Entrevista
Iñaki ‘Uoho’ Antón: "Con sesenta tacos si no has aprendido algo o estás perdiendo el tiempo o viendo demasiado fútbol”
El histórico guitarrista de Platero y Tú y Extremoduro regresa con una nueva banda, Rebrote, grabado a la sombra de la enfermedad con el único antídoto que conoce: seguir tocando

Los miembros de Rebrote con Iñaki ‘Uoho’ Antón en el centro. / L. O.
Hay músicos que con el tiempo envejecen y hay músicos que crecen. Iñaki ‘Uoho’ Antón, bilbaíno de la añada del 64, guitarrista fundacional de Platero y Tú y columna vertebral de Extremoduro durante dos décadas, pertenece a la segunda especie. Lleva demasiado tiempo en el oficio como para creer en los reinicios impostados, y sin embargo aquí está: con un disco nuevo, una banda nueva, pero no con la urgencia de quien ha estado cerca de no poder volver a los escenarios.
Rebrote llega después de casi tres años de Covid persistente que lo tumbaron literalmente, de operaciones de corazón, —justo el día de la muerte de Robe—, de un neumotórax el mismo día que se publicaba el álbum. El disco, grabado en Pértika 3 con compañeros de toda la vida como Miguel Colino y José Ignacio Cantera,con Jaime Tejedor ,Iñigo López y con la voz nueva de Jaime Moreno —líder de The Electric Alley—, no huye de nada de eso. Lo atraviesa.
Usted atravesó casi dos años y medio de enfermedad grave. ¿Fue en ese período cuando pensó en hacer algo nuevo o fue después, al recuperarse?
Cuando estaba malo no estaba pensando en hacer nada nuevo, ni mucho menos. Estaba pensando en que llegara el día siguiente. Cuando me empecé a encontrar mejor fue cuando empecé a tener ganas de retomar.
El nombre Rebrote no parece casual. ¿Es una metáfora artística o también hay una dimensión de supervivencia física en ese título?
Todas estas definiciones son interpretables. Si nos ponemos a desvelar, hay una metáfora a nivel personal, pero es un nombre que me parece guapo para que cada uno le diga una cosa, y está bien así. Es como la letra de una canción: a diferentes personas les dicen diferentes cosas y así debe ser. No hay por qué explicar un significado concreto.
¿Cómo llega a Jaime Moreno? ¿Qué buscaba exactamente en la voz de este proyecto?
No lo sé, porque es algo intangible, no se puede medir. No es algo que pueda cuantificar ni analizar. Son sensaciones, tanto la voz como su forma de trabajar, de hacer canciones o de interpretar la música. Tiene algo que me convence, aunque técnicamente no sabría definirlo. Fue lo primero que hablamos, y en cuanto le oí cantar en castellano —a él no le convencía mucho lo que había cantado en español—, pero me di cuenta de que había mucho arte en eso.
Ha trabajado con voces muy concretas que conocía en profundidad: Fito, Tarque, Robe. ¿Cambia el proceso de composición cuando hay una voz nueva, sin ese bagaje compartido?
Sí, cambia en varios aspectos. Por una parte sigue siendo el mismo porque estás haciendo música; por otras cambian las tesituras, los estilos, hay que tenerlos en cuenta al escribir. Y luego la manera de trabajar de cada uno también varía. Lógicamente, los trabajos cambian con cada persona.
Cuando estaba malo no estaba pensando en hacer nada nuevo; estaba pensando en que llegara el día siguiente
Siete canciones, 37 minutos, algunas de más de nueve minutos. En un momento en que el consumo tiende al formato corto, ¿fue una decisión consciente o las canciones pedían ese espacio?
Tratar de hacer los formatos que se llevan y tener en cuenta los hábitos de consumo actuales es autocensurarse artísticamente. La creación debe ser libre. La música es algo que se extiende en el tiempo, y pelear contra eso para traerla al ritmo de TikTok es, artísticamente, un despropósito.
Las reseñas apuntan que es inevitable escucharlo sin pensar en Extremoduro, en Platero, en Inconscientes. ¿Le preocupa esa sombra?
No me preocupa en absoluto. Es más, me parece normal. Que la música que yo estructuro suene a otra que yo he hecho no solo no es extraño sino que es inevitable. Otra cosa sería que tratara de copiar un estilo o repetirlo, que no es el caso. No veo que pudiera ser de otra manera.
¿Produce de forma distinta para otros —Fito, Marea, Despistaos— que para usted mismo?
Hay veces que producir para otro es más exigente, porque cuando trabajas para otro tratas de hacerlo lo mejor posible. Es como cuando te dejan un hijo de un vecino: dices, no lo voy a cuidar peor que al mío. Para uno mismo, quizá en la precomposición es donde nos comemos más el coco. Luego procuramos tenerlo bien escrito para que la grabación sea, dentro de lo que cabe, más ligera.
El disco tiene un orden en el vinilo y otro diferente en el proyecto audiovisual. ¿Son dos formas distintas de escucharlo?
Son dos propuestas. Cada uno escucha el disco como quiere [Risas]. El orden del vinilo lo hemos pensado: hemos metido una canción muy larga y más lenta en segundo lugar, hemos empezado con una con bastante desarrollo. Y la parte visual propone otro orden, otra forma de acabar. Sin más.
