Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista

Pedro Almodóvar: "Con el poder que tiene, un director puede hacer mucho daño a su alrededor"

Tras 45 años de carrera Pedro Almodóvar regresa con un audaz ejercicio de cine dentro del cine en el que un director recurre a un episodio de la vida de su asistente para superar un bloqueo creativo

Pedro Almodóvar, retratado durante el rodaje de ‘Amarga Navidad’.

Pedro Almodóvar, retratado durante el rodaje de ‘Amarga Navidad’. / El Deseo/Iglesias Mas

Rafael Tapounet

En el primer tramo de 'Amarga Navidad' reaparece el Almodóvar humorístico y sexy que de algún modo había dejado de estar presente en sus últimas películas...

Cuando estaba escribiendo el guion de esta película y aparecía algo que podía expresarse de un modo humorístico, no lo desechaba en absoluto, sino que lo abrazaba encantado. Es verdad que en mis últimas películas los temas eran más graves y el humor había ido desapareciendo poco a poco, pero he notado con alegría que he recuperado parte de ese humor en la primera parte de esta. Tengo ya escrito el guion de la próxima película y, si todo sale como yo quiero, en principio parece una comedia. Negra, pero comedia.

Hay un tema muy capital en 'Amarga Navidad' que es el de los límites de la autoficción. ¿Ha tenido la sensación de que estaba viviendo determinadas experiencias única y exclusivamente para escribirlas?

Ese es uno de los peligros. Hay veces que sí tengo esa sensación de que estoy viviendo algo y al mismo tiempo estoy siendo consciente de que eso va a ser motivo de inspiración para algunas cosas. A veces tengo la impresión de que no vivo para vivirlo, sino para contarlo. La realidad siempre se cuela en las películas sin pedir permiso, siempre encuentra un resquicio por donde entrar. No es tanto que uno provoque que ocurran cosas para después poder hablar de ellas, pero sí existe esa consciencia de que las cosas que vives son a la vez material sobre el que puedes trabajar.

Mi remedio para que la espalda no me moleste es seguir rodando

¿Y existen límites en el uso de ese material?

Yo creo que los límites deben estar en no hacer daño a nadie, a ninguna de las personas que te han inspirado determinadas secuencias. Si yo tuviera la sensación de que algo de lo que estoy escribiendo le iba a hacer daño a alguien, sacrificaría desde luego el guion en favor del bienestar de esa persona. Pero cada uno tiene su sensibilidad moral y sus límites.

En 'Dolor y gloria', que es una película que parece formar un díptico con 'Amarga Navidad', los medicamentos estaban muy presentes. ¿El dolor y la enfermedad ocupan un espacio importante en su vida y eso se traslada a las películas?

Sí, evidentemente. En 'Dolor y gloria' hablo de dolores físicos concretos. Acababa de operarme de la espalda y pensaba que no iba a poder volver a trabajar, porque no podía estar más de media hora de pie. Entonces, cuando me puse a hacer 'Julieta', que fue la siguiente, descubrí que en el momento de empezar a rodar desaparecían todos los dolores. Como por arte de magia, mi espalda deja de existir durante el rodaje y, una vez terminado, reaparece y te pide atención. Mi remedio para que la espalda no me moleste es seguir rodando.El dolor últimamente es un gran motivo de inspiración para mí.

El director es una especie de semidiós que está ahí y todo el mundo le adora; me apetecía bajarle de ese podio

El retrato del director de cine que hace a través del personaje de Leonardo Sbaraglia es muy poco complaciente. Tiene algo monstruoso, sobre todo para la gente que está a su alrededor. ¿Por qué decidió cargar las tintas ahí?

Al ser el personaje del que yo estoy más cerca quería huir de la complacencia y hacer una especie de ajuste de cuentas. La de director es una profesión que te da un poder descomunal. Puedes pedir cosas que nadie te va a protestar ni te va a cuestionar y que a lo mejor no son absolutamente legítimas. Con ese poder que le da saber que los demás han sido contratados para hacer lo que él diga, un director, si tiene un carácter mandón y no respeta mucho a la gente, puede hacer mucho daño a su alrededor. Yo no me incluyo ahí porque nunca me ha pasado, pero sí he conocido o he oído hablar de algunos que lo han hecho. Me divertía hacer un retrato cero complaciente. El director es una especie de semidiós que está ahí y todo el mundo le adora y está pendiente de él, y me apetecía bajarle de ese podio y, como hace Aitana Sánchez-Gijón en la película.

En un momento de la película, ese director de cine dice: "No me degrades a Netflix". ¿Usted diría algo parecido?

Es muy comprometida esa pregunta. Netflix me ha tirado los tejos más de una vez y no hemos accedido, porque tengo mi productora, con la que puedo hacer la película que quiero en cada momento. Así que no, no me gustaría trabajar para Netflix. Pero eso no significa una negación a Netflix; creo que han conseguido crear una verdadera industria del audiovisual en España. No había industria hasta que han llegado las plataformas. Tienen cosas malas, pero también cosas muy buenas. De momento, están dando trabajo a todo el mundo, y eso es buenísimo. Está el peligro de la inflación de ficción, pero bienvenido sea porque significa trabajo para la gente.

La película está llena de personas que ayudan a otras. Es un mensaje que en estos tiempos puede parecer contracultural.

Creo que aparece como algo absolutamente necesario en los momentos que vivimos. Mi película anterior ya iba de eso, de acompañar a alguien. La empatía es hoy más importante que nunca. Yo pensé que no iba a haber más guerras como las que estamos viendo. Creía que, de haber guerras, serían más políticas y económicas, guerras frías, pero no directamente la fuerza brutal de invadir un país y quedarte y seguir bombardeando a pesar de lo que te digan todos los demás.

Tracking Pixel Contents