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Música

Música en el centro de Murcia este sábado: así funciona 'Pianos en la Calle'

La iniciativa ocupará la plaza Belluga, el Paseo Alfonso X y el entorno del Teatro Romea con actuaciones gratuitas y un concierto nocturno con Rachmaninov, Albéniz y Chopin

Presentación de 'Pianos en la Calle' en la Plaza Belluga.

Presentación de 'Pianos en la Calle' en la Plaza Belluga. / Ayto. Murcia

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Este sábado 25 de abril, quien se pasee por el centro de Murcia tendrá difícil ignorar que algo extraño pasa. Tres pianos de cola estarán instalados en plena calle con intérpretes de todas las edades y niveles y un concierto nocturno en Belluga para cerrar la jornada con Rachmaninov, Albéniz, Falla y Chopin. Así es Pianos en la Calle, una iniciativa que lleva ya varias ediciones colándose en la primavera murciana con una premisa tan simple como efectiva: sacar la música al espacio público y ver qué pasa. Porque hay algo que los auditorios, con toda su acústica cuidada y sus butacas numeradas no pueden ofrecer, y no es otra que la sorpresa de toparse con un piano de cola en mitad de una plaza y quedarse a escuchar sin haberlo pensado previamente.

Los tres escenarios son la Plaza del Cardenal Belluga, el Paseo Alfonso X y el atrio del Teatro Romea. El horario general es de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, aunque el Paseo Alfonso X amplía hasta las 20:00 horas. La participación es gratuita, pero los intérpretes que quieran tocar deben inscribirse antes del miércoles 22 de abril en www.pianosenlacalle.es, donde recibirán asignación de horario y ubicación. No hace falta ser profesional ni tener un repertorio impresionante. Lo que se busca básicamente es querer tocar.

Un piano para los niños, otro para los profesionales

Esta edición incorpora una novedad pensada para los más pequeños: el piano de la plaza Julián Romea estará destinado especialmente al público infantil, un gesto que amplía la iniciativa más allá del intérprete habitual y la convierte en algo más cercano a una fiesta familiar que a un recital. Es una decisión que tiene lógica si el objetivo es normalizar la música en los espacios públicos, pues empezar por los niños es una apuesta inteligente a largo plazo.

El concejal de Cultura, Diego Avilés, resume bien el espíritu de la jornada: "el talento y el arte pueden convivir en el espacio público como son las tres emblemáticas ubicaciones elegidas en esta edición". Es una frase que suena a declaración de intenciones, pero que este sábado tendrá una demostración práctica en tres puntos del centro histórico. Murcia lleva años apostando por este tipo de formatos y Pianos en la Calle quiere ser en uno de sus argumentos más sólidos con una iniciativa que no necesita explicarse demasiado, porque se entiende sola en cuanto uno se para a escuchar.

El conservatorio abre boca y los profesionales cierran la noche

El cierre de la jornada en Belluga a partir de las 21:00 tendrá nivel de concierto profesional. Participarán los pianistas Paris Tsenikoglou, Anna Leyerer y los murcianos José y Rafael Jiménez Alarcón, con un programa que recorre a Rachmaninov, Albéniz, Falla y Chopin e incluye obras a cuatro manos y piezas acompañadas por el violonchelista Miguel Baró. Es decir, una noche de música de cámara al aire libre en una de las plazas más bonitas de la ciudad, con entrada libre.

Como antesala del concierto nocturno, entre las 19:00 y las 20:00, el alumnado del Conservatorio de Música de Murcia tomará ese mismo espacio en Belluga. Una transición que tiene algo de simbólico, pues los estudiantes que hoy aprenden y los intérpretes que hoy dominan, estarán separados apenas por una hora y el mismo piano.

Entre medias, durante toda la jornada, cualquiera que se haya inscrito —o que simplemente se atreva— podrá sentarse ante uno de esos pianos y tocar lo que sepa. Como apunta el concejal de Turismo, Jesús Pacheco, "este tipo de actividades culturales atraen a miles de murcianos y visitantes", lo que convierte la jornada en algo que va más allá de la música y que apuesta por el centro histórico como espacio vivo, por las plazas como lugares donde ocurren cosas atípicas y que merecen la pena.

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