Entrevista
091: "Parece que la estupidez se alza majestuosa entre nosotros, política y culturalmente hablando"
La banda granadina regresa con 'Espejismo n.º 9', un disco que reivindica la vigencia del rock de guitarras en plena era digital

Los integrantes de la banda granadina 091. / Gustaff Choos
Hay bandas que pasan por la historia del rock y bandas que escriben la historia del rock. Si hablamos de honestidad, de guitarras afiladas y de letras que muerden el alma, el nombre de 091 aparece grabado en piedra. Los ‘Cero’ regresan a la carretera con Espejismo n.º 9 (Universal, 2026), un álbum que demuestra que el rock de vieja escuela no es una cuestión de nostalgia, sino de vigencia. Sus canciones, mezcla de elegancia literaria y electricidad, cargadas de un simbolismo profundo y una arquitectura sonora impecable, han convertido a 091 en un grupo de culto transgeneracional. Con su nuevo trabajo, la banda granadina vuelve a reivindicar el poder de las guitarras en un tiempo de sonidos sintéticos.
Con José Ignacio Lapido a la guitarra y a cargo de la composición de las canciones, la voz inconfundible de José Antonio García y la maquinaria rítmica engrasada (Tacho González a la batería y Jacinto Ríos al bajo), el grupo se asoma de nuevo al abismo de la actualidad con la serenidad de quien ya ha visto caer unas cuantas épocas y, aun así, sigue encontrando motivos para enchufar los amplis y echarse a la carretera.
Tras la despedida en 1996 de 091 y su posterior regreso a los escenarios, Espejismo Nº 9, con apenas un mes de vida, se ha convertido en uno de los lanzamientos más celebrados de la temporada dentro del rock nacional. La acogida del público y el respaldo de la crítica especializada confirman que la banda granadina atraviesa uno de los momentos creativos más sólidos de su trayectoria. 091 se ha mantenido como referencia indiscutible del rock de raíz clásica en nuestro país. Más de cuatro décadas después de su formación, continúan defendiendo un repertorio que forma parte de la memoria musical colectiva, al tiempo que amplían su legado con nuevas canciones que dialogan con el presente. Hoy nos acompaña el maestro, el ‘poeta eléctrico’ José Ignacio Lapido, motor de una banda que ha sabido transformar el escepticismo en arte y el ruido en poesía para hablar de sueños, de nubes y de por qué, a veces, no tiene sentido escapar. Nos sentamos con el principal arquitecto de este sonido, y con Tacho González, para desgranar una gira que promete ser un refugio para los amantes del rock con mayúsculas. Dice una de sus nuevas canciones que no tiene sentido escapar. Y quizá tengan razón, porque cuando el rock de 091 empieza a sonar, es imposible querer estar en otro lugar. Estamos en Granada, territorio de canciones eternas, y buscamos la luz.
Después de tantos años de carrera, ¿es Espejismo n.º 9 una forma de decir que el rock sigue siendo una ilusión necesaria, o hay algo de espejismo en la industria musical actual?
José Ignacio Lapido: Que los Cero hayamos sacado un disco con canciones nuevas en 2026 pudiera parecer un espejismo, porque habrá gente que se frote los ojos con incredulidad. Nosotros mismos nos pellizcamos para cerciorarnos de que es real. Pero lo es, y ¿qué es lo que ha hecho posible tal proeza? Pues supongo que nuestro amor incondicional al rock. Te tiene que gustar mucho esto para hacer lo que hemos hecho.
Tacho González: Espejismo es una palabra que define muy bien la realidad. Aunque parezca contradictorio, es así. La realidad, gracias a la IA y la proliferación de noticias falsas y el uso indiscriminado de verdades alternativas, es decir, de mentiras, se ha convertido en un espejismo. La música no se salva tampoco. Ahí tenemos los casos de productores que han llenado Spotify de canciones hechas con IA.
El álbum se ha colocado entre los más vendidos de España, entre Bad Bunny y Rosalía. ¿Qué sensación os produce?
J.I.L: Si te digo la verdad, cuando vi las listas de ventas de la primera semana del lanzamiento del disco, me hizo hasta gracia. Estábamos en todo lo alto con ese tipo de artistas que mencionas. No había nada de rock en los primeros puestos, solo nosotros. Te digo que me hizo gracia porque ten en cuenta que en los 80 y 90 nunca llegamos a estar en las listas de éxitos de ventas, y era la época en la que muchos grupos de rock y pop copaban los primeros puestos, y ahora, cuando se supone que el rock no está en absoluto de moda, llegan los Cero y se colocan ahí. No me digas que no tiene su guasa.
