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Artes escénicas

Día Mundial del Teatro: los protagonistas murcianos que hacen funcionar la representación desde las sombras

En este día señalado conviene adentrarse entre bastidores para poner el foco en los profesionales de la Región de Murcia que construyen la escena: iluminadores, diseñadores y especialistas en accesibilidad sin los que las artes escénicas no serían posible

Jesús Palazón entre bambalinas del Teatro Circo de Murcia.

Jesús Palazón entre bambalinas del Teatro Circo de Murcia. / ISRAEL SANCHEZ

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

Cada noche que el telón se alza, el público fija su mirada en el escenario. En los actores, en sus palabras, en sus silencios. Pero hay un teatro dentro del teatro, uno que muy pocos ven y sin el cual nada de lo que ocurre bajo los focos sería posible.

Con motivo del Día Mundial del Teatro, que se celebra cada 27 de marzo, hemos salido del patio de butacas y nos hemos colado entre bastidores. Porque la Región de Murcia tiene mucho que decir en esto de hacer teatro desde la sombra, en lo que no se ve pero hace que todo funcione.

Lo cuenta Pedro Yagüe, licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia que acabó siendo jefe de iluminación y director técnico del Teatro de la Abadía de Madrid, uno de los escenarios de referencia en el panorama escénico nacional.

Lo cuenta Jesús Palazón, diseñador de iluminación y escenografía, actual director técnico del Teatro Circo de Murcia, que sabe mejor que nadie que un escenario vacío no es un lienzo en blanco, sino un mundo por construir.

"Una obra de teatro es un engranaje, si no hay un buen conjunto, no será una buena obra"

Pedro Yagüe

— Diseñador de iluminación

También lo cuenta María Alemán, diseñadora de moda murciana que lleva años vistiendo personajes para teatro y cine, cosiendo identidades a medida. Y lo cuenta Marina Ramos, profesora de la Universidad de Murcia y especialista en accesibilidad escénica, bretítulos y subtitulado, que trabaja para que el teatro sea un derecho y no un privilegio. Cuando dice que trabaja para que una obra llegue a todo el mundo, lo dice en serio.

La luz que actúa

Hay una paradoja en el trabajo de un iluminador: su mayor éxito es que nadie lo note. Si todo funciona, el espectador no habituado sale satisfecho sin saber muy bien por qué.

Pedro Yagüe llegó al oficio por azar. Estudiaba Filología Hispánica cuando entró al Teatro Universitario de Murcia y conoció a Francisco Leal, entonces director técnico del Centro Dramático Nacional. "Me vio trabajar y nos propuso ir al Festival de Almagro", recuerda. "Yo prácticamente no sabía nada de iluminación, todo lo aprendí de forma autodidacta". De Almagro a Madrid, de Madrid a la Abadía. Un camino construido sin manual.

Jesús Palazón llegó desde la música. A los dieciséis años tocaba el bombardino en una orquesta de verbena, pero el pánico escénico le fue alejando de los instrumentos y acercando a los cables. "Le dije a mi amigo: mejor cargo y descargo el camión, y explícame cómo funciona la mesa de luz". El salto al teatro fue definitivo. "Me di cuenta de que había un sitio donde la iluminación tenía todavía más importancia que en los conciertos, y me enamoré del teatro directamente".

Cualquiera debería poder acceder a manifestaciones culturales; no debe ser un privilegio"

Marina Ramos

— Encargada de accesibilidad escénica

Ambos coinciden en algo que puede sonar paradójico: iluminar no es solo poner luz, es decidir cuándo no ponerla. "Tan importante es una luz como un oscuro", explica Yagüe. "Lo que intento hacer, siempre en consonancia con la dirección artística, es una dramaturgia de la luz que acompaña la dramaturgia del texto". Para Palazón, la exigencia va más allá de la técnica: "Como iluminador tienes que tener la misma sensibilidad, o más, que tiene el actor. Lo que hacemos los técnicos de luces es bailar un poco con la gente que está encima del escenario".

Representación de la obra de teatro ‘Medea’  en el Teatro Real de Madrid.

Representación de la obra de teatro ‘Medea’ en el Teatro Real de Madrid. / L. O.

Ese baile empieza mucho antes de que se enciendan los focos. "Nuestra primera situación es leernos el texto e intercambiar con el director las acciones que se van a hacer en escena antes de que se vea nada", describe Palazón. La relación con quien dirige lo marca todo. "Hay directores que saben perfectamente qué quieren. Otros te dan la situación general: si es realista, si hay ensoñación. Siempre teniendo en cuenta que el teatro es mentira, estás creando algo que no existe de la nada".

"Para ser un buen iluminador tienes que tener la misma sensibilidad, o más, de la que tiene el actor"

Jesús Palazón

— Director técnico del Teatro Circo

Cuando todo encaja, ocurre algo difícil de explicar. En un estreno reciente en Águilas, el público felicitó a la directora por las luces sin saber que eran obra de Palazón. "Con eso me llevo el buen sabor de boca: cuando al final de una obra la gente dice que las luces están preciosas y les han emocionado".

Parte de la iluminación de ‘¡Dilo, Reina!.’ en el Auditorio de Águilas.

Parte de la iluminación de ‘¡Dilo, Reina!.’ en el Auditorio de Águilas. / L. O.

