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Artes plásticas

Omar Daf lleva la mística de San Juan de la Cruz a los muros del Museo del Cristo de la Sangre

El pintor murciano Omar Daf, el heterónimo de Luis Bernardeau, inaugura este miércoles una exposición de rojos lava, blancos infinitos y una cruz de cuatro metros para traducir la nada sanjuanista a la abstracción pictórica

Parte de la muestra 'Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz' en el  Museo del Cristo de la Sangre.

Parte de la muestra 'Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz' en el Museo del Cristo de la Sangre. / Luis Bernardeau

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Luis Bernardeau tiene 50 años, es ingeniero civil, padre de familia y windsurfista. También es poeta y pintor, aunque para eso necesita otros nombres. Este miércoles 15 de abril, a las 20 horas, su alter ego pictórico Omar Daf inaugura en el Museo del Cristo de la Sangre Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz, una exposición que ha tardado dos años en construirse y que combina pintura, escultura, música barroca deconstruida con electrónica y un misal editado para la ocasión. La entrada es libre y la muestra podrá visitarse hasta el 14 de mayo.

Bernardeau aclara que Omar Daf no es un pseudónimo sino un heterónimo, en el sentido de Pessoa: una identidad con vida propia que le permite distanciarse de lo que es como persona y ganar libertad creativa. "Luis Bernardeau es un tío muy aburrido", admite con humor. Eligió las ciencias porque le gustaban las matemáticas, construyó una vida convencional como hijo del boom de la construcción y pasó casi una década sin hacer nada más que trabajar. Fue a raíz de publicar sus primeros poemarios cuando todo cambió. "Se levanta la espita y todo sale como un torrente", recuerda. "Con la pintura eso se ha comido casi todo".

El nombre Omar Daf tiene su propia historia. Apareció de forma casi involuntaria: cuando llevaba un año trabajando con la pintora japonesa Miwako Yamaguchi y ella le dijo que ya podía firmar su primer cuadro, ese fue el nombre que surgió. "Era una cosa que me inventé hace un montón de tiempo, sin saber siquiera que iba a ser pintor", explica.

El artista Omar Daf trabajando en su obra.

El artista Omar Daf trabajando en su obra. / Raquel Agea

Del mar a la mística carmelita

La conexión con San Juan de la Cruz llegó también por sorpresa. Su comisario, Enrique Mena, le llamó para decirle que estaba organizando un seminario de mística en Caravaca y que pensaba en su pintura para ilustrarlo. "Le dije: te estás equivocando de pintor, yo soy abstracto y no soy creyente", recuerda Bernardeau. Mena lo convenció argumentando que precisamente esa abstracción podía explicar el concepto de San Juan de la Cruz mejor que cualquier figuración.

Lo que acabó de seducirle fue un dibujo. El propio San Juan trazó en el siglo XVI un mapa del Monte Carmelo para guiar a los monjes hacia la perfección espiritual. En la base, un bosque de palabras. En la subida, tres caminos. Solo el central, el más estrecho, llega a la cima. Y en la cima no hay nada. "La palabra nada se repite cinco veces en ese camino de palabras", señala Bernardeau. "A mí, que soy ingeniero y me encantan los mapas, me flipó por completo".

Rojos lava, blancos y la palabra nada

Esa estructura del mapa es la que vertebra los cuadros de la exposición. En la parte baja de cada obra está toda la dimensión pasional y material: escritos de San Juan de la Cruz integrados en la imagen, colores flúor, rojos lava, recortes, telas y cartones. Poco a poco todo va desapareciendo hacia una capa intermedia de cemento y texturas que remiten a los granitos gallegos. Y arriba, blancos. "Encontré un blanco de la marca Montana que se llama blanco divinidad", cuenta. "En algunos cuadros aparece escrita directamente la palabra nada. En otros, ni eso". En el fondo de casi todos, escrito sobre la propia superficie, está el poema de La noche oscura del alma. Un texto que Bernardeau describe como "amoroso y absolutamente bestia".

Una de las piezas de la exposición.

Una de las piezas de la exposición. / Luis Bernadeu

Trasladar esa estructura a los materiales ha sido, admite, lo más complejo del proceso. "Han sido dos años de pruebas hasta dar con lo que yo llamo el pantone San Juan", explica. "Un color que parece simple pero está construido con muchas capas." Los soportes también forman parte del discurso: desde papeles y lienzos hasta grandes maderas que conectan directamente con la simbología de la cruz.

Una cruz de cuatro metros y un edredón

Cuando tenía casi toda la obra terminada, Bernardeau sintió la necesidad de salir de lo bidimensional. "La primera imagen que tuve fue construir una cruz gigante y cubrirla para que se convirtiera en una montaña", explica. Junto a la escultora guadalajareña Pilar Prieto construyó en su taller una cruz de cuatro metros ensamblada con vías de madera y pintada entre los dos con ese mismo código de color.

La otra colaboración estructural fue con el artista murciano Alejandro Cerón, con quien construyó un tríptico escultórico: tres piezas metálicas conectadas por cuerdas de las que cuelgan tanto los cuadros como los propios materiales que los forman. Cerón fabricó también una cruz metálica de la que cuelga un edredón viejo intervenido con los colores de la exposición. "De repente ya no es solo la cruz religiosa que todos conocemos", defiende Bernardeau. "Es un objeto cotidiano que sirve para colgar cosas. Me parece una resignificación perfecta." Reconoce que en algunos círculos cercanos esa deriva ha generado incomodidad, pero confía en que el discurso de San Juan de la Cruz tiene una vigencia muy contemporánea. "La reflexión de San Juan sobre lo que es necesario para estar entero es tremenda ahora mismo", afirma. "Es casi como el yoga, conecta mucho con el minimalismo oriental. Nos falta todo eso muchísimo".

Piezas de la exposición Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz.

Piezas de la exposición Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz. / Luis Bernardeau

Barroco y electrónica en la inauguración

La apertura incluirá una performance sonora que responde a la misma lógica de la obra: partir de una tradición y llevarla donde no llegó. La clavecinista Marina López, una de las mayores especialistas en música del siglo XVI de España, tocará sobre bases electrónicas y drones creados por Sergio Sánchez (Jazznoize), tomando como punto de partida la música del organista renacentista Antonio de Cabezón. "No tenía ni idea de lo que iba a pasar", reconoce Bernardeau. "Pero tras ver los ensayos estoy convencido de que funciona genial". En un momento de la actuación, López abandonará la partitura e improvisará. "Ver a Marina con toda su formación improvisando sobre su propia música puede ser algo genial", anticipa.

Un misal para seguir la exposición

Junto a la muestra se ha editado un misal, idea de la videoartista Raquel Agea, que funciona como una guía con aspecto de libro de oraciones. Recoge imágenes de los cuadros, fotografías del proceso de construcción, versos de La noche oscura del alma y textos de la mística contemporánea de Alfonso García-Villalba. Bernardeau destaca especialmente la aportación del comisario Tais Bielsa: "Es una especie de reflexión en voz alta sobre si está bien lo que estamos haciendo, si gente de cincuenta años puede ponerse a leer a San Juan en serio", describe con una sonrisa. "Y lo hace con mucho humor. Deja claro que ni una cosa ni la otra, y eso me parece lo más honesto".

La exposición

Monte Carmelo. Ascensión y nada de San Juan de la Cruz se inaugura este miércoles 15 de abril a las 20 horas en el Museo del Cristo de la Sangre de Murcia y puede visitarse hasta el 14 de mayo.

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