La mística del número: El 9 es un número recurrente en la mitología del rock (desde los Beatles hasta el propio título de este LP). ¿Es una cifra que cierra un ciclo o que abre una nueva puerta en la discografía de 091? ¿Qué habéis querido expresar con este título?
T. G: Hay números como el 7 o el 9 que tienen algo simbólico y cabalístico que los hace especiales. Está la canción de los Beatles Revolution 9. Además, este es nuestro noveno álbum de estudio, y tenemos dos canciones que se llaman Espejismo N0. 7 y Espejismo N0. 8. Todo esto ha sumado para que decidamos llamar así este álbum. Aparte de que suena bien, y eso es lo más importante de un título, no nos engañemos.
En un mundo dominado por lo efímero y lo digital, reivindicáis la ‘banda de guitarras’. ¿Sientes que mantener este sonido de rock de ‘vieja escuela’ es hoy en día un acto de resistencia cultural?
J.I.L: Se puede tomar así. Nuestra esencia como músicos es el rock, en todas sus vertientes. Nosotros, cuando empezamos, no éramos músicos académicos que hubiéramos estudiado en el conservatorio ni nada de eso. Aprendimos a tocar con los discos de nuestros artistas favoritos, con los discos de la Creedence, de Lou Reed, de los Kinks, de los Clash… Los poníamos una y otra vez hasta dar con los acordes adecuados. Es difícil que ahora, cuarenta años después, renegemos de eso. Todo lo contrario, estamos orgullosos de ser un eslabón más en la ya larga tradición de la vieja escuela del rock, la que empieza con los bluesmen de Chicago y pasa por Memphis, Liverpool, Londres, etc. Y en un momento dado llega hasta Granada.
¿Cómo definiríais este álbum en cuanto a música y temas que abordan las letras? ¿Qué referencias artísticas o musicales os inspiran actualmente? Las canciones de Espejismo nº 9 suenan a algo fresco.
T.G: Un amigo mío lo definió así: «Es una auténtica crónica sentimental y filosófica del tiempo que vivimos». Yo estoy de acuerdo. Creemos que es un disco contemporáneo por su temática, pero que a su vez trata temas universales. Esto le da un carácter atemporal y lo atemporal, al contrario que las modas, siempre suena fresco. Es paradójico, pero es así.
El disco habla de espejismos, del sueño y la realidad. ¿La duda es un buen método?
J.I.L: La duda es un buen faro para guiarse por la vida. Las interrogantes, que en un momento dado pueden parecer obstáculos, son velas en el camino que te iluminan para ir acercándote a la verdad, todo lo que uno puede acercarse a la verdad. En el disco se tocan muchos temas recurrentes en la lírica de la banda: el paso del tiempo, la duda existencial, la soledad…, y luego está el tema de la dualidad entre lo onírico y la realidad de la calle, entre lo ficticio y lo real. Son contraposiciones que se dan en la vida, y dan mucho juego literario.
Ven vestida de nube es una canción con una imaginería muy visual. El título me recuerda aquel otro de Alfonsina y el mar” (vestida de mar). ¿Cómo conviven en tu proceso creativo la fragilidad de una letra así con la contundencia de las guitarras eléctricas?
J.I.L: Es otra de las dualidades que te comentaba antes. Hacemos rock de guitarras, pero cantamos unas letras con alto contenido poético. No creo que una cosa excluya a la otra. Desde muy al principio de nuestra carrera, me di cuenta de que había que ponerle, al menos, el mismo empeño en pulir las letras que la música. Escribir canciones es un oficio de alta especialización que se va aprendiendo con los años, hasta que das con tu personal voz creativa, pero para eso lo mejor es fijarse en lo que han escrito los grandes maestros, los que vienen de la música y los que vienen de la literatura.
Hay un fatalismo elegante en tus letras. ¿Es No tiene sentido escapar un reflejo de la madurez, de aceptar que al final siempre nos encontramos con nosotros mismos? ¿Uno no puede renunciar a sus principios?
J.I.L: Siempre me ha gustado esa imagen tan trágica y a la vez tan inspiradora del condenado que va a ser fusilado, y cuando le dan la oportunidad de decir sus últimas palabras, grita algo en apoyo a la causa por la que ha luchado y que lo ha llevado al paredón. Musicalmente hablando, nosotros practicamos la ética de la resistencia. Por otro lado, en No tiene sentido escapar se juega irónicamente con el concepto de la predestinación enfrentado al libre albedrío.
Algo parecido a un sueño: Siempre te has movido bien en esa línea difusa entre lo real y lo onírico. ¿Buscas que el oyente se sienta en ese estado de ‘trance’ al escuchar el álbum?
