Entrevista
Pascual Fernández: "Intento siempre llevar al extremo la técnica de la cerámica y el acero"
Pascual Fernández Candel (Cieza, 1999) expone su primera instalación, en la Cárcel Vieja bajo el ciclo Ecosistemas, con obras que desafían la tradición y reconcilia dos materiales antagónicos

Pascual Fernández posa junto a una de sus obras el día de la inauguración de la exposición colectiva, en la Cárcel Vieja. / Juan Carlos Caval
El único escultor de la Región que consigue fundir la cerámica y el acero en obras de arte. El único que trabaja con la inconsciencia y el empeño de extraer filamentos de arcilla "ultrafrágiles" para convertirlos en esculturas de 360º desafiando la gravedad, la resistencia de los materiales y el secado dentro del horno. Pascual Fernández Candel (Cieza, 1999) reta —o renueva— la tradición ceramista en la Región de Murcia con 27 años. Lleva al extremo la cerámica y el acero con obras que reconcilian lo industrial y lo orgánico.
Inspirado para ello en las formas orgánicas del mundo de los hongos, Entresijos invisibles a una alianza es la instalación que lleva a la Cárcel Vieja de Murcia durante el segundo ciclo de exposiciones colectivas Ecosistema, en su quinta edición, organizado por Mu-Tantes. Lo hace junto a las obras de Amércio Retamal, Priscila Ramal, Constanza e Indira Bernal.
La alianza es la de estas dos materialidades: "El trabajar con el acero inoxidable me remite a un trabajo de esfuerzo, erosivo. El acero grita, quema. En cambio, con la cerámica creo filamentos", explica Fernández en la cafetería de la Cárcel. La actual es su primera instalación y el resultado de un ejercicio artístico que fuerza la naturaleza de los materiales hasta límites poco explorados. "Intento siempre llevar al extremo la técnica. Me encuentro cómodo en lo que me imposibilita", reconoce. "Cuando introduzco las piezas al horno, la cerámica se contrae y se endurece al secarse y, en cambio, el acero se dilata y se vuelve superfrágil al sacarlo".
Estudió Bellas Artes en Madrid, pero se alejó del academicismo —al que ha vuelto con un máster en la Universidad del País Vasco, en Bilbao— tras un año sabático en Murcia. "Madrid se está convirtiendo en un entorno donde no hay espacio para producir y crear como estas exposiciones y es muy hermética". En sus raíces geográficas y sentimentales empezó a experimentar con uno de los materiales más antiguos de la historia.
El interés que tengo por lo ecológico me viene de mi experiencia en el huerto con mis abuelas
"El interés que tengo por lo ecológico me viene de mi experiencia en el huerto con mis abuelas. Sobre todo con la parte femenina de mi familia, que me ha animado a acercarme a un mundo de más calma y de contemplación con el ecosistema". Es la mirada que puede brotar de esta exposición. "Pero, sin forzarlo, si se da en el espectador, estupendo. Pero no busco imponerlo", admite.
Se considera un privilegiado por disponer del acero gracias al que desecha su padre en la empresa del metal que regenta. Un elemento muy caro para que los artistas experimenten con él.
Después de aquel año, se trasladó durante tres a Berlín. Buscaba el arte contemporáneo y lo encontró en una ciudad donde "la sociedad está educada con una sensibilidad que acerca el mundo del arte a diferentes sectores y no se queda estancado. Allí ves a familias de clases altas, medias y bajas reunidas para atender lo que sucede en un espacio. En España pasa, pero a menor escala", señala el joven artista.
El mundo de los hongos
La inspiración para Entresijos hacia una alianza la encontró en el mundo secreto y oculto de los hongos. "El mundo del micelio es aquel que conecta todo, que está debajo de nuestros pies. No le damos importancia porque pensamos que no existe, pero sostiene literalmente la vida en la Tierra".
La metáfora biológica para su obra artística la sustenta un trabajo transdisciplinar con científicos expertos y la lectura de filósofos, sociólogos y antropólogos que utilizan los hongos para cuestionar nuestra forma de vivir. "En la ciencia todo se puede sustentar desde la razón. Yo hablo desde la sensibilidad, desde el mundo del arte, que no tiene palabras para poder explicarse", relata mientras sus gestos anticipan lo que dice su cabeza. Su obra busca huir de la mirada egocéntrica, la del humano en el centro del universo y del arte.
Pascual Fernández consiguió en la universidad sacar filamentos de cerámica en una impresora 3D. Un poco más tarde, salieron las primeras máquinas al mercado. "Te das cuenta de que hay muchas personas en el mundo que pensamos de forma muy parecida y muy similar", se sorprende.
El trabajo que otros artistas cuelgan en redes lo ha inspirado y conectado con otros creadores en un nicho, el artístico, donde rara vez se comunican entre sí, inmersos en el exigente trabajo de sus talleres. "No te puedes enfrentar al mundo de la cerámica desde el desconocimiento. Hay como un conocimiento que se tiene que generar con el hacer, hacer y hacer", concluye Fernández.
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