Yagüe, con varios Premios Max a sus espaldas, lo resume con la serenidad de quien, como Palazón, ya no necesita demostrar nada: "Lo más importante es que cuando alguien va a ver un espectáculo no destaque nada de lo que ve. Que le haya gustado y salga contento."

La tela y la puerta abierta

Si la luz construye la atmósfera, el vestuario construye a la persona. No al actor, sino al personaje. María Alemán lo supo la primera vez que vio moverse en escena a alguien con ropa que ella había diseñado. "Hasta que no los vi en escena no supe que quería seguir haciéndolo. Había dado vida a un personaje que llegaba a la gente de forma tan cercana".

Para construir esa vida necesita información. "Necesito saber todo lo que le gusta al personaje. Todas las personas nos vestimos de una forma porque queremos demostrar algo. Me gusta que me cuenten: esta persona ha sufrido esto, ha vivido esta experiencia. Todo eso se refleja en la ropa".

Uno de los montajes de accesibilidad en teatro.

Uno de los montajes de accesibilidad en teatro. / L. O.

El vestuario de Bernarda Alba para la compañía Agosto del 36 es su ejemplo más claro. "Decidí que las Bernardas iban a llevar puntillas blancas de trajes de novia, porque nunca se van a casar. Van descalzas porque sus pies nunca van a salir de la casa y si salen saldrán con los pies por delante". La coordinación con el equipo técnico es para ella innegociable. "A mí esto de que cada uno va por su cuenta, no. Somos todos un equipo. Los de iluminación necesitan saber qué telas vamos a usar, por ejemplo". Incluso en las crisis. "Con Agosto del 36 hemos tenido que salvar alguna importante: un micro caído por detrás de la ropa, algo enganchado que se rompió más de la cuenta. Tuvimos que poner en directo una malla de ganchillo". Lo cuenta sin dramatismo. El caos también forma parte del oficio.

Mientras Alemán viste a los personajes y Palazón y Yagüe los iluminan, hay una parte del público para la que toda esa magia, sin el trabajo de Marina Ramos, simplemente no existe. Ramos dirige el Laboratorio de Traducción Inclusiva de la Universidad de Murcia y lleva años haciendo accesibles espectáculos de teatro, danza y ópera.

Su punto de partida es una premisa que debería ser obvia: "Una persona ciega debería tener derecho a disfrutar absolutamente de todo lo que disfruta una persona que no es ciega. Eso es la accesibilidad universal".

María Alemán, Pedro Yagüe, Jesús Palazón y Marina Ramos.

María Alemán, Pedro Yagüe, Jesús Palazón y Marina Ramos. / L. O.

Hacer accesible una obra implica mucho más que subtítulos. Ramos trabaja con un sistema de capas: el sobretitulado en directo para personas con discapacidad auditiva, con cada personaje identificado por un color; la audiodescripción locutada en tiempo real desde una cabina con visión directa del escenario; la audiointroducción que se lanza en bucle antes de que empiece la función con información sobre escenografía, vestuario e iluminación; y la visita táctil, en la que personas ciegas recorren el escenario, tocan la utilería y el vestuario antes del espectáculo.

El mayor obstáculo es económico. "Nadie tiene muy claro quién tiene que pagar esto. Dependemos de que la propia compañía tenga la iniciativa, y eso genera una arbitrariedad que no beneficia a nadie".

Uno de los bocetos de ‘Bodas de sangre, el musical’, de María Alemán.

Uno de los bocetos de ‘Bodas de sangre, el musical’, de María Alemán. / L. O.

La solución, dice, no está en la buena voluntad sino en la normativa. "Al final lo que más funciona es la ley. Cuando se obliga, de verdad se da un impulso". Mientras llega, hay momentos que justifican seguir. Como cuando un grupo de personas ciegas asistió por primera vez a un espectáculo de danza contemporánea en el Festival de Territorios. "No se esperaban la intensidad emocional que lograron sentir. Esa es la forma de ir ganando, poco a poco, espectadores para disciplinas a las que si no, no se sienten invitados".

Lo que el aplauso no nombra

Al final de cada función, cuando las luces de sala se encienden y el público abandona el teatro, quedan entre bastidores distintos tipos de silencio. El del iluminador que apaga los últimos focos. El del escenógrafo que comprueba que todo ha resistido. El de la diseñadora que revisa que ninguna costura ha cedido. Y el de quien ha estado en una cabina, en la oscuridad, locutando en voz baja para que alguien que no ve pueda sentir lo mismo que todos los demás.

Ninguno aparece en los carteles. Rara vez en las críticas. Casi nunca en los aplausos. Y sin embargo los cuatro coinciden en algo esencial: el teatro no es el actor solo en escena. Es el engranaje completo.

"Quiero saber lo que el personaje ha sufrido o ha vivido; todo se refleja en la ropa"

María Alemán

— Diseñadora de ropa y vestuario

"Sin una buena iluminación no hay teatro", dice Palazón. "Todos somos un equipo", insiste Alemán. "Una persona con discapacidad debería poder acceder a cualquier manifestación cultural. Eso no debería ser un privilegio", recuerda Ramos. Y Yagüe cierra con precisión: "Lo más importante es que cuando alguien va a ver un espectáculo no destaque nada de lo que ve. Que le haya gustado y salga contento."

El teatro empieza mucho antes de que suba el telón. Y termina mucho después de que el respetable se ha ido a casa.

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