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Arte

Chipola regresa al Mudem: el artista que marcó la memoria gráfica de Molina

Una exposición recupera la obra de Joaquín García Abellán, del humor gráfico a la pintura, en un recorrido por uno de los creadores más influyentes de la Región

Una obra de Chipola expuesta en el Mudem de Molina de Segura.

Una obra de Chipola expuesta en el Mudem de Molina de Segura. / L. O.

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

La Sala de Exposiciones del Mudem acoge hasta el 18 de mayo Chipola, una muestra expositiva dedicada a Joaquín García Abellán, uno de los autores más reconocibles de Molina de Segura, cuya obra atraviesa disciplinas como el humor gráfico, el diseño, la ilustración y la pintura. El recorrido permite revisitar una producción estrechamente ligada a la vida cultural del municipio, construida desde la ironía, el compromiso social y una identidad visual propia.

La exposición recorre las distintas etapas creativas del artista: desde las primeras tiras de la Familia Chipola, que lo dieron a conocer, hasta sus chistes gráficos, programas de fiestas en formatos ya populares, carteles para Molina de Segura y Murcia o trabajos de carácter editorial como catecismos. El itinerario culmina en su producción pictórica, donde su lenguaje se vuelve más libre, matérico y expansivo.

A lo largo de este recorrido se aprecia la evolución de un autor capaz de moverse entre lo popular y lo experimental sin perder coherencia. Su obra, siempre reconocible, articula escenas, personajes y símbolos que forman parte de la memoria colectiva local, como recuerdan desde el Ayuntamiento de Molina.

Joaquín García 'Chipola', en su estudio pintando.

Joaquín García 'Chipola', en su estudio pintando. / L.O.

Un artista entre compromiso y oficio

El profesor de la Universidad de Murcia José María Jiménez Cano sitúa su figura en un contexto social y político muy concreto: "Un geógrafo diría que Joaquín García Abellán fue un molinense exiliado en la ciudad de Murcia", explica, recordando su vinculación desde joven a movimientos católicos de base como la JOC o la HOAC, así como a asociaciones vecinales y plataformas sociales durante el final del franquismo. Buena parte de la imagen gráfica de estos movimientos —carteles, panfletos o logotipos— fue obra suya.

Una de la obras de Joaquín García Abellán, 'Chipola'

Una de la obras de Joaquín García Abellán, 'Chipola' / L. O.

Su trayectoria profesional estuvo marcada por esa doble vertiente creativa y social. Trabajó en el ámbito agrario, estudió Magisterio y desarrolló su carrera en el terreno del diseño gráfico y la comunicación, en parte gracias al impulso de figuras como Francisco Abad Herrero, que facilitó su acceso al mundo del arte, o del dibujante Baldomero Ferrer, Baldo, junto al que se formó en el entorno de la agencia publicitaria Ekipo.

"Si normalmente es una fortuna hacer de la vocación oficio, en su caso convirtió su talento para el dibujo en la base de toda su actividad profesional", señala Jiménez Cano, quien matiza que su aparente autodidactismo se completó con una capacidad constante de aprendizaje. "Todo lo emprendió: diseño, fotografía, pintura o incluso escultura, aunque esta última quedó como asignatura pendiente".

De Contraplano a la pintura

Uno de los momentos clave de su trayectoria fue la etapa al frente de la empresa Contraplano, que se mantuvo activa hasta que los cambios tecnológicos transformaron el sector del diseño y la publicidad. A partir de ese punto, su actividad se desplazó de forma progresiva hacia la pintura.

Una de las obras de la muestra de Chipola en el Mudem.

Una de las obras de la muestra de Chipola en el Mudem. / L. O.

En ese último periodo, su obra se intensifica y se expande. Series como la de los demonios, junto a desnudos o figuras musicales, muestran un lenguaje más expresivo, con una fuerte presencia del color, el detalle y la acumulación.

"Exagerado y barroco, su genio explotó cuando empezó a pintar como si no hubiera un mañana", resume Jiménez Cano, que destaca también su método de trabajo: un proceso minucioso, lleno de bocetos previos, que desembocaba en piezas de gran carga visual.

Una mirada propia

Más allá de estilos o etapas, la exposición permite entender la coherencia de una mirada que atraviesa toda su obra. La caricatura, la ironía y el gusto por el esperpento aparecen como constantes en un trabajo que oscila entre lo crítico y lo lúdico.

"Su capacidad de parodiar y satirizar lo acompañó siempre", apunta el profesor, que recuerda también cómo el propio artista definía su posición con una frase que resume bien sus contradicciones: "un rojo en la Iglesia y un beato en el movimiento obrero".

La muestra funciona así no solo como revisión artística, sino como ejercicio de memoria cultural en torno a una figura que contribuyó a definir el imaginario visual de su entorno. "Siempre vivió a la búsqueda de sí mismo", concluye Jiménez Cano, "y ahora nos queda el recuerdo de su sonrisa socarrona con la que miró el mundo".

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