Tratar de hacer los formatos que se llevan es autocensurarse artísticamente
El día que murió Robe Iniesta, usted estaba operándose del corazón. ¿Cómo se vive la pérdida de un amigo tan cercano desde una cama de hospital?
Pues flipas, ¿qué te voy a decir? En cualquier circustancia sería una cosa muy extraña, y en la cama de un hospital y anestesiado, todavía más rara.
Ese mismo día publicaron Cuando no estás tú. La letra dice: "No supe descifrar la dirección de tu argumento, no pude ver detrás". ¿Hay algo en esa canción que necesitaba decirle a Robe y que no llegó a decirle en vida?
Llevábamos un par de años ‘desenconectados’ diría Robe. Había cosas que pensaba que alguna vez hablaríamos, pero no ha podido ser. Las canciones son canciones, y creo que el mejor favor que podemos hacer tanto a la canción como al oyente es dejar que se entiendan entre ellos. No vamos a desvelar nada.
Ese tema suena u poco a La ley innata. ¿Fue un homenaje consciente?
La ley innata es la ley innata. Cuando no estás tú es Cuando no estás tú. Quizá el sonido y la duración es lo que lleva a eso: empieza con un compás de seis por ocho ‘atresillado’, hay desarrollo, la canción crece y decrece. Pero eso pasa en muchas canciones. Mayéutica lo montamos aquí también, y se ha hablado de lo mismo. Cada obra es lo que es.
Hay quien sostiene que el sonido de Extremoduro era en gran medida arquitectura suya: los riffs, los arreglos, la forma de las canciones. Rebrote parece darle la razón a esa lectura. ¿Cómo le sienta que se diga eso?
Tiene lógica. Hay gente que escucha la música sin más y hay gente que la escucha con más profundidad y se da cuenta de cosas. Mayéutica lo montamos aquí, lo estructuramos, le hicimos los arreglos. Luego hubo un punto en que el matrimonio no tenía un entendimiento total y yo me bajé; Robe lo grabó con los chicos en Extremadura, y está muy bien. El disco estaba terminado cuando fué para allá y se grabó alli. Y habrá cosas de allí, la música es un reflejo de unas circunstancias.
Las canciones son canciones, y lo mejor es dejar que se entiendan con quien las escucha
La presentación en Madrid se agotó antes de que saliera el disco. Después de casi tres años sin escenarios, ¿había vértigo?
Claro que lo había, y muchas ganas. Es curioso: después de casi tres años de enfermedad y de no pisar un escenario, cuando estás en él parece que estuviste la semana anterior. El cuerpo y el cerebro lo tienen muy automatizado. Pero la gira empieza mañana aquí, en Murcia. Aquel fue un concierto aislado, nos presentamos. La fiesta empieza mañana.
En los directos van a tocar el disco completo más canciones de su trayectoria. ¿No hay miedo a que lo viejo eclipse lo nuevo?
No, porque confío en lo nuevo. Creo que son buenas canciones y tengo la seguridad de que el sonido que transmitan en directo no va a ser inferior. Habrá canciones antiguas que la gente coree más porque las conoce desde hace tiempo. Pero no habrá desentono. Mañana lo comprobaremos.
El día del lanzamiento del disco sufrió un neumotórax. Antes había pasado por el COVID persistente, la operación de corazón. ¿Hubo un momento en que pensó que esta música quizás no iba a llegar a un escenario?
Con el neumotórax no, la verdad es que igual soy un poco inconsciente. Solo pensaba en que me repararan, en hacer la convalecencia lo mejor posible y en ir a tocar. En mi cabeza no quería entrar en que no fuéramos a tocar.
Hay un punto andaluz en el disco, algo que suena casi a quejío en alguna canción. ¿Es la influencia de Jaime Moreno, que viene de Cádiz?
Sí, hay cosas de Andalucía, me gustan mucho, mi mujer es andaluza, que te voy a decir. Queríamos hacerlo muy rockero, muy neutro, pero nos hemos ido metiendo un dedito, una manita en Andalucía y nos gustó. En el próximo quizás hay más, quizás no. ya se verá.
Con Robe hay cosas que pensaba que alguna vez hablaríamos, pero no ha podido ser
El disco abre y cierra con versos de Lorca recitados por Manolo Chinato. ¿Por qué Lorca?
El primer tema fue creciendo y Jaime Moreno descubrió que había cuatro versos de Lorca que encajaban muy bien. Los colocamos dentro de la canción. Y los cuatro que continuaban, nos pareció buena idea recitarlos al final. Son cuatro versos. Así de sencillo.
¿Están ya preparando material para el siguiente disco?
Tenemos todos los apuntes para el próximo proyecto. En cuanto podamos rebajar un poco de enfermedades, penurias y ensayos para el directo, nos ponemos. Hay que estar al pie del cañón para que las cosas vengan y queden apuntadas; si no, se pierden.
Si el Uoho de hoy pudiera decirle algo al de veinte años, ¿qué le diría? ¿Y le haría caso?
Le diría: tranquilo, no hace falta hacer tantas cosas [rie]. Hazlas más despacio. Y el de hace veinte años no le haría mucho caso. Quizá si supiera que era él mismo Iñaki del futuro le haría un poquito, pero conociendo como conozco al de entonces, tampoco demasiado. Con sesenta tacos tienes que haber aprendido algo o estás perdiendo el tiempo, o viendo demasiado fútbol.
Horario concierto
- Viernes 24, 22.00 h
- Sala Garje Beat Club, Murcia
- Desde 22 euros
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