Mis planes nunca han sido opositar a la enseñanza reglada, pero siempre he tenido vocación docente, por eso ahora mismo estoy muy contento con haber convertido este almacén industrial en mi estudio y, a la vez, en un centro que me permita transmitir a mis alumnos mi pasión por la creatividad y por las artes». Javier también imparte clases de grabado para la Universidad Popular de Cartagena y es profesor de actividades extraescolares en varios colegios e institutos.

Pese a su juventud ha expuesto en muchas exposiciones colectivas y en varias individuales. Sus obras se han podido contemplar en diversas salas dentro y fuera de la Región, entre ellas en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, Centro Gigarpe, Sala Subjetiva del Ayuntamiento de Cartagena, Sala L´Espai de Torrent, etc; y en numerosas colectivas que le han llevado a Méjico, Cerdeña, Valencia, Barcelona, Reino Unido, etc. Me sorprende su amplio currículum, pese a su juventud, y compruebo que le bulle la cabeza con mil proyectos que tiene en mente. Por ahora no quiere renunciar a ninguna de sus vocaciones: la de creador, educador ni mediador ni gestor cultural.

Respecto a sus referentes me habla de que ha evolucionado en sus gustos: «Antes me decantaba más por las vanguardias. Picasso siempre ha sido mi mayor admiración. Últimamente me voy acercando más a los artistas vivos, entre ellos a Paola de Diego o Richter, sin olvidarme a grandes artistas de Cartagena, como Gonzalo Sicre o Charris». También me gusta mucho David Hockey, un artista en el sentido completo de la palabra, tanto en su obra como en su propia vida, su obra sigue fresca y vital en la actualidad».

Estudio de barrio

Gozo la conversación con este joven artista, hablamos de arte, de artistas, de exposiciones, de cuadros que nos han emocionado... Él echa de menos el ambiente cultural de Valencia, sus bares que también eran espacios expositivos, pero no se arrepiente de haberse establecido en Cartagena: «Estuve a punto de quedarme allí, pero estoy muy contento de lo que me está pasando con Estudio Payne, está en un buen barrio, muy cerca del centro de la ciudad, con vida de barrio, aquí vive mucha gente que se para ante el escaparate y pasa a interesarse por lo que hacemos».

Al final de la conversación me entero que conoce a mi hijo: «Coincidí con Miguel en bachiller de Arte y un día nuestra profesora Nicole nos llevó a ver una exposición tuya». En el mundo hay muchas más conexiones de las que imaginamos y compruebo que a este joven, por su creatividad e ideas claras, le esperan grandes caminos de futuro por los que transitar en el mundo del arte, llegará lejos, sin duda y más allá de «El mar que nos robaron» (título de alguna de sus obras), descubrirá nuevos paisajes aún intactos para miradas abiertas. Suerte.

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