J.I.L: El oyente puede hacer lo que le plazca, y a mí me parecerá bien. Una vez que las editamos, las canciones pasan un proceso de reinvención; cada oyente crea un mundo a partir de ellas, las interpreta y las interioriza de una manera distinta. Y está bien que así sea. Cualquier obra de arte inspira emociones diferentes a cada persona que la contempla, y esa es la grandeza del arte: ser multiplicador de emociones.
T.G: Nosotros mismos, el resto del grupo, interpretamos las letras cada uno a su manera. No lo hacemos muy a menudo, pero alguna vez hemos hablado sobre lo que nos sugerían las letras de José Ignacio, y nos ha sorprendido lo dispares que eran nuestras interpretaciones. Está bien que así sea.
Antes de que salga el sol: El crepúsculo y la noche son escenarios clásicos en tu obra. ¿Qué tiene la madrugada que te sigue dando mejores historias que la luz del día?
J.I.L: El crepúsculo y el amanecer son los momentos donde el claroscuro reina en el día. Volvemos a las dualidades: la lucha entre la luz y la oscuridad. Cuando va a llegar la noche, sabemos que triunfará la oscuridad, y cuando va a empezar el día, sabemos que triunfará la luz. Eso, metafóricamente, abre muchas posibilidades literarias para hacer canciones.
Esta gira está presentando un sonido muy robusto. ¿Cómo ha sido el proceso de trasladar los matices de Espejismo n.º 9 al directo con la banda actual?
T.G: Es cierto que el disco tiene muchos matices. Muchos de ellos son gracias a Raúl Bernal, productor del disco y gran músico murciano, aparte de amigo. A la hora de tocar los temas en directo, intentamos que el proceso sea orgánico. Es decir, que nos ponemos a tocar y dejamos que la música salga de forma espontánea. Si lo que sale nos gusta, lo dejamos así; si no, pues cambiamos los arreglos hasta que nos parece que transmite emociones y el espíritu del grupo en directo, que siempre ha sido robusto. Invitamos a todos los murcianos que quieran a que vengan a comprobarlo este sábado y el domingo en la sala REM. El sábado está completo, pero el domingo aún quedan algunas entradas.
Se habla mucho del ‘sonido Granada’. Tras décadas siendo un pilar fundamental, ¿cómo ves la salud del rock en la ciudad hoy en día? ¿Sigue habiendo relevo para las bandas de guitarras?
J.I.L: Últimamente en Granada proliferan muchos artistas que poco o nada tienen que ver con el rock. Son gente muy joven que practica otros géneros que están bastante alejados de lo que a nosotros nos gusta, pero que tienen gran aceptación popular. A niveles más underground, sigue habiendo bandas que tienen sus raíces en el rock. Te podría nombrar a The Fixed Trio o Elemento Deserto. Gente con mucho talento que está renovando la escena granadina de rock.
A menudo se etiqueta a 091 y a Lapido como artistas de culto. ¿Os sentís cómodos en ese espacio donde la fidelidad del público es total, pero quizás se aleja de los circuitos más comerciales?
T.G: Ser de culto es algo que no hemos elegido. A nosotros, como a cualquiera, nos habría gustado un reconocimiento más masivo, pero las decisiones artísticas que hemos tomado nos han colocado en esa posición, grupo de culto, así que bienvenido sea. Nosotros en general lo único que intentamos es ser nosotros mismos y no hacer nada impostado, aunque pudiera ser más comercial.
Ya escribiste ¿Qué fue del siglo XX?, pero ¿cómo contarías, por lo vivido hasta ahora, lo que fue del siglo XXI? ¿Cuál es el gran espejismo?
J.I.L: Escribí Qué fue del siglo XX en el año 89, cuando cayó el muro de Berlín. Y lo hice porque parecía que, en ese momento, con el fracaso total de uno de los dos grandes bloques geopolíticos, ya estaba todo el pescado vendido históricamente hablando, desde una perspectiva de presente en aquel momento. Pero el siglo XX había mostrado lo peor y lo mejor del ser humano: por un lado, dos guerras mundiales con millones de víctimas, y por otro, unas manifestaciones culturales en forma de vanguardias artísticas con el cine, el jazz y el rock como potentes vehículos de expresión artística. Lo que llevamos de siglo XXI solo ha sido una sucesión de desgracias, quizá aún no al nivel de una guerra mundial, pero desgracias al fin y al cabo, y sin el contrapeso de alguna expresión artística novedosa; todo lo contrario, parece que la estupidez se alza majestuosa entre nosotros, política y culturalmente hablando.
Horario
Sábado a las 22.00 horas y domingo a las 20.00 horas
Lugar: Sala REM, Murcia
Precio: Desde 35 euros
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