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Exposiciones

Detenerse para observar la ciudad que no miramos

Más de veinte artistas e investigadores de la Universidad de Murcia proponen en ‘Imaginarios fotográficos urbanos’ algo que parece sencillo y resulta difícil: detenerse a mirar la ciudad en la que vivimos como si fuera la primera vez

Una chica obseva algunas de las fotografías expuestas.

Una chica obseva algunas de las fotografías expuestas. / ISRAEL SANCHEZ

J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

A las ocho de la mañana el móvil vibra en el bolsillo, el café quema en la mano dentro de un vaso de cartón y el paso se acelera en los semáforos que parpadean. La mirada va al suelo, a la pantalla, al semáforo en rojo. Y sin embargo, justo encima de nuestra cabeza, en la esquina de esa calle de siempre, hay una cornisa, una ventana entornada, una geometría de sombras que cambia con la hora. Todo eso existe. Simplemente, no lo vemos.

De esa ceguera cotidiana trata Imaginarios fotográficos urbanos, la exposición que puede visitarse hasta el 7 de mayo en el Centro Cultural Puertas de Castilla de Murcia. La muestra reúne el trabajo de más de veinte artistas e investigadores del grupo Arte, Espacio Público y Paisaje de la Universidad de Murcia, y propone algo que parece sencillo y resulta difícil: mirar la ciudad como si fuera lugar artístico.

La exposición ‘Imaginarios fotográficos urbanos’ instalada en el Centro Cultural Puertas de Castilla de Murcia.

La exposición ‘Imaginarios fotográficos urbanos’ instalada en el Centro Cultural Puertas de Castilla de Murcia. / ISRAEL SANCHEZ

Un proyecto nacido de la investigación

La exposición es el resultado de años de trabajo colectivo. El grupo de investigación Arte, Espacio Público y Paisaje de la Facultad de Bellas Artes de la UMU, coordinado por Javier Gómez de Segura —recién nombrado decano de la facultad en marzo de 2025, justo cuando la muestra abría sus puertas—, lleva tiempo reflexionando sobre la relación entre fotografía y ciudad. De esa investigación colectiva surgió la idea de exponerla. El comisariado lo asumió Julio César Abad Vidal, Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la UAM y comisario con trayectoria en espacios como el Círculo de Bellas Artes y PhotoEspaña.

Abad Vidal lo describe como "una especie de panorámica de muy diferentes modos de enfrentarse al paisaje urbano y también a la arquitectura". Cada participante tuvo, dice, plena libertad: "Tanto en lo estético como en lo semántico, es decir, tanto en el fondo como en la forma". Lo que los une no es un estilo ni una estética común, sino el punto de partida: la investigación compartida sobre lo que la fotografía puede hacer con la ciudad.

Cuando mostramos lo diferente, también expresamos afinidades e identidades

Esa investigación tiene además forma de libro. La Universidad de Murcia ha publicado una monografía que recoge un breve ensayo de cada participante sobre su propia obra y, en algunos casos, sobre qué ven ellos en la fotografía. Abad Vidal firma el prólogo, donde aborda "la relación esencial que ha habido entre la fotografía y lo urbano, entre la fotografía y la arquitectura": una relación que, explica, "obedece a criterios históricos y un poco incluso materiales de cómo nace la fotografía".

Miradas diversas sobre un mismo territorio

Uno de los valores de la muestra es precisamente la diversidad de enfoques. Los más de veinte participantes comparten temática —la ciudad como espacio físico y simbólico— pero cada uno llega a ella desde un punto de partida propio.

Parte de la muestra de la exposición ‘Imaginarios fotográficos urbanos’.

Parte de la muestra de la exposición ‘Imaginarios fotográficos urbanos’. / ISRAEL SANCHEZ

Hay quien trabaja la arquitectura con una "presencia muy simbólica y monumental", como el propio Gómez de Segura. Hay quien fotografía el tiempo que se ha detenido: José Víctor Villalba tiene en la exposición un proyecto sobre las casas de los maestros que quedaron abandonadas en los núcleos rurales donde ya no hay escuela. Para Abad Vidal, esa serie encarna "una reflexión constante en torno a la fotografía": el hecho de que congelar un instante sea también una forma de pensar en el paso del tiempo y, a veces, de asumir, "desde un punto de vista más lírico-poético, una cierta reflexión melancólica".

En el extremo opuesto, la pareja formada por Mylène Malberti y Cyril Jarton propone algo muy diferente: han creado un nuevo tarot en el que la ciudad no es solo fondo sino materia del propio relato. Según el comisario, "la ciudad sirve de paisaje, pero es una ciudad que además está centralizada en la propia historia del tarot". Son, dice, "acontecimientos que se generan", no hallazgos: la fotografía como acción deliberada sobre el espacio.

