Entrevista
Kino Motas, escritor: "Recibo más ofertas para ser personaje en mi siguiente libro de las que puedo meter"
La experiencia de migración de Irina y su lucha por la vida en Murcia inspiran ‘La palestina’, una novela de realismo social basada en hechos reales

Joaquín Peñalver Motas firma como Kino Motas en sus libros / Joaquín Peñalver Motas
Sobrevive a la Cuba de los Castro pero se encuentra al borde de la piragüa —a punto de fracasar, significa esta expresión en la isla— en una Murcia de oportunidades. En la novela, Irina salta el charco a bordo de un matrimonio con un empresario que después la abandona y es entoneces cuando comienza la lucha por la vida. Temperamental, con un carácter que quema las manos que pueden sacarla del pozo, la palestina —como llaman los cubanos a los orientales de la isla— cambia constantemente de trabajo y se mantiene a duras penas, acosada por el racismo, el sistema judicial y una vida lejos de su paraíso natal.
Kino Motas —nombre artístico de Joaquín Peñalver Motas (Murcia, 1968), funcionario del Ayuntamiento de Murcia y arquitecto de profesión— conoció a Irina, "que vive aquí, habita entre nosotros", dice levantando la mirada y el puro sobre su mano, en un café de la ciudad. Su historia vertebra 'La palestina' (Cuadranta Ediciones), donde realidad y ficción se funden hasta convertir lo real en increible y la ficción, a veces, en desgraciadamente cierta.
Lo primero que engancha está en la portada: "Basado en hechos reales".
Es una novela con un porcentaje de realidad amplísimo, pero con matizaciones. Gran parte de las cosas que se cuentan me las contó la protagonista, Irina, durante varios años. La terminé antes de la pandemia, pero no la publiqué antes por inseguridad mía. La empecé en 2016. Ya estaba escribiendo una novela coral, de amor y desamor, con entre ocho y diez personajes. La protagonista era camarera en un bar que ya no existe, detrás de la iglesia de San Pedro y, a través de un amigo, hablando con ella, me dijo: "Me invitas a comer y te cuento cosas".
"Para muchos, la vida es muy penosa, y por eso hay esa mezcla con el humor yo creo que tenemos todos"
La historia de Irina no ha terminado. ¿Cómo se enfrentó a ponerle un final?
Estuvimos dos años ininterrumpidos quedando. Me fue relatando cosas y están ahí tal cual me las contó. Puede ser que no todo lo que me contara fuera exactamente como pasó. Había huecos que llenar porque era una historia sin final, pero tenía que fijarlo. Así que una vez puesto, construí la historia alrededor. Ella tiene un pequeño porcentaje de los derechos de la novela y me autorizó a contar su historia, con independencia de que a todo el mundo le gusta que se hable de uno. Ahora ves estos fenómenos; los influencers, instagram... Pero de eso me he dado cuenta cuando he estado a la caza de personajes, si te aproximas con educación y sin ser un baboso, te encuentras de todo. De hecho, para la publicación de la siguiente novela que paralicé, he recibido más ofertas para ser personajes de las que puedo incluir.
La tragedia es constante. ¿Sitntió la necesidad de rebajar la dosis de drama?
Me gusta tomarme la vida con humor, por eso he intentado que hubiera muchísimos pasajes de humor porque la vida debe ser divertida para todos. Y que fuera ágil, que se leyera fácil.
Pero la realidad se impone.
Para muchos, la vida es muy penosa, y por eso hay esa mezcla que yo creo que tenemos todos. Tampoco tenía por qué endulzar la historia. Por otra parte, Irina tiene muchos defectos. Un carácter duro, muchas equivocaciones, a veces respuestas violentas... Le ha pasado de todo y le seguirá pasando.
Y en esa realidad, la inmigración, el racismo, la identidad de género son el telón de fondo de la trama. ¿Ha querido hacer una novela sobre los más vulnerables?
Sí, pero en este caso no lo he hecho tanto por su condición de persona inmigrante, como por el hecho de la mala suerte. Pero tampoco quería hacer una crítica. Mientras escribía pensaba en si ahondar en las pretensiones sociales que pudiera tener la novela, pero no era mi objetivo. No he querido hacer bandera de ninguana causa, sino que salen de contar la historia.
"Las emociones no se pueden inventar ni disfrazar, pero sí se pueden transponer"
Cuando Irina le pregunta a Fran por qué quiere escribir sobre ella, este le responde: "Quería que me siguieran pasando cosas, me sentía como muerto en vida". ¿Sigue siendo un personaje quien habla?
No quiero que haya gente que diga que el personaje de Fran es inventado por completo. Hay una parte que es muy inventada de su personaje, porque es el que construye el final, pero hay otra parte que es real; que soy yo como escritor e, incluso, me puedo describir a mí mismo. A mí me gusta eso, describir cosas que conozco. Uno cuando escribe, vuelca; quiera o no quiera, mucha parte de sí mismo: de sus frustraciones, de lo que ha pasado, de desengaños... Las emociones no se pueden inventar ni disfrazar, pero sí se pueden transponer.
¿Hasta dónde ha llegado la complicidad entre usted, como autor, y su protagonista?
Al final se desarrolla una relación de amistad. Me gustaría creer que soy amigo de la protagonista. Incluso me gustaría contar un final feliz, pero no deja de ser un personaje. Luego, cada uno tiene su vida. Si ella necesita algo de mí sabe que estoy aquí.

Portada del libro 'La Palestina' (Cuadranta ediciones) / L.O
Todos los episodios de racismo y discriminación que sufre Irina ocurren en Murcia. ¿Somos conscientes de esta actitud?
No considero que en España seamos racistas. Seguramente una parte de la sociedad sí lo sea. ¿Más o menos que en otros lugares? No lo sé. Pero eso sigue estando dentro de nosotros. Ahora, hay cosas que por mi parte sigo sin entender. Que los inmigrantes que no estén empadronados más de tres años no puedan trabajar. ¿Qué hacen en ese tiempo? No tiene sentido. Hacer un mercado negro de gente que pueden tener servicios sanitarios, estar empadronados, escolarizar a sus hijos... Pero no pueden trabajar en A. Al menos habrá que dejarlos trabajar, cotizar y que se integren.
Uno de esos retratos incómodos que esboza es el de la justicia como una maza inalterable.
Cuesta entender lo que vive esta mujer, pero cuando el sistiema empieza a andar, no hay quien lo pare. En esa parte, la historia es sobre una persona con trabajos intermitentes porque es madre soltera, entre otras cosas. Es la pescadilla que se muerde la cola: trabaja en hostelería y eso es incompatible con los colegios. Muy difícil de compaginar y entra en una espiral.
En su caso, tiene abierta una causa que ya dura 20 años. ¿Como lleva esa carga? ¿La escritura ha sido una terapia?
Pues muy mal. Ya está. Empecé a escribir mi historia dos veces. La primera, totalmente autobiográfica, que era como los pecados capitales y amenazaba varios tomos. Pero dije, "esto no puede ser, voy a contar las cosas importantes". Lo retomé, pero no puedo contar una historia de la que no sé el final, y como de la mía no lo sé, dejé de escribir. Como le había cogido el gusanillo, empecé a escribir sobre historias de amor y desamor, que eso le pasa a todo el mundo, en las que me puedo incluir como algún personaje sin que sea mi vida. ¿Que al final escribiré mi historia? No lo sé.
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