Lo que las ciudades esconden

Hay un momento en la conversación con Abad Vidal en que menciona algo concreto y revelador: una maraña de cables eléctricos que, fotografiada, se convierte en algo inesperadamente bello. No es un ejemplo menor. Es, de hecho, el corazón de lo que propone esta exposición.

El diagnóstico que hace el comisario sobre la ciudad contemporánea es certero y un poco incómodo: "Las ciudades parecen cada vez más oficinas". Todo marcado por la geometría, por una uniformidad cromática, por un orden que no deja fisuras. Y son precisamente las fisuras —los cables, los desconchones, las manchas— las que una fotografía puede devolver a la categoría de lo visible, de lo que merece atención.

Más de veinte miradas sobre la ciudad que cruzamos cada día sin levantar los ojos

No hace falta buscar lejos. Abad Vidal subraya que la exposición incluye también "visitas a territorios que están muy lejos de nosotros", pero que lo esencial del proyecto no reside en el exotismo del lugar fotografiado. Cuando un artista brasileño o egipcio fotografía una ciudad, dice, "cuando mostramos lo diferente, muchas veces también expresamos afinidades e identidades". Al final, los espacios son reconocibles. Al final, somos uno.

¿Arte universitario para todo el mundo?

La pregunta es inevitable: un grupo de investigación universitaria, un comisario académico, un libro editado por la UMU... ¿puede eso interesar a alguien que entra por curiosidad desde la calle? Abad Vidal lo tiene claro. "No se trata de un pasar el rato o de cumplir un papeleo", dice, "no es un trámite, sino que ha sido una práctica en la que se ha involucrado mucho todos y cada uno de los miembros del colectivo". La diferencia, sostiene, se nota: una exposición sentida desde el principio tiene una permeabilidad que los ejercicios académicos cerrados sobre sí mismos no tienen.

La exposición ha recalado en espacios muy distintos —un centro cultural de barrio en Murcia, un entorno museístico en Fuente Álamo, un museo universitario en Alicante— y en todos han funcionado. Para el comisario, eso demuestra algo: que "el proyecto es fundamentalmente muy permeable, permite un reconocimiento a un espectador a lo mejor no especialmente formado en el arte o en la fotografía". Una gran invitación al pensamiento y a la belleza, dice, "¿por qué no?".

"Pequeños detalles de un entorno pueden suscitar una curiosidad que nos sacuda un poco y nos saque de la rutina"

La exposición se integra dentro del proyecto sociocultural Abrazando la soledad juntos, que lleva meses explorando en los centros culturales Puertas de Castilla y Los Dolores cómo vivimos la soledad en el mundo contemporáneo. Más de mil cuatrocientas personas participaron en la fase anterior del proyecto, dedicada a la inteligencia artificial. Ahora, la ciudad toma el relevo.

La conexión entre fotografía urbana y soledad no estaba prevista desde el origen. Abad Vidal lo reconoce con naturalidad: es una "deriva interesante" que demuestra cómo un proyecto bien construido puede crecer y "tender lazos con otros elementos de reflexión". Y añade algo que resulta difícil rebatir: "el fenómeno de la soledad es una realidad que cada vez parece más abrumadora", y la ciudad —ese espacio que debería ser de encuentro— es también, con demasiada frecuencia, el escenario donde más se siente.

"Hay elementos, incluso accidentales, en la ciudad que terminan siendo bellos"

Durante el periodo expositivo, los visitantes pueden dejar sus propias preguntas —las llamadas Preguntas Donantes— surgidas al recorrer las fotografías. Con ese material, se celebran sesiones abiertas donde arquitectos, sociólogos, filósofos y vecinos reflexionan juntos sobre qué ciudades tenemos y qué ciudades queremos.

Hay una propuesta implícita en toda esta exposición que va más allá de las salas del centro cultural. La de convertir el paseo urbano en un acto de atención. No hace falta ser fotógrafo ni artista. Solo hace falta, de vez en cuando, caminar sin prisa. Levantar la vista. Fijarse en la maraña de cables que de repente forma una figura. En el desconchón de una pared que parece un mapa. En la mancha de humedad en el techo de una estación que nadie mira.

Abad Vidal lo resume bien: ese tipo de imágenes pueden "educar la mirada y ser sensible a que pequeños detalles de un entorno, el propio o el ajeno, pueden suscitar, no solamente belleza, sino algún carácter evocador, una curiosidad que, al fin y al cabo, nos sacuda un poco de la rutina".

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